
En una sociedad y cultura que siempre se ha caracterizado por venerar a la figura materna debido a que “el amor de una madre es incondicional”, resulta complicado aceptar, o siquiera ver, las grietas que existen en el apego de un hijo y una madre, principalmente si este vínculo ha sobrepasado los límites de la individualidad y crea un apego patológico proclive a conductas antisociales.
A días de celebrar en México el Día de las Madres, parece extraño adentrarse en las conductas disfuncionales del apego materno, sin embargo, el caso de Carolina Flores Gómez —la exreina de belleza que fue asesinada por su suegra en Polanco, Ciudad de México— pone sobre la mesa la necesidad de analizar los riesgos que se encuentran en un vínculo disfuncional entre madre e hijo, sobre todo cuando éstos desencadenan el homicidio de una mujer inocente.
¿Qué hay detrás del actuar posesivo de Erika María ‘N’ y los límites difusos en la relación con su hijo, para declararlo suyo y eliminar a la “competencia” femenina a sangre fría?
A través del psicoanálisis de Erich Neumann y de Raymond Saussure, con apoyo del contexto histórico-social mexicano, te explicaré la psicología que envuelve las conductas disfuncionales de las personas involucradas en este feminicidio en Polanco que ha conmocionado la Ciudad de México.
¿Complejo de Edipo al inverso? El ‘Complejo de Yocasta’ establece el vínculo posesivo materno hacia el hijo
El psicoanalista suizo, Raymond Saussure, alumno de Sigmund Freud y primer presidente de la Federación Psicoanalítica Europea, introdujo el Complejo de Yocasta en 1920 para explicar el apego excesivo de una madre hacia su hijo varón.
De acuerdo con el análisis de Saussure, este complejo —que actúa como la contraparte del Complejo de Edipo—, toma su nombre en el mismo mito griego, en el cual Yocasta se casa con su propio hijo sin saberlo. No obstante, en la lectura psicoanalítica, este término sirve para explicar la fijación materna posesiva e inconsciente donde la madre busca en su hijo varón el afecto que no tiene, a menudo presente en situaciones donde el padre está ausente.
Las mujeres que han experimentado el Complejo de Yocasta se caracterizan por proyectar en sus hijos una necesidad afectiva no resuelta, convirtiéndolos en compañeros emocionales e, incluso, sustitutos simbólicos de una pareja, rechazando la autonomía emocional del hijo y generando relaciones asfixiantes en las que exceden los límites de la vida que el descendiente trata de construir.
Uno de los casos contemporáneos comunes, podría verse en el conflicto de Brooklyn Beckham con su madre Victoria, quien alegó control parental excesivo y “falta de respeto” hacia su esposa; Victoria Beckham, por su parte, declaró sentirse “traicionada” debido a que siempre buscó protegerlo.
Esta situación es similar a miles de casos donde las nueras tienen que competir con la figura idealizada y dominante de su suegra, lo que a menudo quebranta la relación familiar e imposibilita una convivencia sana, sobre todo cuando la madre recurre a la manipulación del hijo para reafirmarse como la única figura “incondicional” en sus vidas, y por ello, tienen derecho sobre su autonomía, fácilmente visto en la declaración de Erika María ‘N’ tras asesinar a su nuera: “Tu familia es mía. Tú eres mío”.
La ‘Madre Devoradora’: análisis psicológico de la conducta de Erika María ‘N’
A lo largo de mi experiencia como psicóloga, la relación entre madre e hijo ha sido un tema constante y repleto de diversas vertientes a explorar y resolver, desde la infantilización psicológica del hombre que fue sobreprotegido hasta las conductas antisociales que el apego patológico materno propicia tanto en una parte como en otra.
E incluso tú, como lector y lectora, probablemente has sido testigo de los vínculos disfuncionales que se forman alrededor de una madre e hijo, si bien no siempre sencillos de identificar en la vida real, lo son en el cine o la literatura, teniendo por ejemplo a Norman Bates de Psicosis o Eddie Kaspbrak en el libro It, de Stephen King, donde el trato posesivo de sus madres influye directamente en el desarrollo psicosocial de cada uno.

Con dichos ejemplos en mente, te presento el arquetipo de la Madre Devoradora, desarrollado por Erich Neumann en 1955, alumno de Carl Jung y quien profundizó en este término en su obra La Gran Madre.
Según su definición, la Madre Devoradora es una mujer controladora, manipuladora y excesivamente posesiva que “castra emocionalmente” a sus hijos para evitar que sean independientes, devorando la autonomía del descendiente y compitiendo con cualquier mujer que se adentre a la narrativa.
Este arquetipo tiene diversas técnicas manipuladoras para mantener al hijo cerca, ya sea con acciones devaluadoras (“eres un bueno para nada, siempre tendré que cuidar de ti”) o de víctima, aquella que no entiende por qué el hijo se aleja si “he hecho todo por ti”. De esta forma, la madre reafirma su papel central en la vida del hijo, lo que desencadena límites difusos y dependencia extrema.
De acuerdo con testigos de la relación entre Carolina Flores Gómez y su suegra, Erika María ‘N’ la “menospreciaba” y “atacaba” continuamente al verla como una amenaza a su relación emocional con Alejandro ‘N’, su hijo y esposo de la modelol.
A la vez, este vínculo disfuncional extremo también sirve para explicar por qué Alejandro ‘N’ no reportó inmediatamente el asesinato de su esposa, argumentando que se quedó con el cuerpo para tratar de amamantar a la bebé de ambos; el evento traumático, mezclado a la dependencia materna que conoce, probablemente lo llevó a un estado disociativo en el que la función como madre de Carolina Flores aún debía cumplir el propósito de alimentar.
El contexto cultural y social latinoamericano en el apego patológico materno
Los conceptos psicológicos explicados anteriormente no son condiciones que aparecen mágicamente, sino que se tratan de vínculos disfuncionales que también son explicados desde la perspectiva social y cultural de una región, siendo Latinoamérica un punto clave para comprender este tipo de apego entre madres e hijos, especialmente tras un caso como el de Carolina Flores Gómez.
La mayor parte de las madres “controladoras” en América Latina no actúan por malicia, sino que en muchos casos se deriva de la cultura “patriarcal” con la que han sido nutridas, teniendo que sacar adelante a sus hijos en la ausencia del padre y, en el caso de los hijos varones o el hijo primogénito, criar al “próximo patriarca” de la casa, por lo que la posesividad aumenta.
No obstante, esto ocasiona que la identidad de estas mujeres esté íntimamente ligada y limitada a ser madres, sin conocerse ni permitirse explorar quiénes son fuera de ello, por lo que la separación de sus hijos se vuelve una amenaza a su estabilidad psicológica.
En la mayoría de los casos, resulta en una relación complicada y asfixiante que las nueras deben enfrentar; en otros casos, como el de Carolina Flores Gómez, las concecuencias son devastadoras.