
El aislamiento social que viven millones de familias desde hace tres semanas, a raíz de las medidas sanitarias declaradas por las autoridades sanitarias, ha obligado a sus integrantes a la reclusión en el hogar, ahora con un exceso de convivencia, cuando antes, por diversas actividades sociales y necesidades laborales, prácticamente era mínimo el tiempo que dedicaban a la convivencia familiar.
Patricia de la Fuente, directora de Servicios Educativos para el Desarrollo Infantil (SEDI), resaltó que el aislamiento social y la reclusión en el hogar puede representar para algunas personas más dificultades, máxime si no existía una convivencia previa.
“Podemos decir que ahora hay un ‘exceso’ de convivencia, cuando en realidad hemos vivido en los últimos años un problema muy importante por falta de convivencia”, y consideró que estas problemáticas son intrínsecas a una situación en la que no hubo una planeación y que no fue analizada, por lo que las personas no son capaces de ponderar las implicaciones de una decisión u otra.
En muchos casos, abundó, los integrantes de la familia “han tenido que pasar de ser extraños en sus casas a ser las únicas personas con las que interactúan cada día, ya que la convivencia es un problema que tiene diferentes facetas.
“Hemos llegado al extremo opuesto, que es mucha convivencia en un lugar confinado y que, además, si estamos hablando de niños pequeños, éstos tienen requerimientos físicos, de espacios donde puedan sentirse libres, atendidos, no ignorados por padres que deben continuar haciendo home office”, puntualizó.
“A este reto de la ‘sobreconvivencia’ se agrega el hecho de la obligatoriedad, es decir, tener que permanecer en un mismo lugar, sin opciones para encontrar ese balance a través de otras actividades que sean complementarias o alternativas; en consecuencia, las personas se sienten privadas de su libertad de elección, y al estar en una situación como la actual, las personas suelen entrar en estado de ansiedad e inquietud porque no pueden decidir, al enfrentar una situación impuesta por un tercero “y eso, genera tensión”.
En este sentido, la maestra en Psicología por la UNAM, Ana María Castanedo Robles, subrayó que el confinamiento fue tan rápido que no hubo tiempo de “una condensación de espacio” y al quedar todos confinados en casa, también llevó a que los roles de cada persona se están dando en un mismo lugar, es decir: “antes era alumna en mi escuela, empleada en mi trabajo y mamá en casa”, explica la especialista en psicología; “y ahora todo se da en uno solo”.
Ante este panorama, Maribel Medina, licenciada en Psicología por la UNAM, precisó que cada miembro de la familia vive la situación de manera diferente, por lo cual, no sólo niños y adolescentes requieren apoyo, sino también los adultos, especialmente si son padres.
Al no poder expresar las emociones, eso puede generar mayor ansiedad en las personas ante cuestiones como no saber cómo responder a las preguntas de los niños o cómo lidiar con los adolescentes que tenemos en casa, por lo que la gente debe procurarse sus propios espacios para hablar y liberar las emociones, así como crear espacios de contención, como son nuevas rutinas que permitan estructurar la cotidianeidad al interior de los hogares.
Debido a la situación actual, y el desconocimiento de cuándo terminará el confinamiento, las especialistas recomiendan reestructurar la convivencia con una rutina y reglas mínimas de coexistencia y que los padres o adultos sin hijos, creen nuevas rutinas, horarios, donde haya responsabilidades, con un reparto balanceado de las tareas del hogar, establecer horas fijas para las comidas y buscar un equilibrio de coexistencia”, recomiendan.
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