
La expansión mundial de el COVID-19 podría requerir la imposición de medidas de contención más duras y prolongadas, medidas que pueden llevar a un mayor endurecimiento de las condiciones financieras mundiales si resultan en una desaceleración más grave y duradera. Tal endurecimiento puede, a su vez, exponer las vulnerabilidades financieras que se han desarrollado en los últimos años en un entorno de tasas de interés extremadamente bajas. Esto agravaría aún más el shock del COVID-19. Por ejemplo, los gestores de activos que se enfrentan a grandes reembolsos podrían verse obligados a vender en mercados bajistas, lo que intensificaría las caídas de los precios. Además, los inversionistas apalancados podrían hacer frente a nuevas reposiciones de márgenes de garantía y verse obligados a liquidar sus carteras; dicho desapalancamiento financiero puede agravar las presiones de venta.
A medida que las empresas se encuentren en dificultades y las tasas de incumplimiento aumenten, los mercados de crédito pueden sufrir una frenada brusca de la entrada de capitales, sobre todo en segmentos riesgosos como los mercados de alta rentabilidad, préstamos apalancados y deuda privada. Estos mercados se han expandido con rapidez desde la crisis financier mundial, alcanzando los USD 9 billones a nivel mundial, mientras que la calidad crediticia de los prestatarios, las normas de concesión de préstamos y las protecciones de los inversionistas se han debilitado. Desde principios de marzo, los diferenciales de los bonos de alta rentabilidad se han disparado a pesar de las recientes disminuciones, en particular en los sectores más afectados por la pandemia, como los viajes aéreos y la energía. Del mismo modo, los precios de los préstamos apalancados han caído con fuerza: aproximadamente la mitad de lo que cayeron durante la crisis financiera mundial en un momento dado. Como resultado, las agencias de calificación han revisado al alza sus previsiones de incumplimiento de grado especulativo hasta niveles de recesión, y los incumplimientos implícitos en el mercado también han aumentado con fuerza.
Los bancos tienen más capital y liquidez que en el pasado y, en los últimos años, han sido sometidos a pruebas de tensión y a un mayor control por parte de los supervisores, lo que los coloca en una mejor posición que en el inicio de la crisis financiera mundial. Además, la importante actuación coordinada por parte de los bancos centrales para inyectar liquidez a los bancos de muchas economías también debería contribuir a mitigar las posibles tensiones de liquidez.
@DrLuisDavidFer
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