
En el 2010, el dramaturgo iraní Nassim Soleimanpour escribió la obra Conejo blanco, conejo rojo, nombre que surge de una historia familiar. Sin embargo, no se trata de una puesta en escena a la que se pueda estar acostumbrado, ya que ni tiene director ni tiene ensayo, es un ejercicio de improvisación a partir de una lectura dramatizada.
Las reglas son muy sencillas: Cada función un actor diferente se presenta al teatro sin saber de qué trata la obra. Al subir al escenario sólo hay una mesa, una escalera, dos vasos de agua y segundos antes de comenzar se le entrega un sobre cerrado con las instrucciones sobre lo que hará. El actor tiene que obedecer lo que dice el contenido del sobre, mientras que el público hace un pacto con la obra de no revelar lo que ocurrirá.
El motivo por lo que tiene esta dinámica se debe a una situación social. El autor Nassim Soleimanpour la escribió debido a que le tienen prohibido salir de Irán, por negarse a hacer el servicio militar. Se encargó de crear un texto capaz de representarlo. En cada función donde se presenta se debe dejar un asiento vacío como símbolo de la presencia del autor, quien afirma que nunca ha visto montada su obra.
Hace unos meses la obra llegó a la Ciudad de México después de presentarse en 15 países alrededor del mundo, incluidas ciudades elite como Nueva York y Londres. La obra se presenta en La Teatrería de la colonia Roma, producida por José Manuel López Velarde, desde junio cuando arrancó temporada con Irene Azuela. Después de ella desfilaron otras personalidades como Cecilia Suárez, Luis Gerardo Méndez, Diana Bracho y Bruno Bichir, entre otras.
La más reciente función contó con la participación de la actriz y cantante Cecilia Toussaint, quien habló de su experiencia en la obra, en entrevista con Crónica: “No te da tiempo de reflexionar la obra. El tiempo se convierte en otra cosa. Habla sobre el valor de ser humano. Del aprender a valorar la importancia que tiene ser parte de un colectivo, de una sociedad”, dijo.
“Creo que el autor hizo esta obra por una necesidad de poder comunicarse con el exterior y de decir y cuestionarse que está pasando con este planeta (…) La obra me trajo recuerdos de muchas cosas. Hubo momentos en que se me hizo un nudo en la garganta, enfatizó la actriz.
Los temas que aborda la obra (de los que no se puede hablar, debido a un trato de confidencialidad) llevó a la actriz a reflexionar sobre algunos temas de la actualidad, “he pensado estas últimas semanas sobre el internet y las redes y me inquieta mucho lo que sucede ahí, me impacta ver que la gente tiene tanta rabia y cómo se vuelca a agredir todo, eso me parece algo fuerte. Puedes estar de acuerdo o en desacuerdo con lo que sea, pero las expresiones de odio son tan agresivas que da miedo. Sin decirlo, la obra te hace pensar en eso”, destacó.
Finalmente, la actriz también habló sobre el reto actoral al que se enfrentó al no haber tenido la oportunidad de ensayar la obra, “la obra te pone tan vulnerable y te lleva al límite. Pero también te desafía a enfrentar tus miedos, creo que es importante verlo así por las circunstancias en las que está nuestro país, con la enorme cantidad de violencia, de desaparecidos y de sangre (…) La obra me hizo sentir vulnerable como le puede ocurrir a todos en esta ciudad en el momento en el que atraviesas la puerta de tu casa, todos los días”, concluyó.
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