
El lenguaje verbal es lo menos importante para la obra teatral El Coro, codirigida por Romanni Villicaña y Ariana Candela. La intención de esta puesta en escena es resaltar la situación actual a la que se enfrentan comunidades y tribus para conservar su identidad y sus creencias.
A través de la danza, la música y un escenario poco común, es como el espectador puede comprender la vida cotidiana de una tribu, donde se muestra que al igual que en las distintas sociedades actuales, eligen a sus propios líderes o gobernantes, quienes a través de su ambición o vocación son capaces de destruir o construir una mejor sociedad.
Conforme se desarrolla la obra se puede observar cómo entre los descendientes existe la intención de mantener el poder, y las consecuencias de ello derivan del mal ejercicio del rol que ocupan dentro de la comunidad, finalmente los líderes han llevado al desastre a los pueblos.
El Coro es una analogía de las sociedades modernas y su nivel de vulnerabilidad producto del manejo inadecuado del poder por parte de sus respectivos gobernantes, quienes a través de dobles discursos han conseguido constituir regímenes autoritarios. La obra fue escrita en 2015, pero fue hasta un año después que la pieza se estrenó en el Teatro Universitario de la UNAM.
En entrevista con Crónica, el actor y productor Iván Caldera declaró que a través del montaje se busca proyectar cuál es la tragedia de los pueblos actuales, por qué pasó el suceso de los 43 normalistas, así como mostrar los porqué de la violencia y la corrupción: “nosotros elegimos a los gobernantes y es importante conocer en qué momento fracasamos como sociedad”, enfatizó.
El elenco es integrado por José Covián, quien alterna con Iván Caldera Álvarez, en la puesta también participan Saidde, Romanni Villicaña, Ariana Candela, Xóchitl Franco, Daniela Luque, Oscar Serrano,Omar Silva y Luis Javier Morales, quienes se aventuran a un viaje narrador a través del lenguaje corporal y romper con los diálogos verbales y zonas comunes del teatro. “Todos salen de lo cotidiano, inventamos fonemas que todo mundo pudiera entender”, aseguró.
La obra ha tenido éxito a nivel internacional, hasta llegar a diferentes países como Marruecos y Egipto. “El público entiende el mensaje por los movimientos corporales, la danza y la música”, indicó. Así, universalizan el mensaje y logran entregarlo con éxito bajo cualquier contexto social y político de las distintas regiones que han visitado con la puesta en escena.
El vestuario corrió a cargo de María Vergara, quien se basó en tribus africanas, amazónicas y en la propia naturaleza para su confección. Conforme se desarrolla la pieza, el vestuario se degrada. “Todo inicia con una vestimenta formal, como un saco, hasta deformarse en lo más tribal”, detalló.
El escenario circular se encuentra delimitado por media tonelada de tierra distribuida al centro del foro, en la que los ocho actores desarrollan la obra, la intención es obtener una interacción más cercana e íntima con el espectador: “Encontrarnos con un escenario que no es común provoca una mejor interacción con el público”, destacó.
El actor explicó: “Nos interesa mucho esta relación que tiene la gente al inicio de la obra, pues al entrar al círculo de tierra, de inmediato se conectan a otro espacio. Cada actor hace su propia construcción de personaje, ya como equipo, como tribu, lo que nos interesa es trasmitir qué sucede en una comunidad”.
Ariana Candela es la encargada de la musicalización, todas las composiciones están basadas en cantos africanos que remiten al nacimiento, a la muerte y a la unión de las comunidades.
Las referencias musicales las obtuvieron gracias a un estudio arduo que realizaron a partir de las comunidades africanas, amazónicas y hawaianas, de las cuales aún existen tribus y pueblos originarios que conservan la esencia de sus culturas. “A partir de ahí fue como se construyó el lenguaje musical de la obra. Luego nos apropiamos sonidos de nuestra realidad actual”, dijo Iván Caldera.
Los actores utilizan como maquillaje tintura de color blanco que remite al pasado, a aquellos diseños únicos que se elaboraban en sus rostros, “se dibujaban líneas o puntuaciones, que acentuaban la cobertura de la cara o el perfilado de la nariz”, describió. Sin embargo, la misma tierra también forma parte de ese maquillaje, “en algún momento, con el sudor de los actores y el propio desarrollo de la obra, la tierra cubre el cuerpo de los protagonistas”, agregó.
El Coro se ha hecho acreedora al premio de Mejor Obra en el First Cairo International Gathering for University Theatre en Egipto, así como en el Festival Internacional de Escuelas Superiores de Arte Dramático en Rabat, Marruecos. La puesta también ganó el Festival Internacional de Teatro Universitario en su edición 2016.
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