
Miriam Martínez Magaña tiene 26 años, nació en Morelia y vuela un Texan de la Fuerza Aérea Mexicana. Desde su más de 1.85 de estatura, uniformada y con su apellido materno al frente, se presenta como Teniente de Fuerza Aérea, Piloto Aviador. No tiene antecedentes militares en su familia, aun así, “cuando estaba muy pequeña vi un desfile donde había aeronaves de la Fuerza Aérea y desde allí no se me quitó la idea de llegar a ser piloto”. Ahora ella es la que participa en los desfiles.
–¿Qué te dijeron cuando comentaste que querías ser piloto y además en la milicia?
–Al principio, de pequeña, pensaron que era una idea se me iba a pasar, pero no se me pasó, ¡Aquí estoy!
“No hay manera, no hay palabras para describir lo que siento al volar, desde mi primer vuelo hasta los que hago hoy en día, es un conjunto de cosas, desde perseguir un sueño hasta estar haciendo lo que me gusta y proteger a mi país… es un conjunto de cosas y no hay manera de describirlo con palabras”, indica.
Pero si tiene palabra para las jovencitas que, como ella en su momento, tengan anidada la idea de ser piloto o de ser piloto aviador militar: “no deben detenerse por prejuicio que aún existen, independientemente de la carrera que quieran elegir, como aquellas que siempre han sido marcadas como propias del sexo masculino. Eso se debe dejar al lado y solas pueden salir adelante”.
“¿Qué me dejó la formación militar?”, pregunta retóricamente cuando se pide que hable sobre su desarrollo personal, como mujer; “la formación castrense te hace ver que no tienes límites, llevas tu vida con disciplina y tener un equilibrio entre lo que es tu familia y lo que es tu profesión. E mi caso, soy madre, tener ese equilibrio es lo que me quedo de la vida militar. Como madre, como militar y como piloto, siempre busco un equilibrio, sin descuidar esa parte en la que está nuestra familia”.
La joven, espigada y alegre, bromea a pesar de que viene de jornadas de trabajo que evidentemente la han agotado. “Yo quería volar los aviones”, recuerda de sus tiempos de la escuela de aviación militar, “había tres, el primero era de reconocimiento, la transición hacia la aviación militar; el segundo aparato es el de acrobacias y formación y el tercero es el PC7, un avión táctico, en el que se trabajó todo lo visto y se emplea ya con tiro, ya es una aviación militar”.
“El Texan era un avión que siempre me había llamado mucho la atención, volarlo ya con la responsabilidad de oficial es poner a prueba todos tus conocimientos y las habilidades adquiridas. Es donde te das cuenta que de verdad eres una piloto aviador militar”.
De su generación, Miriam es la única piloto aviador militar que llegó hasta este punto, el de ser un activo de la milicia mexicana.
Cuando se le pregunta sobre cómo se imagina que podría ser un mundo más justo en cuestiones de género, comenta que ya está pasando, que esto está cambiando, aunque esto no pueda darse de un día para otro.
Su institución, señala, es una prueba: “La Secretaría de la Defensa lleva tiempo buscando esa igualdad”.
Habla de los centros de desarrollo infantil para que los hijos de las y los militares estén en buenas, manos, pero también de la integración de más mujeres a las fuerzas activas de defensa del país:
“Más mujeres se van a acercar”, indica sobre el número aún pequeño de mujeres en la milicia, “se va informando, existía desinformación, y a las jóvenes a que se acerquen a este tipo de carreras y a las fuerzas armadas. Va a llegar el momento en el que una generación de las fuerzas armadas ya no van a ser una mujer y 49 hombres, sino 25 y 25. Lo que me ha tocado vivir en la Fuerza Aérea Mexicana, me dice que vamos por buen camino”.
–¿Fue una buena decisión la que tomó aquella niña mirando pasar aviones en un desfile?
–¡Claro que sí!
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