
Uno de los mejores frutos de los viajes es, sin duda, conocer a personas extraordinarias. En mis frecuentes viajes de estudio a México, pude ver ciertos cambios; lo que nunca variaba era la noble figura de don Lorenzo, inquieta pero siempre serena, comprometida a fondo con cualquier causa relacionada con el bien de los demás, atenta por igual a la buena marcha de la vida diaria y al planteamiento profundo de las grandes cuestiones.
Dentro de la agitación de la vida empresarial, encontró tiempo para meditar en la influencia de los medios sociales sobre la calidad moral de los ciudadanos y no se ahorró ningún esfuerzo para aunar a numerosos empresarios en la defensa de ciertos principios decisivos. De ahí su sensibilidad para cuanto significa un antídoto contra la manipulación de las gentes a través del lenguaje. Mi primera publicación en México fue, precisamente, un libro sobre este tema que él me encargó.
Su labor social más espectacular fue, sin duda, la creación de la gran panificadora internacional Bimbo, y, cuando se lee despacio el libro de su hermano y colaborador Roberto (Estrategia del éxito empresarial, Pearson Educación de México, México 2003), se observa que tal empresa la concibió como una proyección empresarial de la doctrina social de la Iglesia, orientada decididamente en favor de la dignidad de los trabajadores de todos los niveles. Es delicioso observar con qué sensatez y delicadeza han sabido establecer en su empresa el ritmo justo con que puede concederse a los empleados cierto grado de autonomía y cogestión, en la conciencia de que “la alta calidad ética favorece la competitividad de la empresa”.
Esta actitud se traslucía ya en su opinión de que el éxito del empresariado japonés se debe, sobre todo, al respeto a las personas. «Se les permite participar, y ellas se entregan con toda el alma. Piensan que su empresa es un lugar que deben cuidar, por ser parte de ellas mismas. Sin duda, lo más importante de este milagro es que, en vez de usar a las personas, las involucran».
A esta “filosofía de la empresa” se debe que los hermanos Servitje hayan concedido gran importancia a la formación de líderes, entendidos como personas que ponen sus cualidades intelectuales, sentimentales y volitivas, así como sus destrezas de todo orden, al servicio del bien común. «La legitimación de la autoridad es la voluntad de servicio, pues el líder nace para servir, y quien no vive para servir no sirve para vivir». El logro de la excelencia exige realizar las transformaciones necesarias para mantener, en situaciones diversas, un nivel de alta calidad. Realizar con prudencia tales cambios exige una formación sólida, no sólo intelectual sino volitiva y emocional. «Debemos entender primero nuestro sistema educativo y después apoyar con toda nuestra fuerza su mejoramiento constante. Trabajemos firmemente para que la educación no sólo imparta conocimientos sino que inculque también valores espirituales y principios morales».
Este cultivo de la formación y la participación de los trabajadores fue decisivo en el despegue espectacular del grupo Bimbo en diversas naciones. Los trabajadores del nuevo Bimbo instalado en Guatemala hicieron este público reconocimiento: «Nunca nos habían hablado así, nunca nos habían tomado en cuenta así, nunca nos habían respetado así».
La ejemplar labor como empresario y mecenas cultural realizada por Lorenzo Servitje responde a la intención de largo alcance que late en estas agudas observaciones de tres autores contemporáneos:
— «La próxima era en la dirección empresarial pertenece a quienes consideran el éxito en términos del mayor servicio posible al mayor número posible de personas» (C. Francis).
— «Hoy, quizá por primera vez, formamos parte del intento real de integrar dos sistemas de valores distintos: los que están orientados a ganarse la vida y los que van dirigidos a construir la vida» (R. A. Beck, presidente de la Prudencial Insurance).
— «Una política empresarial que no tenga en consideración las necesidades sociales de la comunidad y enfoque la actividad solamente bajo objetivos económicos está condenada al fracaso... La sociedad espera elevadas prestaciones económicas por parte de la empresa; sin embargo, al mismo tiempo incide en su responsabilidad social» (R. Welbergen, presidente de la Schell alemana).
Me resulta difícil hacerme a la idea de que México ya no cuenta con la figura señera de Don Lorenzo, la persona siempre atenta a cualquier propuesta de mejora, a toda iniciativa en favor de la calidad moral y empresarial de su pueblo. Nos queda el recurso de guardar memoria de lo que él significó y de cuanto quiso de grande y valioso para sus semejantes.
Lorenzo Servitje Sendra (1918-2017).
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