
Muchas mujeres han padecido sufrimiento innecesario, vergüenza y segregación por problemas del piso pélvico que se presentan en diferentes edades. Hoy comienza a solucionarse esto con investigaciones que demostraron la existencia de un conjunto de músculos estriados que funcionan como una faja de los órganos sexuales, urinarios y digestivos femeninos. Esto puede dañarse en diferentes etapas de la vida, por ejemplo, en el embarazo y parto, explicó a Crónica Margarita Martínez Gómez, investigadora del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.
La científica mexicana, nacida en Xalapa, Veracruz, hija de un comerciante y una profesora de primaria, ha realizado importantes estudios sobre la fisiología femenina que han ayudado a comprender que en la pelvis femenina hay músculos y nervios que no actúan al unísono, como se pensó durante siglos, sino que realizan un conjunto con interacciones diferidas. Además hoy se sabe que si los músculos estriados del piso pélvico se dañan, por diferentes causas, pueden provocar problemas que son comunes, pero se ocultan, como la incontinencia urinaria.
“Muchas mujeres viven, en silencio y con vergüenza, el problema de que no pueden contener la orina cuando se ríen mucho o tosen o incluso, en algunas ocasiones cuando bailan. Mi grupo de investigación y yo, además de hacer investigación en laboratorio, llevamos mucha de esta información a las comunidades de Tlaxcala a través de trabajo de vinculación con mujeres de diferentes edades y niveles educativos, en busca de despertar entres las niñas y las mujeres mayores el conocimiento de su cuerpo, la salud preventiva, el espíritu crítico y el pensamiento libre”, dice la doctora en Ciencias, quien trabaja en Tlaxcala, en la Unidad Foránea del Instituto de Investigaciones Biomédicas, que se ubica dentro de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.
FISIóLOGA SINGULAR. Mujer singular en muchos sentidos, la doctora Martínez Gómez fue madre por primera vez a los 49 años, de mellizos, hombre y mujer, que hoy tienen 12 años de edad. Antes tuvo un recorrido académico que inició con su licenciatura en Biología por la Universidad Veracruzana; la maestría en Biología de la Reproducción en la Universidad de Tlaxcala y el doctorado en Ciencias Fisiológicas en la UNAM. Ha realizado estancias de investigación en universidades e institutos de Estados Unidos, Canadá, Alemania, España, Hungría y Francia. Además, cuenta con un diplomado en Divulgación de la Ciencia por la UNAM.
“Desde muy joven me interesó mucho el estudio de la conducta humana porque tuve la fortuna de crecer en Xalapa, donde había una gran vida cultural, entonces leía, cantaba, bailaba y estaba en contacto con muchas expresiones humanistas. Sin embargo, me llamó más la atención el comportamiento sexual y reproductivo desde el punto de vista fisiológico. Primero me acerqué al estudio de la neurofiosiología de las funciones reproductivas femeninas, pero luego me di cuenta que hay todo un sistema asociado a la reproducción y la sexualidad que está en la pelvis y que había sido pobremente estudiado”, indica la científica integrante del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).
“Hoy todavía es poco entendida la fisiología del piso pélvico femenino porque es muy compleja, desde el punto de vista estructural y funcional”, indica la doctora, quien no sólo ha estudiado la fisiología sexual y reproductiva en seres humanos, pues sus experimentos en laboratorio han sido realizados con diferentes modelos animales, en particular mamíferos como gatas, ratas y conejas. Antes, realizó algunos estudios en campo con observaciones de macacos en las islas de Catemamo, Veracruz.
“Durante mucho tiempo los estudios de fisiología se realizaban con animales machos porque oías el argumento de que los modelos animales hembras eran difíciles de estudiar porque había muchas variaciones por las hormonas que modulan y regulan cambios de conducta y fisiología. Esto provocó que muchos resultados en machos fueran trasladados a hembras con malos resultados o efectos adversos. Hoy se realizan estudios con modelos animales machos y hembras”
Con sus estudios, la doctora Margarita Martínez aprendió que la cópula y el parto son reguladas por nervios que son como árboles muy profusos, dentro de la estructura pélvica y que actúan en el útero, la vagina y la parte perineal. Influyen en el sistema urinario, y el sistema intestinal, el recto, y en toda la caja pélvica, por lo que se puede decir que en la pelvis femenina, la regulación nerviosa es, en realidad, una orquestación de funciones.
“Nosotros encontramos, en mis tesis de maestría y doctorado, que había nervios que no nada más controlaban la función de la vagina sino que también mandaban ramas a la vejiga y a la uretra, pero sobre todo, mandaban ramas a una musculatura estriada, que es como una faja, que cubre a toda esta estructura y que es lo que llamamos piso pélvico. Esa estructura se ve afectada por diferentes factores, como el mismo hecho de la reproducción y la edad. Este deterioro lo estamos estudiando y encontrando formas de educar para su prevención y cuidado”, indicó.
La doctora Martínez Gómez subraya la importancia del trabajo en equipo para conseguir cualquier avance científico de valor. Actualmente trabaja como el principal eslabón de la relación académica entre la UNAM y la Universidad Autónoma de Tlaxcala, por ello es coordinadora de la Estación Científica La Malinche, donde trabajan investigadores de muchas disciplinas para conservación de recursos naturales y apoyo a las comunidades. Es fundadora y coordina el programa Los Tesoros de la Malinche que se imparte en comunidades rurales de Tlaxcala y fundadora de la Unidad de Atención Integral de la Mujer.
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