
La poesía, el mundo de la canción de autor y el de la música latinoamericana en general entonaron al unísono “Cuando un amigo se va” en despedida y homenaje a su autor, el intérprete argentino Alberto Cortez, fallecido a los 79 años de edad en un hospital de la capital española.
El también compositor de otros temas míticos de la música en español como “En un rincón del alma”, “Distancia” o “Callejero” ingresó de urgencia en el hospital HM Puerta del Sur, de Móstoles, el 27 de marzo y falleció a las 15:30 horas de ayer a consecuencia de unas úlceras gástricas cuya cura se complicó, informaron fuentes próximas al artista.
Pese a su edad y los múltiples achaques acumulados, Cortez no había abandonado su carrera. De hecho, según estas mismas fuentes, tenía compromisos en Puerto Rico, en República Dominicana y en México, tras concluir a finales de 2018 otra gira, y preparaba un nuevo disco con temas diferentes al que fue su último espectáculo, Boleros.
El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, señaló este jueves que el “continente está de duelo” por el fallecimiento del cantautor, “el cantor-poeta del amor en todas sus dimensiones: a la patria, a la pareja, al prójimo, a las causas justas, a la vida... un ejemplo de optimismo”, escribió el gobernante en su cuenta de Twitter.
También el expresidente Rafael Correa (2007-2017), amigo de Cortez, mostró su pesar en redes sociales por el deceso: “Cuando un amigo se va queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”, ha escrito también en Twitter.
“Canto porque no tengo otro remedio”, declaró hace sólo cinco años sobre su resistencia a la jubilación, en una entrevista en la que se tomó con humor el número de veces que la rumorología había acabado con él: “Son tantas las veces que me han matado que, ya ven, lo han hecho tan mal que aquí sigo muy vivo, y sin retirarme”. En los últimos años lo acompañaba sólo un pianista, el prestigioso Fernando Badía.
Cortez, que no tenía hijos y vivía desde hacía 40 años en la misma urbanización de Madrid, nació el 11 de marzo de 1940 bajo el nombre de José Alberto García Gallo, en Rancul, La Pampa, donde este jueves cuelga su bandera a media asta.
Según consta en La vida, biografía de más de 500 páginas escrita por Laura Etcheverry, compuso su primera canción a los 12 años, cuando descubrió el erotismo, “Un cigarrillo, la lluvia y tú”, y a los 20 tomó un barco rumbo a Europa tras los pasos de grandes maestros de la música popular, en especial de Jacques Brel.
En Europa fue también donde grabó su primer disco, Welcome to the Latin Club (1961), al que seguirían más de cuarenta trabajos en los que música y poesía se ligaron sin costuras, siguiendo su premisa de que la primera era la manera de acercar la segunda “al pueblo”... de donde nunca debió salir”, añadía.
Tras su paso por Bélgica, donde conoció a su esposa, la pintora belga Renée Gevaert, instaló su residencia en España, donde participó en el Festival de Palma de Mallorca con la canción “Me lo dijo Pérez” y donde en 1967 protagonizó un concierto sin micrófonos en el Teatro de la Zarzuela de Madrid que resultó fundamental en su carrera.
En los ochenta, consolidada su carrera musical, realizó diversas giras por Chile, Perú, Colombia, Venezuela, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México y EU, donde tuvo la oportunidad de cantar en el célebre Carnegie Hall de Nueva York.
En 1992 celebró sus 25 años como cantante con un concierto en el Teatro Colón de Buenos Aires y dos años después presentó un espectáculo con su amigo Facundo Cabral llamado Lo Cortez no quita lo Cabral, una puesta en escena que recorrió México, España y Argentina.
Cuatro discos llegó a grabar con este también filósofo argentino y su asesinato en Guatemala en 2011 representaría un duro impacto para él, como lo había sido el fallecimiento de su padre, en cuyo honor escribió “Cuando un amigo se va”, que se convirtió en pieza imprescindible de funerales y despedidas.
“Cantar, qué cosa tan sencilla, ¿verdad? —escribió Cortez en una ocasión— Cualquiera puede hacerlo, en cualquier momento y en cualquier lugar. Es verdad, cualquiera puede cantar, pero no cualquiera puede cantar bien”. Y es que cantar —y escribir— fue lo que Alberto Cortez hizo durante toda su vida.
Alberto Cortez, quien trabajó también con Mercedes Sosa y con Estela Raval, y que fue definido como “el cantor de las cosas simples”, recibió a lo largo de su carrera incontables permios.
Destacado miembro de la influyente generación de cantautores de finales de los años 60 y 70, amén de premio Grammy a la Excelencia artística en 2007, en su última etapa reprochaba a la industria discográfica que se desentendiera de “los viejos carrozas”.
Fue galardonado además con la Medalla de Plata en el New York Film Festival de Estados Unidos (1980), como “Cantante extranjero más popular” en Cuba (1982) y con la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en España.
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