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Y… ¿qué hago con mi viejito si ya no va a mejorar?

La decisión. ¿Cuándo decir “hasta aquí”?, eso hay que platicarlo con la familia, y lo más difícil de manejar es el apego. Hay que separar muy bien: hasta aquí si es por cariño; hasta aquí si es por amor; pero de aquí para acá es por el bien de ella o él, porque va a sufrir, va a ser duro…

Pareja de ancianos caminando en el parque
Pareja de ancianos caminando en el parque Pareja de ancianos caminando en el parque (La Crónica de Hoy)

La primera causa para que un adulto mayor deje de vivir en casa y sea conducido a una institución es la incontinencia, ni siquiera es la demencia, y eso es terrible, señala la doctora Lorena Velázquez, neuróloga y demencióloga, en entrevista con Crónica.

“Nadie te prepara para cuidar a un adulto mayor frágil, así como nadie te prepara para tener hijos, todo es sobre la marcha y tratando de normalizar situaciones para que él no se sienta vulnerable al depender de sus hijos para que lo cambien, lo limpien, lo atiendan. Ahí es donde se ve la gratitud hacia los padres, aunque llega a ser frustrante”,

Sobre el deterioro que comúnmente asociamos a la vejez, Velázquez comenta que la cuestión del deterioro cognitivo le toca a cada quien en diferentes ámbitos, muchas veces sí es la predisposición, pero la conjunción de factores ambientales, físicos y metabólicos es muy importante y hay cosas que no se pueden prevenir, aunque la prevención apuesta mucho por controlar factores de riesgo a través de la alimentación, actividad física, etc…”

Señala que cuando en la familia hay un paciente con cáncer uno piensa: “si me lo prestan seis años más, voy a aprovecharlo y voy a disfrutarlo”; pero después de esos 10 años el declive funcional es terrible y empiezas a considerar qué tan humano sería, si hubiera una recaída, enfrentarlo una vez más a esa situación. Para uno como familiar es muy difícil y más si es tu mamá, si dices “era jugador y parrandero”, es más fácil, pero con las mamás es superdifícil…

En la charla aparece el término “encarnizamiento terapéutico”, el cual es definido por la doctora Lorena como muy conflictivo con esta situación, pues el hacerle todo al paciente, hasta las últimas “implica encarnizamiento y noimplica que su pronóstico vaya a mejorar, porque se le puede retirar del ventilador, pero la insuficiencia cardiaca sigue y si un día se descompensa, vuelve a hacer edema pulmonar, qué se hace entonces ¿se entuba otra vez?, ¿qué vida es ésa?, ¿cómo la vives en terapia si el paciente no habla? En aras de hacer lo mejor por ellos a veces caemos en esto”.

Y agrega: “Hay panoramas que están muy claros. Por ejemplo una sobreviviente de dos cánceres ginecológicos, si tuviera un tercer cáncer y ella dijera que ya no quiere hacer nada, se le respetaría, porque la familia ha visto hasta dónde le afectó. Ese tipo de cosas son más fáciles de decidir. Pero si el paciente no tiene cáncer y sí una enfermedad renal crónica terminal, tiene hipertensión, tiene diabetes, lo que te preguntas es: ¿y si lo dejo de atender?, ¿cómo le va a ir? La calidad de vida de esos pacientes es difícil. Ahí hay otro tipo de situaciones que son mucho más difíciles a la hora de tomar decisiones”.

Y el paciente bien pudo haber especificado lo que no desea si cae enfermo. Se supone que existe esto de la eutanasia y el bien morir en el sistema de salud. El problema es que no hay un espacio legal, es revocable en el momento en que tú pierdes la capacidad de decidir. La ley se tiene que reescribir, porque si tu voluntad es ésa tus hijos no deberían poder revocarla, muchos doctores se oponen también porque les falta difundir esto, pero es una cuestión de humanidad.

—¿En qué momento se tiene que decir “hasta aquí”?

—Eso hay que platicarlo con la familia y lo más difícil de manejar es el apego y es que muchas medidas se toman en función del bien de la familia, el que se quede más tiempo, el que esté con nosotros… pero en el caso de los que sobreviven a un infarto cerebral y se les hace lo máximo porque mejoraste esa  situación, pero funcionalmente quedan muy mal y entonces dices “fue bueno para la familia porque está aquí y lo ven, pero él ya no, ni siquiera está conectado a lo que estamos haciendo…”, tienes que ver esa parte para tomar decisiones.

Yo creo que una buena respuesta sobre cuándo frenar es pensar que el beneficio real para el paciente ya no existe. Si el beneficio real es para la familia, párale porque no es a ella a la que le toca: le toca al paciente.

Esto es independiente de creencias, finalmente la religión aquí y en todos lados son reglas de convivencia, es un bien vivir. Ante los ojos de ninguna religión estaría bien prolongar una cuestión que impide que alguien viva bien. Ése es el mejor parámetro para saber parar las cosas a tiempo.

Finalmente, si ya se decidió frenar el esfuerzo terapéutico existen opciones para el final de la vida o sea acción paliativa, aunque son pocos lugares, como el Hospital General o el Instituto de Nutrición, en hospitales más pequeños, difícilmente…

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