
Erick Lira presionó al defensa sudafricano con ímpetu y pulcritud, provocando que perdiera el balón y que este le cayera a Julián Quiñones al borde del área. El exjugador del Atlas y del América, quien nació en Colombia pero hoy juega como mexicano, no se lo pensó dos veces y disparó con potencia entre las piernas del arquero sudafricano. El grito de gol retumbó en el tres veces mundialista Estadio Azteca-Banorte-Ciudad de México, y Quiñones celebró el primer gol del Mundial 2026 con el mismo baile que hizo Siphiwe Tshabalala para festejar la primera anotación del Mundial de Sudáfrica 2010, en aquella época en la que las vuvuzelas, y no los teléfonos celulares, invadían las gradas del estadio.
No muy lejos de ahí, la policía se enfrentaba con una manifestación del bloque negro que intentaba realizar “acciones directas” como forma de protesta. A su vez, manifestantes y periodistas ajenos a esas acciones fueron reprimidos por la policía. Para algunos usuarios de la redes sociales, estos hechos fueron el ejemplo más claro de que la ultraderecha trata de desestabilizar al país en plena justa mundialista (tal como afirmó el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva). Para otros, esto quedó todavía más claro cuando el empresario Ricardo Salinas Pliego (cuyo padre presidió el partido de ultraderecha, el Partido Nacionalista de México) asistió al estadio y participó en la transmisión del partido entre México y Sudáfrica de su televisora.
Según el gobierno de Claudia Sheinbaum, la ultraderecha está presente en todos los frentes. La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, explicó que era sospechoso que contingentes de madres buscadoras de Jalisco hubieran viajado para manifestarse en la Ciudad de México, así que investigará el caso. Esto después de que miles de personas que buscan a las 132 mil 534 personas desaparecidas que hay en el país, protestaron durante la madrugada sobre Calzada de Tlalpan. El secretario de Gobierno de la Ciudad de México, César Cravioto, quien días antes había bromeado sobre la imagen del ajolote difundida por el gobierno capitalino y sobre las críticas que esta había suscitado, intentó disuadir a los manifestantes. No lo consiguió y tuvo que abandonar el lugar entre gritos y empujones.

Los conflictos no impidieron que, a lo largo del día, se viera a familias enteras con la camiseta de la selección mexicana. Las encuestas muestran que existe poco interés por el Mundial, pero el día libre y un fenómeno tan popular como el futbol hicieron que el ánimo mundialista comenzara a abrirse paso. Un hombre que vendía queso a las afueras del Metro Nativitas preguntó a una familia a qué hora era el partido para, acto seguido, escandalizarse por el precio de los boletos: “¡50 mil! Lo que yo haría con eso”, expresó.
A pocos metros de esa conversación, integrantes de un contingente de la Coordinadora Nacional de Trabajadores del Estado (CNTE) comenzaron a pintar una pared del Metro, lo que provocó molestia entre varias personas que se encontraban en el lugar. “¡Está bien, pero por qué pintan!”, les gritó una mujer, mientras su acompañante les hacía una seña obscena. “Yo no tengo estudios, pero me pongo a jalar. Por mí, que chinguen a su madre los de Morena y ustedes”, gritó un señor que atendía un carrito de pan. En ese encuentro no apareció la ultraderecha; sólo había gente cansada y enojada por el desgobierno de las calles.
Un poco más lejos de ahí, colectivos estaban agotados por el día. Fueron detenidos mucho antes de acercarse al estadio. Eran algunos miembros de la CNTE que se habían retrasado, junto con protectores de animales, normalistas, el contingente verde y otros manifestantes. Al no poder avanzar más, colgaron lonas con consignas que sintetizaban la falta de apertura hacia la gente común en la justa mundialista. En ellas se leía: “Viva el futbol llanero. Anfitriones, pero no invitados”.

La presidenta Claudia Sheinbaum decidió que no iba a lidiar con esos ánimos incontrolables y no asistió a la inauguración en el Estadio Azteca-Banorte-Ciudad de México para evitar una rechifla. Los estadios, a diferencia de los mítines, no pueden controlarse y difícilmente pueden burocratizarse; ahí la masa le da la espalda a la ciudad y se vuelca sobre sí misma, o sobre alguien. Ni Díaz Ordaz ni Miguel de la Madrid pudieron escapar de ello, y por eso Sheinbaum prefirió no acercarse. Sin avisar dónde vería el partido, apareció de repente en el Fan Fest de la alcaldía Gustavo A. Madero, porque el del Zócalo fue un desastre debido al plantón que mantiene la CNTE.
Ahí, en un ambiente controlado, la presidenta gritó el gol de Raúl Jiménez, su primera anotación después de tres justas mundialistas. En el segundo tiempo, tras un gran centro de Roberto “el Piojo” Alvarado, Jiménez remató de cabeza para vencer al arquero sudafricano, que ya había sido figura hasta el momento. Su anotación dejó una fotografía muy ad hoc a nuestros tiempos: mientras Jiménez festejaba, un par de aficionados que lo tenían enfrente sostenían sus teléfonos, pero no para grabar al deportista, sino para registrar su propia reacción al gol. La masa le da la espalda a la ciudad, pero los individuos parecen estar encadenados a sus teléfonos.
Pese al marcador, el estadio no fue una fiesta. Incluso con dos jugadores más, debido a las expulsiones sufridas por el equipo sudafricano, la selección mexicana ya no volvió a acercarse con peligro al arco rival. Los cambios realizados por el Vasco Aguirre desordenaron al equipo y, en un contragolpe, quedó mal parado. César Montes cometió una falta en las inmediaciones del área que terminó en tarjeta roja. El encuentro concluyó 2-0, con la sensación de que se pudo hacer más y con las dudas de siempre: si no aprovechar el momento puede costarnos una eventual clasificación o impedirnos terminar como líderes del grupo.
Conforme se apagaba el ánimo del partido, comenzaron a verse sus estragos. Afuera del estadio quedaban restos del conflicto; en las calles, tímidamente, algunos automóviles tocaban el claxon para celebrar; otros se dirigieron al Ángel para festejar, mientras a sus espaldas seguían gritando consignas los colectivos de las madres buscadoras.
A ver qué narra Jalisco, el jueves 18 de junio, cuando la selección de México se enfrente contra Corea del Sur.