Opinión

La Fundación y los usos de la historia

Don Jorge Kahwagi Gastine expande su legado en el quehacer nacional. El Premio Crónica ya es una joven tradición y un referente para la comunidad cultural, científica y académica del país. Se creó en el año 2010 para mostrar que México es mucho más que las noticias diarias de tiroteos y masacrares; que eso, la violencia y la corrupción, no nos define.

Jorge Kahwagi Gastine, presidente de Grupo Crónica; Eduardo Matos, Javier Garciadiego y Carlos Martínez Assad

Jorge Kahwagi Gastine, presidente de Grupo Crónica; Eduardo Matos, Javier Garciadiego y Carlos Martínez Assad

Adrián Contreras

Se tomó entonces la decisión de darle un espacio en las primeras planas a los mexicanos de excepción que todos los días hacen aportaciones extraordinarias al país. La iniciativa cayó en terreno fértil. Las mexicanas y los mexicanos de excepción están entre nosotros, solo hacía falta una mirada diferente, una que privilegiara a los que generan y comparten conocimientos, a quienes están a la vanguardia mundial en las investigaciones y que se dan tiempo, con generosidad, de compartir lo que saben.

Pues bien, para institucionalizar el Premio Crónica y que su continuidad no dependa de la presencia física de una persona, don Jorge dio un paso más y creó la Fundación Premio Crónica que el pasado lunes 10 de abril arrancó con los mejores augurios gracias al conversatorio titulado “Reflexión Histórica, pasado y futuro de México” en el que participaron tres ganadores del Premio: el arqueólogo Eduardo Matos, el historiador Javier Garcíadiego y el sociólogo Carlos Martínez Assad.

Durante el conversatorio, a decir de la información de Crónica, el arqueólogo Matos Moctezuma dijo que es impresionante que en todos los países, por lo general, se pretende manipular la historia tratando de ajustarla a intereses de los poderosos y México no es la excepción. Matos puso a la llamada Guerra de los Huesos como ejemplo moderno de la manipulación y tergiversación de la historia.

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Narró que en 1946 se descubrieron los restos del conquistador español Hernán Cortés en la Iglesia de Jesús Nazareno, anexo en el Hospital de Jesús. Dos años después inició la historia de un fraude histórico: en Ixcateopan, Guerrero, se daba a conocer el supuesto hallazgo de los restos del tlatoani Cuauhtémoc. La historiadora Eulalia Guzmán registró el hallazgo en la Iglesia de Santa María Asunción, debajo del altar mayor. En el gobierno de Luis Echeverría, a sugerencia de Rubén Figueroa, se instauró una segunda comisión para ratificar que sí eran los huesos del último emperador Azteca y así hacer el contrapunto de los huesos de Cortés. A pesar la presión presidencial el fraude no prosperó porque los integrantes de la comisión privilegiaron la verdad a la grilla.

Los políticos siempre han intentado sacarle raja a la historia. Que el pasado acuda a echarles una manita para fortalecer su liderazgo, justificar sus decisiones y obtener, de ser posible, alguna rebanadita de la gloria que otros alcanzaron en épocas remotas. Siempre lo intentan aunque casi nunca lo consiguen. Aquellos que aspiran a ser estatuas de mármol que decoren plazas públicas, casi siempre terminan en imágenes decoloradas de una monografía escolar que ningún niño quiere leer.

El ejemplo del presidente López Obrador es un estudio de caso. Una vez que llegó con 30 millones de votos a la Presidencia de la República comenzó a fraguarse un lugar junto a los héroes de la patria. De hecho se fue a vivir a Palacio Nacional para estar a la altura de lo que él cree de sí mismo. Para su infortunio su sexenio se acerca a su final sin que haya señales de que tendrá un lugar en el altar de la patria. Nada de eso. Como están las cosas podría equiparse, si bien le va, a Plutarco Elías Calles que fue por algunos años jefe máximo. O sea que varios presidentes de la República le reportaban. El Maximato concluyó el día que el general Cárdenas resolvió mandatar a Plutarco al exilio. ¿Qué suerte correrá López Obrador?