
Pesadillas. Diciembre de 1994. El subcomandante Marcos emitió un comunicado dirigido a Ernesto Zedillo. “Bienvenido a la Pesadilla”, le dijo. En las postrimerías de ese mes estalló la crisis económico-financiera.
Agosto de 2006. Conferencia de prensa en el plantón ubicado frente a Palacio Nacional. Gerardo Fernández Noroña, vocero del PRD, declaró que el sueño de Felipe Calderón por gobernar se convertirá en una pesadilla.
Anunció que no dejarán gobernar al panista. Pronosticó que la crisis política nacional se agudizará.
También adelantó que el 1 de septiembre el presidente Fox sentiría “de qué tamaño estamos hechos todos”. El viernes, Fox no pudo leer su mensaje político en San Lázaro. Los perredistas cumplieron su cometido. Le habían planteado: “Lo entregas (el Informe) y te vas”. Quizá sólo fue una ocurrencia retórica. Quizá fue un acto de desagravio para Fidel Castro.
Ahora faltan sólo unas horas para que el Tribunal Electoral dé su veredicto final sobre la elección del 2 de julio. Y ya no está lejos el 1 de diciembre.
Instituciones. 1 de septiembre. Día de paradojas. De mensajes. De símbolos.
Faltaba poco para que Fox llegara a San Lázaro. López Obrador proponía desde el Zócalo: “¡Vamos a la Convención, porque vamos a tener un gobierno de la República! ¡Que se vayan al diablo con sus instituciones!”
El mensaje tenía diversos destinatarios. Entre ellos, los medios de comunicación del exterior. Durante la semana, varios de ellos publicaron editoriales alertando sobre los pasos de López Obrador.
Financial Times consideró peligrosa su decisión de crear un gobierno paralelo. Argumentó que el caos y la inestabilidad resultantes podrían socavar el progreso social y económico que el país ha logrado en años recientes.
Los Angeles Times equiparó la estrategia de AMLO con un golpe de Estado. Planteó que el tabasqueño y sus seguidores parecen querer llevar al país a una situación de ingobernabilidad.
Lluvia. Era un día lluvioso. Otro más. El convoy presidencial se dirigía velozmente a San Lázaro. Ahí donde se condensó la tensión generada por la confrontación de dos proyectos.
Ya no fue el día del presidente. Son lejanas las épocas en que integrantes del Estado Mayor Presidencial iban a las azoteas de los edificios con bolsas llenas de papel picado. Lo lanzaban al paso del vehículo descubierto del presidente en turno.
En el vestíbulo de San Lázaro, Fox intentaba sonreír. Sin embargo, su rostro no podía ocultar el desgaste que implica el ejercicio del poder. Estaba a unos pasos de la tribuna. No pudo entrar.
López Obrador también está a unos pasos de Palacio Nacional. Quizá tampoco entrará si el Tribunal Electoral ratifica el triunfo de Felipe Calderón.
Sin duda ambos entrarán a La Historia. Falta ver quién lo hará por la puerta principal. Y quién por la puerta de atrás.
Democracia. Las del viernes fueron escenas que no podíamos imaginar hasta hace unos años. Son producto de la apertura política. Pero ahora el país parecería estar atrapado por sus propios logros.
Los magistrados del TEPJF decidieron no ir al recinto. Fue una medida sensata después de la presión a la que los han sometido. Pero también fue sintomática de lo que ocurre: la fiesta de la democracia parece haberse transformado en miedo a la democracia. O cuando menos en una democracia vergonzante.
En el exterior predomina una percepción diferente. Diarios tan disímbolos como Los Angeles Times, El País y The New York Times elogiaron que tengamos instituciones electorales completamente independientes.
Hubo otra coincidencia entre los diarios de EU: sugirieron que el PRD, y la izquierda en general, deberían deslindarse de la estrategia de López Obrador. Los Angeles Times fue más específico: planteó que Cuauhtémoc Cárdenas debería pronunciar un “¡Ya basta!” y conminar a que se respete el resultado de la elección.
Perredistas. Se apropiaron rápidamente de la tribuna de San Lázaro. Pronunciaron diferentes consignas. No podía faltar el “voto por voto, casilla por casilla”.
Sonaba extraño, porque ellos llegaron a sus curules y a sus escaños vía el sufragio. Y estaban ahí porque desoyeron la propuesta de Ricardo Monreal de no asumir sus cargos. Finalmente, el zacatecano también desistió de su idea inicial.
Se cerró la sesión. Del salón comenzaron a salir los legisladores de otros partidos. También los invitados. Entre ellos estaba una representación numerosa del Ejército.
Los perredistas siguieron ahí. Tardaron en bajar. Se quedaron con la tribuna tomada. Y con su aislamiento.
Por la noche, Javier González Garza y Eduardo Navarrete, coordinadores de los diputados y los senadores del PRD, respectivamente, participaron en una mesa de debate organizada por Joaquín López Dóriga, en Televisa.
Defendieron su acción en San Lázaro. También la frase de AMLO: “¡Que se vayan al diablo con sus instituciones!”
Fox. Más paradojas y contrastes.
El mismo 1 de septiembre, diarios como Reforma y El Universal combinaron informativamente en sus primeras planas resultados de encuestas favorables a Fox con fotografías sobre la irrupción de grupos armados en Oaxaca.
El día terminó igual: con evaluaciones divergentes acerca de quién fue el ganador de la partida.
Desde el exterior, Le Monde consideró que la toma de San Lázaro podría revertírsele a López Obrador: en un país donde la figura presidencial “es sacrosanta”, la gente podría reprocharle al tabasqueño su audacia.
Y entrevistado por Patrick Harrington, de Bloomberg, Armand Peschard-Sverdrup, del Center for Strategic and International Studies, opinó que la obstrucción del mensaje presidencial representa una radicalización del PRD y erosionará el apoyo para sus protestas.
Diván. Monitor MVS. Tarde-noche del 1 de septiembre. José Gutiérrez Vivó recibió información de sus reporteros acerca de que grupos afines al PRD intentaban derribar las vallas levantadas por la policía para impedir el paso hacia San Lázaro.
Al día siguiente, Diario Monitor publicó una foto panorámica de ½ plana en la que se ve a unos cuantos ciudadanos frente a las vallas y, en contraste, un amplio dispositivo policiaco.
En el pie de foto se leía: “Cerco inútil. El tamaño del dispositivo de seguridad policial y militar desplegado en los alrededores de San Lázaro demostró ser totalmente innecesario. López Obrador y sus huestes se quedaron en el Zócalo”.
El autor es socio fundador de
Consultores en Investigación y Análisis de Medios, S.C.
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