Cronomicón

Habitar el Silencio: una exposición que reflexiona sobre la soledad y la creación artística

El Museo de Arte de la Secretaría de Cultura de Guadalajara (MEG) alberga durante este verano la exposición Habitar el Silencio, una colaboración entre las artistas visuales Lucía Ramírez y Jessy Zamora. El proyecto, que reúne más de treinta piezas entre pintura, gráfica e instalaciones, propone una experiencia inmersiva donde la melancolía, la introspección y el lenguaje plástico se entretejen en un discurso común.

Obra de Lucia Torres

De Blanco, Pálido, Negro a Habitar el Silencio

El germen de esta exposición surgió de un proyecto anterior titulado Blanco, Pálido, Negro. Al ser seleccionado por el MEG, las artistas —con trayectorias propias pero sensibilidades afines— comenzaron a trazar una nueva ruta creativa. “Nos dimos cuenta que nuestras obras compartían cierta melancolía, una presencia constante del silencio y la soledad del taller, ese espacio donde una se encuentra consigo misma”, explican.

Ese silencio no es vacío, sino refugio. El título Habitar el Silencio hace alusión a ese lugar íntimo desde donde surge la creación. “Queríamos un nombre poético, que hablara de la soledad del artista, pero también de cualquier persona que se reencuentra en el silencio”..

Una colaboración entre contrastes

Aunque ambas artistas trabajan desde lugares distintos —literal y simbólicamente— encontraron una forma de diálogo profundo en esta exposición. GadGa, de trazo enérgico y expresionista, crea personajes que parecen sostener monólogos internos entre sombras y contrastes. Lucía, con un enfoque más impresionista, construye imágenes etéreas a partir de capas transparentes que se funden con la atmósfera.

Obra de Jessica GadGa

La exposición no se limita a muros. A sugerencia del curador Luis Fernando Herrera, decidieron salir del plano bidimensional y desarrollar cuatro instalaciones que articulan las salas con una narrativa común. “Luis nos empujó a ir más allá, a cuestionarnos, a no quedarnos en lo cómodo”, comentan.

Producción a dos voces

El proceso de creación fue intenso. Aunque el proyecto comenzó a gestarse en enero, el trabajo más acelerado inició en marzo tras la confirmación del MEG. Las obras fueron creadas ex profeso para la exposición, muchas de ellas desde talleres separados, valiéndose de la tecnología para mantener el diálogo constante. “Hicimos lluvia de ideas por WhatsApp, nos compartíamos avances, y luego nos reunimos para montar juntas las instalaciones”, cuentan.

Cada una preparó alrededor de quince piezas, y aunque el montaje final fue curado por el equipo del museo, las artistas definieron la ubicación de las instalaciones, buscando que cada sala tuviera un punto focal que uniera sus lenguajes.

Un éxito desde la inauguración

La exposición fue inaugurada con gran afluencia: entre 300 y 350 personas asistieron al evento. “No dejaba de llegar gente. Literal, cerraron antes de lo previsto porque ya no podían ingresar más”, relatan con emoción.

Obra de Jessica GadGa

A lo largo de su estancia en el museo —durará al menos dos meses como exposición de verano—, Habitar el Silencio ofrecerá además un programa de actividades paralelas que incluirá talleres, conferencias, charlas y visitas guiadas. Aunque aún no se publica oficialmente, estas actividades comenzarán en agosto.

Obras a la venta y catálogo en puerta

Si bien las obras están exhibidas en un espacio estatal donde no se permite la venta directa, las artistas confirmaron que las piezas están disponibles para adquisición a través de contacto personal. También se encuentran en proceso de creación de un catálogo que documente el proyecto.

Obra de Lucia Torres

El arte como espejo del mundo interior

Al ser cuestionadas sobre qué solo puede expresar la pintura, coinciden en que más que una superioridad técnica, lo fundamental es la necesidad personal. “La pintura te permite recrear tu mundo interno, manipularlo, contenerlo o expandirlo. Es un vehículo para decir lo que a veces no se puede con palabras”, afirman.

A pesar de sus diferencias estilísticas, tanto GadGa como Lucía comparten un impulso común: el deseo de hacer visible lo invisible, de transformar el silencio en imagen, y de invitar al espectador a habitar, aunque sea por unos minutos, ese mismo silencio creativo.

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