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¿Qué está pasando en Irán? ¿Nuevas manifestaciones o el comienzo de un cambio de régimen?

Las redes sociales encendieron las alarmas. Por Instagram, YouTube, Facebook… los algoritmos no dejaban de enviar videos sensacionalistas de las manifestaciones en el país de los ayatolás.

Las protestas en Irán

Las imágenes sorprendían: miles de jóvenes, nuevamente la Generación Z, tomaban las calles, desbordaban a las fuerzas del orden, desafiaban las prohibiciones y gritaban consignas en contra del régimen.

Sin miedo a las represalias, la desnudez femenina islámica —mujeres sin velo, con el cabello suelto y pantalones— hacía de sus danzas callejeras un arma de protesta.

No es fácil comprender la complejidad social, religiosa y cultural de Irán. Se trata de una teocracia, no de una dictadura de izquierda como Corea del Norte o Cuba, en la que gozan de poder e influencia ciertas oligarquías, sobre todo de comerciantes, como los del Bazar de Teherán. En el Bazar inició la revuelta y de ahí se propagó a las universidades; la secundaron con entusiasmo los estudiantes, los centennials.

La “bomba estalló” el 28 de diciembre, con la huelga de comerciantes de Teherán, a la que pronto se sumaron los universitarios. El descontento lo generó la precariedad económica. Este rico país petrolero experimenta una de sus peores crisis económicas. Desde la capital iraní, las protestas pronto se replicaron en otras ciudades medias de este extenso país de 90 millones de habitantes.

Las protestas en Irán

El razonamiento sin fisuras de la multitud se condensó en una consigna reveladora: ¿cómo puede un país en crisis financiar a grupos como los hutíes de Yemen o a Hamás en Palestina? La pretensión de ser una potencia regional resulta demasiado onerosa para el pueblo iraní; así lo entiende esta marea de descontento. Primero salvar al país antes que cumplir la elevada meta de propagar el fundamentalismo islámico chiita.

Irán padece una pobreza generalizada. No hay clase social exenta. Los comerciantes sufren la depreciación de la moneda, que reduce drásticamente las utilidades por productos importados. El hombre y la mujer de a pie han visto aumentar los precios de la canasta básica; la inflación se estima en un 52 % anual. “Primero comer que ser islámico”. Con hambre, la lealtad religiosa y política se desmoronan.

El líder espiritual de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, ha resentido este viraje de lealtades. Un sector importante de la población iraní, sobre todo los jóvenes, lo repudia y, sin reparar en respetos religiosos, exclaman en Teherán y en otras provincias: “¡Muerte al dictador!”.

Entre los inconformes hay quienes están hartos de los teócratas como Alí Jamenei y recurren a la memoria histórica, recordando los años de mayor libertad y bonanza cuando Irán era una monarquía. Por ello, entre los que protestan, algunos blanden el regio estandarte del león del antiguo régimen y gritan: “¡Esta es la última batalla, Pahlavi volverá!” o “Reza Shah, que tu alma descanse en paz”, en alusión a Reza Pahlavi, el último hijo del sha de Irán, exiliado en Estados Unidos, quien sigue aspirando al trono del país persa y del que también muchos de sus coterráneos desconfían por su cercanía no solo con los estadounidenses, sino también con los israelíes.

Las protestas en Irán

¿Qué tan dividida está la sociedad iraní? Así como las calles, desde diciembre del año pasado, estuvieron tomadas por los opositores al régimen, en estas primeras semanas de enero también miles de manifestantes llenaron la plaza Enghelab (Revolución), situada en el centro de Teherán, para hacer público su apoyo al gobierno.

Portando banderas de la República Islámica y pancartas de su líder, Alí Jamenei, así como del presidente Masoud Pezeshkian, los congregados elevaron consignas contra Israel y Estados Unidos.

Jamenei ha señalado a estos enemigos de Irán y de su régimen como los responsables de azuzar las manifestaciones. Y no faltarían las sospechas si recordamos que hace unos meses Irán midió músculo militar con Israel, vulnerando el Domo de Hierro con sus misiles hipersónicos. ¿Estará Tel Aviv tomando represalias? Solo podemos especular, pero no dar nada por sentado.

Mientras tanto, la diplomacia iraní lanza mensajes claros de no querer una confrontación militar con los enemigos externos del régimen e incluso ha dejado entrever su disposición a negociar con Estados Unidos una reducción de su programa nuclear. Por su parte, Donald Trump no ha desaprovechado la oportunidad para lanzar descortesías e intimidaciones al régimen de Teherán. Trump siendo Trump.

Con el pretexto de la represión a las manifestaciones ejercida por el régimen de los ayatolás, anunció el pasado lunes 12 de enero que aplicaría aranceles del 25 % a los países que hagan negocios con Irán. En ese mismo tenor, el Departamento de Estado instó a los ciudadanos estadounidenses residentes en la República Islámica a abandonar el país ante el clima de inestabilidad y motín social. Se estima que cerca de dos mil personas han muerto como resultado de los choques entre manifestantes y las fuerzas del orden.

Las protestas en Irán

Siendo aún más provocador y buscando apuntarse otro triunfo internacional, como en Venezuela, Trump hizo explícito su apoyo a los manifestantes en un mensaje difundido en su red social Truth. Los instó a tomar las instituciones y les hizo saber que “la ayuda está en camino. MIGA”, siglas de Make Iran Great Again (Hagamos a Irán grande de nuevo), una variación de su lema MAGA.

¿Resistirá el régimen de los ayatolás la presión interna o externa? No se sabe a ciencia cierta, pero el daño moral ya está hecho, sobre todo para los defensores de los radicalismos religiosos, como el fundamentalismo islámico chiita.

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