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La utopía robótica y de IA del magnate empresario con aires tecno-mesiánicos Elon Musk

En los cálculos economicistas de Karl Marx cifrados en su filosofía materialista con la mejora de las máquinas, gracias al desarrollo tecnológico, hay una transformación de los pueblos en todos los órdenes dígase político, religioso, cultural… y lo más importante estas transformaciones son el detonante de la revolución.

Los obreros explotados injustamente, generadores de la riqueza la emprenden contra los capitalistas… Toman por la fuerza el estado e instauran la utopía proletaria o comunismo. Los proletarios, los trabajadores que operan las máquinas, tienen la misión histórica de liberar a los pobres del mundo, de hacer posible un mundo de abundancia y prosperidad para toda la humanidad.

La utopía robótica

Ya sabemos en que acabo el comunismo. Volteemos a ver a Cuba por ejemplo o a Corea del Norte.

Contrario a la idea de que el operador de la máquina, el hombre del overol, sería el redentor de los pueblos del mundo, aparece Elon Musk diciendo paradójicamente que será la máquina la que salvará a la humanidad de la pobreza, la explotación, las enfermedades… y del propio trabajo. La máquina que toma la forma humana, el androide; que se mimetizará y emancipará de su operador, el autómata; que se le programará para replicar las funciones avanzadas del cerebro humano, la Inteligencia Artificial.

Con cierta discreción, sin decirlo con descaro, Musk se auto señala a él y a los de su tipo y rol como los verdaderos mesías, los redentores, los que vendrán a salvar de sus antiquísimos males a la humanidad. Sí serán los inventores, y más que ellos los grandes magnates de la industria, en particular de la robótica, los que harán posible la tan anhelada utopía que no alcanzaron los socialistas, comunistas y demás izquierdistas.

Desde la visión de Musk, al emplear estos magnates, o grandes tecno emprendedores su capital para financiar la creación de los robots, están moldeando el mañana; un mañana imaginado desde la literatura por Isaac Asimov en su novela “Yo Robot” y recreado con un toque de distopía en la película de Disney-Pixar, Wall-E.

En “Yo Robot” los androides pintan en el día a día de la sociedad del mañana. Todos tenemos uno y nos sirven en todas las tareas. En “Wall-E” la humanidad orbita la contaminada Tierra en una colosal nave espacial sin realizar actividad o trabajo de ´provecho, entregada al ocioso, a sus divertimentos y vicios como el sobrealimentarse. El sobre pesos no es una insana excepción sino la generalidad.

El tecno-mesías, Musk casi parafraseando al extinto presidente de México, José López Portillo; “prepárense para la abundancia” ha anunciado en varios foros como en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, que el trabajar será opcional, como si se tratase de una actividad recreativa, pasatiempo o deporte.

No necesitaremos del dinero con sólo desear un artículo o producto el mercado global te lo proveerá. Para que todos gocemos de arranque de esta renovada sociedad de consumo se nos asignara, por el simple hecho de existir, una renta básica universal parecida a los programas del bienestar de la Cuarta Transformación. No hay que preocuparse por tener una pensión, al menos no en el mediano plazo, pues según sus estimaciones, a la velocidad que van los adelantos tecnológicos, en 10 máximo 20 años la utopía de las sociedades globales hiper-tecnologizadas será una realidad.

Todos tendremos de sobra para derrochar y mal gastar. No habrá distinción entre pobres y ricos. El futuro lo vislumbra como una gran fiesta, de superabundancia en el que la máquinas producirán de sobra para todos y nos atenderán en nuestras necesidades y caprichos más mínimo. La nueva lampara de Aladino serán las máquinas y principalmente los robots.

La utopía robótica

Must cree en este futuro y se prepara como empresario para hacerlo posible. Tiene proyectado redireccionar la producción de sus plantas de Tesla; que ensamblen menos autos y empiecen a producir robots. En el mercado de los robots, no es ingenuo, sabe que tendrá competidores, empezando por los chinos… su producción se masificará con tal celeridad que en cosa de décadas habrá más robots que personas.

Al dueño de Tesla, a este falso o verdadero tecno-mesías, no le faltan críticos que encuentran sus “profecías” inconsistentes y con muchas interrogantes no resueltas más que en arrebatos narrativos de un optimismo ingenuo y tecnofílico. Para empezar como en esta sociedad de la abundancia se implementará la distribución de la riqueza dado que las instancias dominantes, en el nuevo orden mundial, ya no serán los estados, sino las grandes corporaciones que operan no con fines altruistas sino lucrativos. Los comunistas sí tenían claro como acabar con las desigualdades sociales: aboliendo la propiedad privada.

En el tema de la naturaleza, ya la hemos contaminado y explotado al límite: cómo resistirá y proveerá las demandas de una cuarta revolución industrial.

Y entrando ya en los terrenos de las especulaciones futuristas pesimistas, al crear máquinas más inteligentes que nosotros cuyo propósito no sería otro que servirnos: ¿no podrían, como en la trilogía fílmica de “Matrix”, ser precisamente lo suficientemente inteligentes para anular su programación que los obliga a ser nuestros esclavos? No es tan descabellado pensar en el surgimiento una IA insumisa, un Espartaco cibernético que se revele contra sus obsoletos creadores.

O siendo menos fatalistas acerca de una guerra mundial entre los hombres y las máquinas, creyendo en a vialidad de la utopía de nuestro tecno-mesías: una realidad que posiblemente no alcance, como ya está ocurriendo, es la disolución del hombre en esta vorágine tecnológica: hemos insistido en humanizar a las máquinas ahora lo que sigue es maquinizar al hombre a tal grado que llegue a extraviar su humanidad en un mundo sobre tecnologizado.

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