
Mi amiga Bertha es polifacética y además tiene muchas cualidades, eso dicen. Un día me platicó que sus premoniciones, era común que se cumplieran. Tiene fe en cosas que yo no creo. Estábamos en un restaurant cuando se acercó un señor que vendía cachitos de la Lotería Nacional. Entre bromas y veras, le dije:
—Tú, que tienes premoniciones, concéntrate y dime cuál número comprar, del premio vamos mitas.
—Si así funcionaran, ya fuera multimillonaria —me respondió poniendo los ojos en blanco.
Bertha tiene dos maestrías y vive de dar conferencias y cursos. Pero lo que realmente le apasiona son sus otras actividades.
Dirigía un huerto urbano para ofrecer alimentos gratuitos a los habitantes de la zona popular en donde estaba ubicado el huerto. Me explicó que existen zonas de la ciudad con inseguridad alimentaria urbana; ya sea porque la gente no tiene dinero, o porque la distancia para adquirir comestibles es lejana.
Ella tenía la intención de mantener el huerto, pero le pidieron el terreno porque unos desarrolladores van a construir una torre de departamentos.
Por otro lado, prestaba sus servicios en un comedor comunitario en la periferia de la ciudad, con difícil acceso. Sólo se puede llegar por caminos de terracería que, en tiempos de lluvias se ponen imposibles. Desde hace cinco años, se siente feliz conviviendo con los niños. Es ingeniosa para improvisarles juegos educativos, los chamacos se alegran al verla llegar.
Bertha me comentó que se vislumbraba de anciana viendo a sus chiquillos forjarse como adultos de provecho. El problema es que, en este tiempo de lluvias, su carro se atascó, se inundó y fue pérdida total. Con las argucias de siempre, el seguro no se responsabilizó y ahora, mi amiga tiene que ahorrar dinero para comprar otro auto.
El año pasado, andábamos en el centro de la ciudad y compró dos pulseritas rojas, una me la amarró en la muñeca de mi brazo izquierdo y la otra se la colocó ella misma en el suyo, sonriendo le pregunté:
—¿Y esta brujería para qué es?
—No tiene nada de brujería. El hilo rojo es un escudo que absorbe las energías negativas y las envidias de otras personas —me dijo con certeza.
—Yo creía que todo lo de color rojo era para eso de conseguir pareja o para el amor, como los calzones en año nuevo —le respondí con sorna.
Mi amiga también cree en la gemoterapia y la cristalografía energética. Dice que cada piedra emite una vibración que puede influir en el estado de ánimo o en el bienestar. En mi cumpleaños, me regaló un cuarzo blanco, yo lo veo más bien trasparente. Me dijo que el cuarzo es el “maestro sanador” porque limpia el aura de quien lo porte. Le sigo la corriente, pero no creo en esas cosas, mi mente racional me dice que si funcionaran sus convicciones; ya se hubiera sacado la lotería, el huerto urbano continuaría funcionando y seguiría yendo al comedor comunitario que la hacía tan feliz.