“Todos emitimos, el mundo no es más que un enorme conglomerado de emisores y receptores que de repente coinciden, se empatan y uno encuentra su imagen reflejada en el espejo; en lo que otros han escrito, en las conversaciones sostenidas, en las melodías que han compuesto o en las estrofas que han cantado, en los espacios construidos, en las ideas pensadas o en las acciones que emprendieron antes que nosotros y en las que, si hubiésemos estado juntos en ese momento, los habríamos secundado. Nuestra existencia no es más que un deambular por el mundo buscando nuestro reflejo, avanzamos por ahí despistados pensando que seguimos un camino propio pero al final siempre estamos al acecho de una superficie en la cual encontrarnos, un eco que nos devuelva las palabras que desde el principio hemos deseado escuchar…”.
Bióloga por la Universidad Nacional Autónoma de México, María Del Valle Castillo nació en la Ciudad de México, “en una casa en la que el remedio contra el aburrimiento solían ser los libros...”.

Ha dedicado su quehacer profesional a la divulgación de la ciencia y a la gestión cultural y se asume “como una asombradora nata que disfruta compartir con los demás lo que le sorprende a ella misma”; de ahí que se haya inclinado a la escritura. Colaboradora con la columna “Pre-textos” (“Artefacto de Letras”), lanzó en recientes fechas la segunda edición de “La vida que no vivimos” (Bonilla Artigas Editores).
Libro que abre un espacio para conversar sobre los caminos no tomados, los recuerdos imaginados y todo aquello que permanece latiendo entre lo vivido y lo posible, tiene a la música como hilo conductor. Cuarenta canciones son el pretexto, la columna vertebral, para esbozar los trazos y urdir la trama de una historia que se entreteje como cuando se hila un tapiz:
“Manolo tiene una ruta andada, sabe por dónde quiere seguir y por cuáles escaleras no quiere volver a bajar, tampoco a subir; porque al final el éxito, como decía Dylan, es una extraña manera de fracasar. Elisa, que podía seguir siendo la misma persona toda la vida, tendrá que descubrir qué puede hacer consigo misma después de esta casualidad que le permitirá no solo atestiguar la reinvención de un ser humano, sino la suya propia. Si la letra de una canción constituye el cincuenta por ciento de la misma o más, esta historia consigue el maridaje perfecto entre la letra y la música de una partitura en la cual dos destinos quedan acompasados por los mismos ritmos…”.