Cronomicón

La nueva película del director surcoreano en el Festival de Cannes con una mezcla de terror, misterio y tensión extrema, perfilándose como una de las cintas más impactantes

El abismo de lo desconocido: Na Hong-Jin asfixia a la Croisette con el horror rural de ‘HOPE’

HOPE

Ya lo advertíamos en las crónicas de anoche. Felipe Flores quien les habla, transmitiendo directamente desde las entrañas de la sala de prensa del Festival de Cannes en su histórica edición 79. A veces, las selecciones en competencia oficial nos descolocan, y debo confesar que al principio me generaba cierta incomodidad y escepticismo ver un filme con un espíritu y una envergadura que asemeja a una gigantesca superproducción comercial peleando por la Palma de Oro. Pero HOPE, la nueva y monumental obra del surcoreano Na Hong-Jin, no solo es la gran película que está acaparando todas las conversaciones en la Croisette, sino que justificó su presencia con pura maestría cinematográfica.

Escrita y dirigida por la misma mente maestra que nos quitó el sueño con The Wailing (En presencia del diablo), HOPE es una desquiciada epopeya que entrelaza el suspenso puro, el misterio y el terror visceral. La sinopsis nos traslada al aislado y brumoso pueblo portuario de Hopo. La pesadilla arranca con una premisa perturbadora: ¿Qué pasaría si de repente, en la inmensidad de la nada, aparece un toro gigantesco tirado a la mitad de la carretera con heridas catastróficas, destrozado no por cazadores furtivos ni para consumo, sino masacrado con una violencia de origen incomprensible? A partir de este macabro hallazgo, los habitantes del pueblo se enfrentan a una amenaza inescrutable que los empuja al límite de la locura y la supervivencia. Durante los primeros 40 minutos o casi una hora de metraje, Na Hong-Jin nos somete a un asfixiante y majestuoso plano secuencia. Es un ejercicio de tensión sostenida que bebe directamente del slasher, envolviendo al espectador en un ambiente aterrador que no da tregua.

Uno de los puntos más fascinantes de HOPE es su ensamble actoral, una mezcla insólita que funciona a la perfección. Por el lado surcoreano, tenemos a titanes de la industria que sostienen el pánico colectivo: el legendario Hwang Jung-min, el carismático Zo In-sung y la magnética Hoyeon, quienes logran anclar la tragedia en un dolor profundamente humano y terrenal. Pero el as bajo la manga de la película es la integración de un elenco internacional verdaderamente pesado.

Ver a Michael Fassbender, Alicia Vikander, Taylor Russell y Cameron Britton en este contexto de horror rural surcoreano es alucinante. Sin ánimos de lanzar spoilers mayores, les puedo asegurar que sus apariciones en pantalla rompen con cualquier expectativa preconcebida; no irrumpen en la trama de la forma en que uno esperaría, y la manera en la que el director utiliza sus presencias es un giro narrativo espectacular.

Al final del día, HOPE es cine clásico en su forma más pura y arrolladora. Es una película que, aunque tiene la piel de un blockbuster, posee los huesos de un tenso western fronterizo y el alma de una obra de horror implacable. Te inyecta terror en las venas, pero al mismo tiempo se despliega como una aventura colosal que exige ser vista en la pantalla más grande posible. A pesar de mis reservas iniciales con su formato masivo, mi respuesta ante HOPE es un sí absoluto y definitivo. Es una indiscutible Joya que seguramente dará mucho de qué hablar durante el resto del año.

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