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Los pasatiempos no digitales en tiempos del display: el álbum mundialista

¿Quién dijo que todo son videojuegos en línea del tipo Roblox o Fortnite, o que no tenemos más opción, en nuestra era digital, que entregarnos al pasatiempo casi compulsivo de revisar continuamente nuestras redes sociales: Facebook, X, Instagram, TikTok… en la eterna vigilia de ser enterados o sorprendidos por alguna novedad o por la simpleza de ser entretenidos en la cruzada permanente de vencer el aburrimiento?

¿Quién diría que aún los viejos hobbies de antaño tienen cabida en nuestras hipertecnologizadas sociedades, como lo puede ser comprar cartitas para llenar un álbum? Pues sí, es un fenómeno difícil de ocultar. En plazas públicas, parques, a las afueras de los mercados… vemos a gente con su álbum mundialista 2026 comprando e intercambiando cartitas.

Álbum mundialista

Para nosotros, los sujetos de la generación X, el coleccionismo de cartitas y el llenado de álbumes era un hobby habitual. Los había de todo tipo: de luchadores, dinosaurios, minerales y, sobre todo, de personajes de caricaturas. De estos últimos la variedad era enorme: Transformers, He-Man and the Masters of the Universe, Las Tortugas Ninja, Los Simpson o Los Caballeros del Zodiaco.

Las editoriales más conocidas que imprimían estas estampas coleccionables eran Editorial Navarrete, Editorial Vid y la campeona de todas ellas: Panini. Recomendación: busque bien en el desván de su casa; de llegar a encontrar algunos de los álbumes de estas u otras editoriales, y más aún si están completos, como en El precio de la historia, podría tener en sus manos un raro tesoro coleccionable bastante vendible en Internet. La nostalgia tiene su plusvalía.

También a las nuevas generaciones les gana la pasión por el coleccionismo de cartitas, y más cada cuatro años con los Mundiales de Futbol. Es un gusto ver a padres e hijos comprar sus estampas y pegarlas juntos en los álbumes… aunque no faltarán los puristas críticos de la sociedad de consumo que digan que este es un pasatiempo caro —se estima que llenar el álbum cuesta entre cuatro mil y ocho mil pesos, según la suerte de cada quien— y que conlleva un despilfarro casi irracional sólo por la pueril obsesión de completar una colección de jugadores, la mayoría desconocidos y perdidos entre las 48 selecciones que disputarán el Mundial 2026.

Nos quejamos, con gritos de apocalípticos y tecnofóbicos, de que estamos cada vez más aislados en nuestros espacios digitales, de que mutamos culturalmente, de forma voluntaria, en alienados de las redes sociales… pues que un pasatiempo, si bien costoso, sea el pretexto para socializar con la familia, con los amigos o con los compañeros de la escuela o el trabajo, algo tendrá de bueno. Al final, el costo monetario, en mi opinión, lo vale. Lo bueno cuesta y no sólo dinero también tiempo y esfuerzo.

Álbum mundialista

Además, cabría decir que el llenado del álbum mundialista es ya toda una tradición nacional —y mejor dicho, global— que data del Mundial de 1970, con un álbum de 271 estampitas, al de hoy, con cerca de 980.

Este fenómeno del coleccionismo de figuras y estampas mundialistas se vive en toda el Área Metropolitana de Guadalajara. Hay puntos de reunión en los que los coleccionistas pueden comprar e intercambiar sus cartitas: plazas comerciales como Plaza del Sol y Plaza Patria; tiendas como Innova Sport en Andares o Galerías; las tiendas Panini; el Tianguis Cultural y el Parque Metropolitano. También en los puestos de revistas, como los del Centro de Guadalajara, existe todo un furor comercial alrededor del álbum mundialista de Panini.

Así que a abril sobres con la esperanza de encontrar las cartitas difíciles de Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Kylian Mbappé, Lamine Yamal y Erling Haaland.

El coleccionismo de estampas ya pasó sus mejores décadas, pero revive cada cuatro años con gran furor. Los seres humanos atesoramos recuerdos a lo largo de nuestra existencia… ver jugar a nuestra selección nacional cuenta como uno de ellos, y conservar un álbum de cartitas de jugadores, por trivial que pudiera parecer, es una cápsula del tiempo que puede remontarnos a esos días en que tu papá o mamá te llevaban al parque con la ilusión de encontrar la cartita difícil de Messi o Mbappé.

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