Cronomicón

A quien corresponda

El abogado del diablo

Martha Cerda

Hace poco entregué a mi editor los últimos textos que he escrito, para ser convertidos en libro. Un libro es un propósito cumplido, un testimonio de la existencia, una exclamación: ¡Misión cumplida! No hay que quedarnos a deber a nosotros mismos.

Pero entre los textos que mandé faltaba uno titulado El abogado del diablo. Lo busqué y no lo encontré, seguramente el abogado del diablo se lo llevó.

¿A quién se le llama así? En los procesos o juicios de canonización, hay que probar que el candidato a ser elevado a los altares lo merece. Se recurre a testimonios de su vida y de sus méritos para ser canonizado.

Pero la iglesia también pide que se demuestre lo contrario: que el elegido no lo merece. Al encargado de sacar a luz los defectos del sujeto a investigación, se le llama “El abogado del diablo”.

En la vida nos topamos con abogados del diablo en todos los ámbitos, se dedican a destruir la reputación de una persona, a oponerse a la realización de un proyecto.

Yo tengo un ojo con el que veo de lejos y otro con el que veo de cerca. Siempre he tratado de usar el que vé de lejos, más allá de nuestro pequeño mundo personal.

Aquí en Guadalajara existió hasta hace poco, un hombre que cambió la ciudad y la mente de los tapatíos que se sentían acomplejados, ciudadanos de segunda, ante la prepotencia de los capitalinos. Pero llegó Raúl Padilla y se atrevió a retar al mundo. Trajo la prosperidad a nuestra ciudad fundando la feria del libro, pero no cualquier feria: La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, e invitó a las plumas más importantes del mundo, que nos han llenado de orgullo.

Y dejamos de vernos el ombligo.

Feria del libro en Guadalajara (Ana Luisa Anza Costabile)

Y no solo eso, instituyó el “Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances”, que ha sido otorgado a importantes escritores contemporáneos, con lo que completó el proyecto.

También construyó el Conjunto Santander, con teatros, cines y una biblioteca de primer mundo. Seguramente seguiría enalteciendo a su ciudad, porque era suya, nunca se fue a buscar fortuna en otro lugar como lo han hecho otros. Desgraciadamente murió pronto, pero su legado permanece, está vivo.

Obviamente tenía muchos enemigos y detractores, que no veían más allá de sus narices, los típicos abogados del diablo que buscan los defectos, lo negativo de un proyecto, critican el costo, valoran en pesos lo que es invaluable: la cultura y el arte.

A la medida de mis circunstancias, me he topado con abogados del diablo, pero también con seres generosos e inteligentes, que valoran la literatura y me han apoyado, uno de ellos es el licenciado Lino González, con su ayuda hemos impulsado a muchos escritores que empiezan. Él, como yo, pensamos que dedicar tiempo y esfuerzo a promover artistas y sus proyectos, es una inversión que más temprano que tarde, empieza a dar frutos.

También hay novelas en las que se enzalsa la devoción al arte, los ideales, y convierten a personajes débiles o minusválidos en héroes. Transforman la inferioridad en superioridad.

Pero siguen existiendo los que se oponen a un proyecto, sin tomar en cuenta su importancia.

Escamotear unos pesos es falta de visión. No se puede cotizar el espíritu como si fuera moneda de cambio.

Agradezo a Raúl Padilla, a José María Fernández Unsaín, a Yolanda Zamora, a Emanuele Bettini, a Jorge Orendain, a Ruth Levy, a Ale Maraveles, a Lino González, al periódico La Crónica y a todos los que suman en lugar de restar.

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