
Hay distopías que imaginan tecnologías imposibles o gobiernos futuristas. The Handmaid’s Tale toma un camino diferente: construye el horror utilizando prácticas que ya han existido en distintos momentos de la historia, lo que hace que la novela resulte especialmente incómoda. No pregunta cómo sería un mundo completamente nuevo, sino qué podría ocurrir cuando el miedo, el fanatismo y la pérdida de derechos avanzan poco a poco hasta convertirse en norma.
Tras una crisis de fertilidad, Estados Unidos deja de existir como democracia y es reemplazado por la República de Gilead, un régimen teocrático donde las mujeres pierden prácticamente todos sus derechos.
Entre ellas se encuentra Defred, una Criada cuyo único propósito es concebir hijos para las familias gobernantes. A través de su historia, Margaret Atwood construye una sociedad donde el control político no comienza con la violencia visible, sino con la eliminación gradual de libertades, la censura y la redefinición del papel de las mujeres dentro del Estado y aunque suele recordarse por la imagen de las túnicas rojas, The Handmaid’s Tale habla, sobre todo, del poder.
No del poder entendido como fuerza militar, sino del poder que decide quién puede estudiar, trabajar, elegir, amar, expresar sus ideas o tomar decisiones sobre su propio cuerpo, ¿te suena familiar?
Margaret Atwood ha explicado en diversas ocasiones que muchas de las medidas presentes en Gilead están inspiradas en hechos históricos reales. Su intención nunca fue inventar atrocidades inéditas, sino reorganizar prácticas que ya habían ocurrido en distintas sociedades, el mayor acierto de la novela está en que evita presentar personajes completamente buenos o completamente malos.
El verdadero antagonista es el sistema
Gilead funciona porque consigue que el miedo, la vigilancia y la obediencia formen parte de la rutina. Incluso quienes viven dentro del régimen terminan adaptándose a reglas que antes habrían considerado impensables.
La novela recuerda que los derechos rara vez desaparecen de golpe; suelen erosionarse lentamente hasta que aquello que parecía excepcional comienza a sentirse cotidiano.
Cuarenta años después de su publicación, la novela continúa siendo objeto de debate porque muchas de las discusiones que plantea siguen presentes.
En Estados Unidos, las conversaciones sobre el derecho al voto y el papel del Estado en decisiones personales han cobrado nueva relevancia en los últimos años, especialmente tras una nueva ola del llamado Trad Wife, que consiste en que las mujeres renuncien a su derecho al voto para ser “buenas esposas”. Lo aterrador es que una mujer es la que lo esta promoviendo en EEUU.
Al mismo tiempo, conflictos como la guerra entre Israel y Hamás han reavivado debates internacionales sobre derechos humanos, violencia contra la población civil, desplazamientos forzados y el impacto que los conflictos armados tienen sobre mujeres y niñas. Aunque el contexto es muy distinto al de la ficción de Atwood, ambos casos recuerdan que los derechos pueden verse profundamente afectados en escenarios de polarización, guerra o concentración del poder.
La novela no ofrece respuestas sencillas ni pretende ser un espejo, lo que lo hace más incómodo es que parece casi un manual de uso más que una novela distópica. Y quizá esa sea la razón por la que sigue siendo una de las distopías más vigentes de nuestro tiempo.
Ficha rápida
- Título: The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada)
- Autora: Margaret Atwood
- Género: Distopía política
- Publicación: 1985
- Ideal si te gustó: 1984, Nunca me abandones o Cadáver exquisito
- Nivel de inquietud: 10/10
- Se lee como: una advertencia construida con hechos que alguna vez existieron.