Guadalajara

El Espejo: Molino de Trigo de la Hacienda de Oblatos, fuente de leyendas tapatías

Las ruinas de una antigua edificación con orígenes que se remontan a la primera mitad del Siglo XIX, situada al oriente de Guadalajara, han inspirado una serie de relatos y leyendas.

La construcción, deteriorada por el paso del tiempo y el abandono, persiste a unos metros del cruce de las avenidas Plutarco Elías Calles y José María Iglesias, en el barranco en donde hace años estuvo la cascada del Arroyo de San Andrés, cuyas aguas en la actualidad corren entubadas debajo de la zona.

Se trata del molino de trigo de la Hacienda de Oblatos. No se tiene con certeza la fecha en la que fue realizado, pero se sabe que en 1841 ya existía, por lo que su antigüedad es de más de 175 años.

CASA DE DUENDES Y REUNIÓN DE BRUJAS

El profesor e historiador Víctor Sánchez Ramírez ha recabado información cartográfica, documental y testimonial en torno a lo que fue la Hacienda de Oblatos, incluidos mitos y leyendas que involucran al vetusto molino de trigo.

Uno de ellos versa en torno a que el lugar era punto de aquelarre o reunión de brujas; otros lo señalan como casa de duendes que deambulaban luego del atardecer y sorprendían a los niños que andaban alejados de sus casas, a quienes rasguñaban en la cara si no les daban algún dulce o juguete.

Uno de estos relatos, contados por personas de la tercera edad, es conocido como El duende del Zalate, que da fe de la existencia de un duendecillo que vagaba por los caminos de la zona y hacía tropelías, al grado de que la gente fue a pedirle consejo al padre del templo de San Eugenio.

El caso quedó un tanto en el olvido, hasta que una mañana apareció muerto el duende, tras haber consumido carne envenenada que los vecinos habían colocado para acabar con una plaga de gatos en celo que entonces no los dejaban dormir. Tras el hallazgo de los restos del sobrenatural ser, varios comprendieron por qué en la noche se escucharon horribles maullidos y gruñidos que en un principio habían atribuido a los felinos.

Dice la leyenda que el cadáver del duende fue echado, con discreción, a las aguas del Arroyo de San Andrés.

BENITO JUÁREZ Y LOS TÚNELES

Otro de los míticos relatos en torno a la antigua edificación cuenta que hacia 1857, cuando el presidente Juárez vino a Guadalajara durante la crisis constitucional, se ocultó en una finca del oriente, específicamente en el molino de trigo de la Hacienda de Oblatos, y que por ello, la figura del Benemérito de las Américas suele aparecerse ahí.

De lo que sí existen datos fehacientes es que en el casco de la hacienda, hoy convertido en centro cultural, había una serie de túneles, uno de los cuales conducía a La Barranca de Oblatos, otro a un punto cercano a donde ahora está una plaza comercial y uno más hacia el Molino de Trigo. De este último túnel, aún persisten vestigios.

(Fotos: Lino González Corona)

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