Guadalajara

Miguel Iván Alejo, con más de dos décadas interpretando a Jesucristo, revela el rigor físico, espiritual y el dolor real que implica uno de los papeles más exigentes de la Semana Santa en Jalisco.

Entre la fe y el sacrificio: la intensa preparación para encarnar a Jesús en la Judea de San Martín de las Flores

Con más de 21 años representando a Jesucristo, Miguel Iván Alejo Guareño se ha convertido en uno de los rostros más emblemáticos de la Judea de San Martín de las Flores, en el municipio de San Pedro Tlaquepaque, una de las representaciones de Semana Santa más importantes de México.

Detrás de su actuación hay una preparación que combina disciplina física de alto rendimiento, una profunda vida espiritual y la disposición de someterse a castigos reales durante la escenificación. Lejos de ser actor profesional, Alejo es licenciado en Artes Plásticas por la Universidad de Guadalajara y docente en el Centro Cultural El Refugio.

Su camino hacia este papel no inició en los escenarios, sino como una manda personal tras la muerte de su madre, promesa que con el tiempo se transformó en un apostolado de fe. Interpretar a Jesús en esta Judea exige una condición física excepcional. Miguel Iván se prepara durante todo el año, con una etapa intensiva de al menos seis meses previos a la representación.

“Me preparo como si fuera a correr un maratón, porque se ocupa condición física (…) Dios me requiere las mejores condiciones físicas y mentales para transmitir su mensaje”, explica.

Miguel Iván Alejo, interpreta a Jesús en la Judea de San Martín de las Flores (Cortesía)

Su entrenamiento incluye evaluaciones médicas, seguimiento nutricional y rutinas físicas comparables a las de un deportista profesional. Corre diariamente, primero media hora y luego hasta una hora. Conforme se acerca la fecha, adapta sus entrenamientos a las condiciones reales del evento: sale a correr a las 3 de la tarde, bajo el sol intenso, para aclimatar su cuerpo al horario del Viernes Santo.

El objetivo es resistir no solo el recorrido de más de dos kilómetros, sino también cargar una cruz de entre 120 y 130 kilogramos, además de soportar golpes, altas temperaturas y el desgaste físico acumulado.

Más allá del esfuerzo físico, Alejo enfatiza que la base de su preparación es espiritual. Mantiene una vida constante de oración, comunión y acompañamiento con sacerdotes, quienes lo orientan y fortalecen emocionalmente.

“Puedes estar muy fuerte físicamente, pero si estás débil espiritualmente, no sirve de nada”, afirma. Para él, la interpretación requiere un equilibrio total: mente, cuerpo y espíritu. Además, estudia el personaje a través de lecturas, películas y reflexión personal, buscando transmitir no solo una actuación, sino un mensaje de fe que conecte con los asistentes.

Flagelación real

Uno de los aspectos más impactantes de esta representación es el realismo de las escenas. A diferencia de producciones teatrales o cinematográficas, en la Judea de San Martín de las Flores los castigos no se simulan.

La escena de la flagelación no se ensaya. Los golpes son reales y se ejecutan con varas recolectadas del cerro, seleccionadas por su dureza y apariencia. También se utilizan látigos, lo que provoca hematomas, heridas y sangrado.

“Los golpes duelen, arden. Es diferente el dolor al ardor, y se siente todo”, relata.

La corona de espinas, elaborada con huizache, también es auténtica. En una ocasión, una espina quedó incrustada en su cabeza durante días, provocándole molestias severas hasta que logró retirarla. Paradójicamente, la escena que más le duele físicamente es también la más significativa en lo emocional y espiritual: la flagelación.

Durante ese momento, asegura experimentar una conexión profunda que lo hace temblar y llorar de forma involuntaria. “No es actuado. Es algo que se vive”, dice. La intensidad es tal que incluso ha impactado a espectadores, especialmente niños, por la crudeza de la representación.

Para Miguel Iván Alejo, interpretar a Jesús no es un papel, sino una misión. Sin remuneración económica, su motivación radica en la fe y en el compromiso de transmitir un mensaje que, año con año, conmueve a miles de personas.

Entre el dolor físico, la exigencia mental y la entrega espiritual, su participación en la Judea de San Martín de las Flores se mantiene como una de las expresiones más intensas y auténticas de la Semana Santa en México.

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