Guadalajara

... No puedo dejar de pensar, de especular, de psicoanalizar a Kundera después de muerto. ¿Al final de sus días dejaría de sentirse insoportablemente leve?

A quien corresponda: Del más o menos Ser al Ser más o menos

París, Texas
Fotograma de la película “La insoportable levedad del ser”. Fotograma de la película “La insoportable levedad del ser”. (La Crónica de Hoy)

Hoy no diré amanecí, diré ayer anochecí divagando. Sí, desde ayer he estado pensando, especulando sobre el título de la novela de Milan Kundera: La insoportable levedad del Ser. Uno de los escritores más relevantes del siglo XX , cuando…

Me perturba esa aparente oposición entre “insoportable” y “levedad”, refiriéndose al Ser. Porque el Ser puede ser insoportable por la “carga” que implica, que se explica en el dilema de escoger entre ser y no ser.

¿Pero qué quiso decir Kundera? ¿Era una confesión, una definición de su estado de ánimo?

Podría analizarse el título desde el punto de vista filosófico, lingüístico, histórico, semántico…Podría cambiarse el “ser” genérico por el “soy” específico. ¿Entonces el orden de los factores no altera o si altera?

Como él lo puso me altera. Cómo llegó a esa conclusión, cuál es el origen o más bien la finalidad. De ahí la importancia de un título. Éste me obliga a investigar quién era Kundera, en qué época le tocó vivir, cuál era su entorno. Sí, era checo, de cuando Checoeslovaquia yaera República Checa, pero Praga seguía siendo hermosísima. ¿Estará acaso refiriéndose a la Primavera de Praga? Paralela al movimiento del 68 en México, en París… ¿O será porque era comunista y dejó de serlo y era checo y también dejó de serlo? O sea era y no era.

Autoexiliarse es como salirse de sí mismo. ¿Se puede cambiar de ser como se puede cambiar de sexo? Eso justificaría lo insoportable de la levedad. Para su desgracia la estuvo soportando casi cien años, fue uno de los escritores más longevos, contemporáneo de Cortázar, de García Márquez, de Fuentes, pero extemporáneo de sí mismo.

¿Qué queremos decir cuando decimos? Ay, esos títulos que nos llevan a elucubrar… Nada como Pedro Páramo o La Señora Rodríguez, con lo que ya está dicho todo. El nombre equivale al reconocimiento, al autoconocimiento, al “soy”, sin lugar a dudas.

Pero no puedo dejar de pensar, de especular, de psicoanalizar a Kundera después de muerto. ¿Al final de sus días dejaría de sentirse insoportablemente leve?

Llegó a la conclusión de que el orden de los factores sí altera el producto.

Para el escritor no debe haber regla que valga, hay que ser iconoclastas para reafirmar el Ser, que no pase por leve, para no claudicar…

Eso creo que quiso decir Milan, le pesaba la levedad de ser porque llegó a conocerse y no soportaba ser leve, ¿o se referiría a su personaje? Los pobres personajes cargan con nuestros traumas, con nuestras dudas existenciales: ¿por qué existimos?

Solo Neruda llegó a decir Confieso que he vivido. ¿Testamento literario o autoabsolución?

Quizá Kundera se sintió culpable de pasar del ser, a llegar al tormento del “haber sido”.

Ya no lo sabremos, es una conjetura. Tal vez encontremos la respuesta en los títulos de sus novelas: La broma, La Identidad, La ignorancia… Parecía tener un sentimiento trágico de la vida, pero consciente. Novelar, es no velar.

El Oficio de vivir no es impune. Deseamos ser omnipresentes, buscamos la eternidad en un cuerpo mortal, nos creamos un Dios a la medida. ¿Qué dice la teología? Lo mismo que todos los “logos”, invención de los hombres.

Colofón: hay que escoger los títulos, no son el principio, son la conclusión de lo que quisimos decir en algún entonces.

Mientras, sigamos viviendo. Para eso sirve el gerundio, para no agotar el Ser en el presente, para darle continuidad.

Por este día aquí dejo la utopía, son las seis de la mañana.

Martha Cerda

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