Jalisco

Madres y padres de familia consultados en distintos puntos del Área Metropolitana de Guadalajara reconocen que el reclutamiento de jóvenes por grupos delictivos es una amenaza, aunque no todos la perciben de la misma manera: mientras algunos viven con temor constante, otros consideran que el entorno de sus hijos los mantiene alejados del riesgo

¿Te da miedo que tu hijo sea víctima de reclutamiento forzado?: Esto piensan padres en el AMG

Reclutamiento de niños

El reclutamiento de adolescentes y jóvenes por parte de grupos delictivos dejó de ser para algunas familias del Área Metropolitana de Guadalajara un problema lejano, reservado para determinadas zonas o sectores sociales.

Casos documentados en Jalisco han mostrado que la captación puede ocurrir mediante redes sociales y falsas ofertas de empleo, una situación que ha encendido las alertas entre madres y padres de familia, particularmente por la facilidad con la que los jóvenes pueden entrar en contacto con desconocidos a través de internet.

Sin embargo, el temor no se vive igual en todos los hogares.

Para algunas familias, la posibilidad de que sus hijos sean víctimas de reclutamiento forzado representa una amenaza cotidiana. Para otras, aunque reconocen que el problema existe, consideran que sus hijos se encuentran protegidos por el entorno en el que estudian, viven y se relacionan.

“Sí me da muchísimo miedo. A veces uno piensa que mientras el hijo esté en la escuela y en la casa está seguro, pero ya no sabes. Están todo el día con el celular y no sabes con quién están hablando”, cuenta Mariana, madre de dos adolescentes y habitante de Guadalajara.

Su preocupación está relacionada principalmente con las redes sociales. Considera que los padres pueden establecer reglas y supervisar el uso de internet, pero difícilmente pueden conocer todas las personas con las que sus hijos tienen contacto.

“Yo sí les reviso de vez en cuando las redes, aunque sé que no debería hacerlo todo el tiempo. Pero prefiero que se enojen conmigo a que algún día pase algo y yo diga: ‘¿por qué no me di cuenta?’”, señala.

“No quiero vivir con miedo”

Para otras familias, el riesgo existe, pero no quieren que se convierta en una razón para restringir completamente la libertad de sus hijos.

Carlos, padre de un joven de 17 años y una adolescente de 14, reconoce que el tema le preocupa, aunque intenta no transmitirles miedo de manera permanente.

“Claro que me da miedo. Sería absurdo decir que no. Pero tampoco quiero que mis hijos crezcan pensando que afuera todo el mundo los quiere secuestrar o hacerles daño. Les hablamos de los riesgos, de no aceptar invitaciones de desconocidos y de tener cuidado con lo que publican, pero también tienen que vivir”, explica.

En su caso, considera que la comunicación familiar es una de las principales herramientas para prevenir situaciones de riesgo.

“Yo les digo: si alguien les ofrece un trabajo, un viaje, dinero fácil o cualquier cosa que suene demasiado bien, primero lo hablamos. No importa qué sea ni quién se los ofrezca”.

La preocupación no es infundada. Investigaciones y casos documentados en Jalisco han mostrado que grupos criminales han utilizado plataformas digitales para difundir falsas ofertas laborales dirigidas principalmente a jóvenes. En el caso del Rancho Izaguirre, en Teuchitlán, autoridades señalaron que algunas vacantes ofrecían salarios atractivos y que los interesados eran citados en centrales de autobuses antes de ser trasladados al sitio.

“Lo veo lejano por el ambiente en el que se desarrolla mi hijo”

En contraste, hay madres y padres que, aunque conocen los casos, consideran que la posibilidad de que sus hijos sean víctimas es remota.

Patricia, madre de un adolescente que estudia en una escuela privada de Zapopan, reconoce que el tema le preocupa, pero considera que las condiciones en las que se desarrolla su hijo disminuyen las posibilidades de que se encuentre con una situación de ese tipo.

“Sí, me da miedo, pero lo veo lejano por el ambiente en el que se desarrolla mi hijo. No significa que piense que estamos exentos, pero su escuela, sus amigos, las actividades que hace… siento que está en un entorno diferente”, dice.

Aun así, reconoce que esa percepción podría convertirse en una falsa sensación de seguridad.

“También sé que decir ‘a mí no me va a pasar’ es peligroso. Porque finalmente no sabes quién está detrás de una cuenta de Instagram o TikTok”.

La idea de que el nivel socioeconómico puede representar una especie de protección aparece también entre otros padres consultados.

Rodrigo, padre de una joven universitaria, considera que existen diferencias importantes entre los riesgos que enfrentan los jóvenes dependiendo de su entorno.

“Hay jóvenes que necesitan trabajar desde muy chicos y que pueden caer en una oferta de empleo porque necesitan el dinero. Ahí creo que hay una vulnerabilidad mucho mayor. Pero eso no quiere decir que alguien de una familia con dinero esté completamente protegido”.

Las redes sociales, una preocupación recurrente

Entre las respuestas de madres y padres aparece una coincidencia: las redes sociales generan una sensación de vulnerabilidad difícil de controlar.

TikTok, Instagram y Facebook han sido señaladas en distintos casos como plataformas utilizadas para difundir ofertas laborales falsas y establecer contacto con posibles víctimas. Incluso después del caso del Rancho Izaguirre, colectivos de búsqueda han advertido que las estrategias de reclutamiento en internet se han vuelto más sofisticadas.

“Yo creo que las redes tienen muchísimo que ver. Antes un extraño tenía que acercarse físicamente a un joven. Ahora puede hablarle durante semanas desde un perfil falso y ganarse su confianza”, considera Alejandra, madre de una estudiante de preparatoria.

Para ella, el problema no puede recaer únicamente en los padres.

“Nos dicen que tenemos que cuidar lo que ven nuestros hijos, pero también deberían cuidar las plataformas. ¿Por qué permites que alguien publique una oferta falsa de trabajo y no sabes quién está detrás?”

“También es responsabilidad del gobierno”

La responsabilidad de las autoridades aparece como otro de los reclamos entre los padres.

Jorge, padre de dos jóvenes, considera que las familias pueden hablar con sus hijos y establecer medidas de prevención, pero que eso no es suficiente.

“Nosotros podemos decirles que no hablen con desconocidos, que no acepten trabajos raros, que nos avisen dónde están. Pero el gobierno también tiene que hacer su parte. No puedes pedirle a una familia que detecte a una organización criminal que está operando en internet”.

En marzo de 2026, colectivos de búsqueda cuestionaron precisamente la falta de medidas estructurales para impedir que grupos delictivos utilicen redes sociales para reclutar adolescentes y jóvenes mediante ofertas laborales falsas.

Para otros padres, sin embargo, el problema también tiene raíces sociales.

“Si un muchacho necesita dinero y encuentra en internet un trabajo donde le ofrecen 10 o 12 mil pesos a la semana, ¿qué va a pensar? Ahí también tenemos que hablar de las oportunidades que tienen los jóvenes”, señala Luis, padre de familia de Guadalajara.

Entre la prevención y la paranoia

Aunque las opiniones son distintas, las familias consultadas coinciden en que el reclutamiento criminal representa un riesgo que no puede ignorarse.

Algunos han optado por supervisar las redes sociales de sus hijos, hablar constantemente con ellos y establecer reglas sobre las personas con quienes pueden tener contacto. Otros consideran que la mejor estrategia es generar confianza para que sus hijos puedan acudir a ellos ante cualquier situación sospechosa.

Pero también existe el temor de que la preocupación termine convirtiéndose en una vigilancia permanente.

“Yo no quiero revisar su teléfono todos los días. Quiero que él tenga confianza de contarme si alguien le ofrece algo extraño”, explica Mariana.

Para ella, el mayor desafío consiste precisamente en encontrar un equilibrio.

“Porque tampoco podemos encerrarlos. Van a la escuela, salen con amigos, usan internet, algún día van a trabajar. Lo que queremos es que sepan reconocer cuándo algo no está bien”.

Mientras las autoridades y organizaciones continúan documentando casos de captación y reclutamiento, para las familias del AMG la amenaza se encuentra en una zona difícil de definir: lo suficientemente cercana para generar miedo, pero todavía lo suficientemente distante para que muchos padres piensen que podría no tocarles.

Y quizá esa sea una de las mayores preocupaciones: saber que el riesgo existe, pero no siempre saber dónde comienza.

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