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Mujeres en la ciencia en México: vocación, formación y compromiso con nuestra sociedad

Hablar de la participación de las mujeres en la ciencia en México es hablar de un proceso continuo en construcción, sustentado por décadas de trabajo académico, formación constante y compromiso social. Hoy, las mujeres científicas no solo forman parte del sistema científico nacional, también lo fortalecen, lo diversifican y lo proyectan hacia áreas estratégicas para el desarrollo del país. Desde las aulas hasta los laboratorios científicos tecnológicos y de ahí hacia la sociedad, su presencia es cada vez más visible y sobre todo, más influyente.

Desde mi experiencia como profesora investigadora en el ámbito de la ciencia de los alimentos y la biotecnología, he tenido el privilegio de ser testigo de la importancia de poseer una fuerte vocación por la docencia en primer lugar, este ha sido uno de los aspectos más valiosos de mi labor científica es su dimensión formativa. La docencia, cuando se ejerce desde la investigación activa, se convierte en un espacio privilegiado para fomentar el pensamiento crítico, el rigor metodológico y la ética profesional, pues a lo largo de mi carrera, he constatado que los estudiantes responden positivamente cuando la ciencia se presenta como una herramienta viva, capaz de dialogar con la realidad social y cultural del país.

En particular, las estudiantes encuentran referentes que les permiten visualizar un futuro profesional en la ciencia sin renunciar a su identidad ni a sus intereses, además a través de compartir el conocimiento uno también aprende y reaprende a través de la mente creativa e inquieta de los jóvenes y son ellos quienes encaminan al desarrollo de ideas que van tomando forma en proyectos científicos.

Mujeres en la ciencia

Por otro lado, este quehacer me ha permitido observar de primera mano cómo la presencia de mujeres en la ciencia no solo transforma los espacios académicos, sino las aspiraciones de las nuevas generaciones. La ciencia deja de percibirse como un territorio inaccesible y se convierte en una opción profesional real, viable y socialmente relevante.

Sin embargo en México, el quehacer científico enfrenta desafíos estructurales bien conocidos: financiamiento limitado, brechas regionales, necesidad de mayor vinculación con el sector productivo y con las comunidades. En este contexto, las mujeres científicas han demostrado una capacidad notable para integrar la investigación con la docencia, la divulgación, la aplicación del conocimiento y no se diga en la transferencia tecnológica. No se trata únicamente de producir artículos científicos, sino de formar capital humano, generar innovación y aportar soluciones a problemas concretos, como la seguridad alimentaria, la salud pública y la sostenibilidad, entre otros temas de interés mundial y de agenda.

La investigación científica en áreas como los alimentos, la biotecnología y la salud adquiere una relevancia especial en un país con una gran biodiversidad y una rica tradición agrícola. El estudio de cultivos como el amaranto y uso de la biotecnología a través de los microorganismos de leche materna, por mencionar algunos ejemplos, representan una oportunidad para articular conocimiento científico con saberes tradicionales, generando propuestas innovadoras con impacto nutricional, económico y social. En este tipo de proyectos, la ciencia se convierte en un puente entre el laboratorio y la comunidad, y las mujeres científicas han tenido un papel fundamental en esta articulación.

Ser mujer en la ciencia mexicana no implica una condición homogénea. Las trayectorias son diversas y responden a contextos institucionales, regionales y personales distintos. Sin embargo, existe un elemento común: la necesidad de construir carreras académicas sólidas basadas en la formación continua, la productividad científica y la colaboración interdisciplinaria. La participación de las mujeres en redes de investigación, congresos internacionales y proyectos de transferencia tecnológica ha crecido de manera sostenida, contribuyendo a la internacionalización de la ciencia que se produce en México.

Desde una perspectiva institucional, es importante reconocer que la inclusión de las mujeres en la ciencia no debe entenderse como un acto simbólico, sino como una estrategia para fortalecer la calidad y pertinencia del sistema científico. La diversidad de enfoques, experiencias y formas de liderazgo enriquece la generación de conocimiento y amplía su impacto. Las mujeres científicas aportan no solo capacidades técnicas, sino también una visión integral que suele vincular la investigación con la docencia, la innovación y la responsabilidad social.

En el ámbito de la educación superior, la presencia de mujeres investigadoras con una trayectoria activa tiene un efecto directo en la calidad académica. La evaluación constante por parte de los estudiantes, la actualización disciplinar y la participación en proyectos de investigación permiten construir espacios educativos dinámicos y exigentes. La ciencia, cuando se enseña desde la experiencia y el compromiso, se convierte en un motor de transformación individual y colectiva.

Mujeres en la ciencia

Asimismo, la transferencia de conocimiento y tecnología representa uno de los retos y oportunidades más importantes para la ciencia en México. La participación de mujeres en el desarrollo de proyectos con potencial de aplicación industrial, nutracéutica o social demuestra que la investigación académica puede trascender los límites de la publicación científica. En este sentido, la ciencia hecha por mujeres contribuye de manera directa al desarrollo sostenible y a la generación de valor para la sociedad.

Mirar el presente de las mujeres en la ciencia mexicana permite reconocer avances significativos. Cada vez más mujeres lideran proyectos, dirigen tesis, publican en revistas de alto impacto y participan en la toma de decisiones académicas. Estos logros no son producto del azar, sino del trabajo constante, la disciplina y la convicción de que la ciencia es una herramienta poderosa para mejorar la calidad de vida.

El futuro de la ciencia en México depende, en gran medida, de la capacidad de formar nuevas generaciones de científicas y científicos con una visión crítica, ética y socialmente comprometida. En este proceso, las mujeres juegan un papel clave como formadoras, investigadoras y agentes de cambio. Su presencia en la ciencia no solo es necesaria, sino estratégica para enfrentar los retos del país.

En conclusión, ser mujer en la ciencia en México hoy significa participar activamente en la construcción de conocimiento con impacto social. Significa enseñar, investigar e innovar con responsabilidad y visión de largo plazo. Más allá de los retos, existe una oportunidad clara: consolidar una ciencia incluyente, pertinente y comprometida con el desarrollo del país. Y en ese camino, las mujeres científicas no solo están presentes; están marcando el rumbo.

*Leslie Becerril Serna / Jefatura de investigación / UNIVA

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