
El próximo lunes 9 de mayo se celebra el Día de la Victoria de los soviéticos contra los nazis, el aniversario más importante para los rusos y el que Vladimir Putin marcó de rojo en el calendario para convertirlo en el “Día de la Victoria de la segunda liberación de los nazis”, aunque esta vez no son de raza aria, sino, según la propaganda del Kremlin, “eslavos traidores”: los ucranianos.
Pero esta victoria rusa sobre los “neonazis ucranianos”, que el presidente ruso pretendía hacerla desfilar como un trofeo sobre la plaza Roja de Moscú dentro de una semana, no podrá ser porque Kiev no ha caído, como se lo prometieron sus asesores militares, y los ucranianos están resistiendo mejor de lo esperado una guerra que surgió de la mente llena de odio y resentimiento de un personaje que podría estar a punto de salir de las cloacas del Kremlin: Nikolai patrushev.
¿Está Putin enfermo?
El actual jefe de Seguridad Nacional, de 71 años y que entre 1999 y 2008 dirigió el Servicio de Inteligencia (FSB, sucesor del siniestro KGB), es el nombre que más suena para suceder provisionalmente a Putin al frente del país y de la guerra, si se confirman los rumores de que el mandatario ruso, de 69 años, padece cáncer y va a ser intervenido quirúrgicamente dentro de poco, según recogen algunos medios occidentales, aunque el Kremlin y la prensa rusa no hayan hecho mención ningún sobre esta posibilidad.
Entre los que no se han hecho eco del rumor sobre un presunto delicado estado de salud del presidente ruso está “The Moscow Times”; sin embargo, uno de los pocos medios independientes que resisten a la persecución del régimen, sí destacó este viernes pasado en un artículo de opinión la emergente figura de patrushev y el “sorprendente” hecho de que el oscuro asesor de Putin hubiese concedido una larga entrevista al oficialista “Rossiskaya Gazeta”, como si hubiera un propósito claro de hacer visible al exjefe de los espías rusos, como si fuera a ser protagonista de una noticia inminente.
El rotativo moscovita no duda en calificar a Patrushev como “el halcón de los halcones”, no sólo porque es de los pocos hombres en los que confía Putin, luego de la caída en desgracia del secretario de Defensa, Serguei Shoigú —a quien se le atribuye la frase “Kiev caerá en 72 horas”—, sino porque es el ideólogo de la dura doctrina antioccidental y probélica que se ha impuesto en el Kremlin y todos sus funcionarios repiten robóticamente.
Por eso, en paralelo a los rumores de que Putin padece cáncer, suena con creciente fuerza que el presidente pondrá de manera provisional al frente del país, y por tanto de la guerra, al temido Patrushev, y que todo ocurrirá cuando acaben los fastos del 9 de mayo. Esto tendría lógica porque, para la propaganda rusa, heredera de la soviética, habría algo peor que no exhibir la rendición de Ucrania durante el próximo Desfile de la Victoria, sino la ausencia del líder de la nación en el presidium de la plaza Roja, que desataría una ola de rumores sobre su salud e incluso su liderazgo, hasta ahora indiscutible.
“Tengo algo que anunciar”
Lo que sí parece un hecho es que algo se va a anunciar en el marco del Día de la Victoria, aunque sea un premio de consolación, como la caída de Mariupol, que le daría a los rusos un estratégico pasillo desde Crimea a las provincias prorrusas del Donbás, o que Putin haga un llamado patriótico a la movilización general forzosa, para aplastar definitivamente la resistencia ucraniana; otros temen incluso que el presidente ruso dé un salto al vacío e internacionalice el conflicto con una segunda invasión, esta vez para tomar la provincia prorrusa de Transnistria, en Moldavia.
Peligroso dedazo
Y, por último, está la posibilidad de que Putin ponga a su lado durante el desfile militar a Patrushev, para que la sociedad rusa sepa quién es su sucesor, en un futuro que podría ser cuestión de días.
Por eso “The Moscow Times” no dudó en rescatar las recientes palabras de Patrushev, a modo de advertencia de lo que les espera a los rusos, a los ucranianos y al mundo, si llega al poder.
Manifiesto mentiroso
En la extensa entrevista en “Rossiskaya Gazeta”, publicada el martes de la semana pasada, Patrushev acusó a Estados Unidos de apoyar con armas al gobierno de Volodimir Zelenski, como, según aseguró, hizo lo mismo con la Alemania nazi.
“En la década de 1930, Occidente no sólo no negó, sino que contribuyó activamente a la formación y crecimiento del poder del fascismo en Alemania. Todo el mundo sabe, por ejemplo, el caso de IBM. Fue en sus máquinas calculadoras que los nazis llevaron registros y planificaron los procesos de exterminio de personas en los campos de concentración”, declaró en una cadena de acusaciones sin fundamentos, como que EU lanzó bombas radioactivas sobre los serbios.
Por tanto, dijo, “como en su momento la Unión Soviética detuvo las ambiciones imperiales de Alemania, Rusia no permitirá que los actuales seguidores de Hitler intenten avanzar contra los pueblos eslavos”.
Rusia, faro de la moralidad
Patrushev dio un sentido casi mesiánico a la guerra en Ucrania al considerar que se trata de un combate entre la “democracia liberal y su retórica de los derechos humanos” y Rusia “que ha elegido la firme defensa de la identidad cultural y espiritual”.
“Nuestros valores espirituales y morales nos permiten seguir siendo nosotros mismos, ser honestos con nuestros antepasados, preservar el individuo, la sociedad y el Estado. Los europeos, por ejemplo, hicieron una elección diferente. donde el individualismo suprime el amor a la Patria y la paulatina extinción del Estado. Por eso, la civilización occidental no tiene futuro”, declaró convencido.
Ya en septiembre, Patrushev hizo estas declaraciones al corresponsal en Moscú de “The New York Times”:
"El colapso de la Unión Soviética le dejó libres las manos a la élite neoliberal occidental y permitió que le impusiera sus valores no tradicionales al mundo. Los padres y las madres están siendo renombrados como padre número 1 y padre número 2".
Tras ser cuestionado por estos valores occidentales, concluyó: "Quiere darle a los niños la posibilidad de elegir su sexo, y en algunos lugares llegan hasta el punto de legalizar el matrimonio entre humanos y animales".
Medio año después de estas delirantes declaraciones, Putin se dejó convencer por Patrushev de la necesidad de “desnazificar” Ucrania con lo mejor que saben hacer: la guerra.
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