
¿Cuántos adultos no desearían que sus problemas fueran los dilemas que tenían de niños: resolver una multiplicación, sentarse o no a lado de la niña que les gusta o portarse mal y tener un castigo predecible?, pero ¿a cuántos niños se les enseña a resolver conflictos? Ésas son preguntas que plantea la obra El niño que se comió la servilleta de su sándwich.
La puesta en escena, que se presentará todos los sábados y domingos de junio y julio en el Teatro La Capilla (Madrid 13, Coyoacán, CDMX), a las 12:30 horas, cuenta la vida de Rodrigo, un niño de sexto de primaria que es nuevo en la escuela y es molestado por Anselmo el Doctor No y Flor. A pesar de ello, Rodrigo tiene un refugio al que nadie entra: su imaginación.
“El planteamiento inicial es sugerir que la resolución a los problemas se puede hacer a través del ensayo-error. Esa sugerencia está planteada en la obra como un sueño en donde se pueden imaginar posibles soluciones para luego intentar echarlas a andar”, comenta en entrevista el director y dramaturgo Ricardo Rodríguez.
La obra inicia con una pregunta de Rodrigo: ¿enfermaré si me como un sándwich con todo y su servilleta? El protagonista busca faltar a la escuela y tener un fin de semana largo escuchando su música favorita. Sin embargo, su intento resulta fallido y debe afrontar las bromas pesadas del Doctor No.
Los temores e inseguridades de Rodrigo se narran con ironía en las voces de los actores Teté Espinoza, Sara Pinet, Hamlet Ramírez y Luis Eduardo Yee.
“La imaginación se pierde en la vida adulta. Sucede que los niños no tienen experiencia y por lo tanto imaginan mucho porque buscan resolver su carencia de contacto con las posibilidades, todo está en lo especulativo. Conforme crecemos, la experiencia nos da parámetros y lamentablemente la imaginación adquiere otro peso, se relaciona con lo pueril”, señala el dramaturgo.
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