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Aborto en Argentina: O gana el Papa o gana la marea verde feminista

Incertidumbre. La interrupción del embarazo será legal en el país austral si lo ratifica hoy el Senado, que votará en medio de manifestaciones masivas de mujeres, que exigen ese derecho, y tras escuchar a su compatriota Francisco comparándolo con crímenes nazis

Protesta por los derechos de las mujeres
Protesta por los derechos de las mujeres Protesta por los derechos de las mujeres (La Crónica de Hoy)

El aborto en casi toda América Latina no es un derecho, es un crimen. Durante el debate en Argentina sobre si se legaliza o no, que mantiene en vilo al país desde hace varios meses, el diputado Fernando Iglesias mostró a sus compañeros un mapa sobre el aborto en el mundo y les preguntó de qué color les gustaría ver a Argentina: “¿De rojo, como están Latinoamérica y África, donde hay más muertes en el mundo por abortos clandestinos; o de verde, como en Norteamérica y Europa, donde la tasa de muertes es la más baja?”. Los legisladores tuvieron que acercarse al mapamundi para distinguir tres puntitos verdes en medio de ese océano rojo latinoamericano: Cuba (legal desde 1962), Ciudad de México (desde 2007) y Uruguay (desde 2012).

Un día después de que Iglesias enfrentara a los legisladores al dilema, la Cámara de Diputados aprobaba la interrupción voluntaria del aborto hasta la semana 14. Ocurrió el 14 de junio, fecha que pasará a la historia de la lucha de las mujeres argentinas para que sus derechos sean reconocidos. Desde el interior del hemiciclo pudo oírse el rugido de decenas de miles de argentinas que con sus pañuelos verdes al aire festejaban en la plaza esta primera victoria. “Habrá un efecto imparable; la ley va a salir del Senado”, declaró eufórico al diario Clarín, el diputado Miguel Pichetto.

Sin embargo, ni el optimismo de Pichetto ni el sentido común de Iglesias ni la marea verde feminista podrían ser suficientes para quitarle la razón a Don Quijote cuando le dijo a Sancho Panza: “Con la Iglesia hemos topado”.

Un mensaje-bomba desde el Vaticano. El pasado 17 de junio tres días de que el aborto pasara su primer trámite en el Congreso argentino, el papa Francisco declaró que es un “homicidio de niños” y lo comparó con las “prácticas nazis para purificar la raza”, aunque ahora “con guante blanco”.

La Santa Sede dijo a la prensa que se trató de un “mensaje improvisado” de Francisco, ya que ese día tenía un encuentro con familias católicas. Sin embargo, es difícil de creer que no exista una relación causa-efecto entre la dureza de su mensaje y la posibilidad de que Argentina se convierta hoy en la primera potencia latinoamericana que legaliza el aborto, y que encima ocurra bajo el pontificado de un argentino.

Que Jorge Bergoglio trata de influir en el voto de los senadores parece más que evidente, si comparamos su exabrupto en el caso argentino, antes de que voten los senadores, y su clamoroso silencio, tras aprobar la católica Irlanda en referéndum la legalización del aborto, el pasado 24 de mayo.

Tan sólo dos días después de las duras palabras del Papa argentino, el sacerdote Rafael de Blanco declaró en una radio que el presidente Mauricio Macri debería ser excomulgado si el Senado legaliza el aborto este 8 de agosto.

 “Toda persona que participe directamente o favorezca la práctica del aborto queda automáticamente excomulgada. Lo dice el derecho canónico”, aseguró el cura De Blanco, reflejando así el malestar en la Iglesia argentina con el jefe de Estado, por haber permitido que el Congreso debatiera la ley al considerar que era una discusión que se debía a la sociedad argentina.

La valentía de Macri. El presidente Macri, católico practicante y contrario al aborto, advirtió, además, que no vetará la ley si es aprobada por el Senado, como lo pidió públicamente durante una homilía en la catedral de La Plata, el arzobispo Víctor Fernández, considerado un cercano al Papa.

Consciente de esta clara injerencia de la Iglesia en un asunto que concierne a dos poderes del Estado (el Legislativo y el Ejecutivo) y de la influencia que todavía ejerce el clero en la vida pública de esa nación sudamericana, la escritora Claudia Piñeiro lanzó una advertencia a los senadores hace una semana, durante la última jornada de audiencias en la cámara alta, antes de la votación: “Si ustedes me dicen que no pueden votar [para legalizar el aborto] porque el cura los reta, dedíquense a otra cosa”.

El temor de la escritora Piñeiro está fundado. Hace dos días, el grupo de Whatsapp de los senadores que rechazan la despenalización del aborto (bautizado como “Grupo Provida”) celebró el cambio de opinión de la senadora K (cercana a Cristina Kirchner) Silvina García Larraburu, quien anunció que votará en contra de la ley de interrupción voluntaria del embarazo.

Según el conteo realizado por Clarín, el “no” ya tendría asegurados 37 de los 72 votos del pleno de Senado, y no habría necesidad de que la vicepresidenta argentina, Gabriela Michetti, tuviera que romper el empate con su voto, lo que pondría en una posición incómoda al Ejecutivo de Macri.

Pero el verde es también el color de la esperanza, y la situación podría dar un vuelco.

En cualquier caso, la importancia de esta votación en Argentina (y el efecto que podría tener en Latinoamérica) llevó ayer al diario The New York Times a solidarizarse con las mujeres proaborto, pintando de verde la contraportada de su edición internacional, o a que la actriz y activista Susan Sarandon mandara el siguiente mensaje: “La criminalización del aborto no evita que las mujeres incurran en abortos; las fuerza a recurrir a lugares inseguros y clandestinos. Senadores: el mundo los está mirando. Denle a las mujeres el derecho de elegir”.

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