
Alrededor de 1.5 por ciento de la población mexicana presenta Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), el cual predispone a quien lo padece a tener conductas de riesgo para la salud como abuso de sustancias, amenazas suicidas recurrentes y automutilación, informó el jefe del área de Consulta Externa del Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez, José Ibarreche Beltrán.
El especialista precisó que entre el 76 y 80 por ciento de las personas con esta condición son del género femenino e inicia en la adolescencia o a principios de la edad adulta, cuando se define la personalidad del ser humano, como una forma de adaptación en la sociedad, por lo que es persistente e inflexible, es decir, forma parte del estilo de vida de los pacientes.
Asimismo, señaló que en el hospital este padecimiento se ubica como la tercera causa de atención en el servicio de consulta externa, con 19.3 por ciento en 2017, mientras que en el servicio de urgencias varía entre la segunda y tercera causa.
Ibarreche Beltrán explicó que quienes padecen del trastorno límite de la personalidad, se caracterizan por ser compradores compulsivos, mantener relaciones inestables, alteraciones en la imagen, y tener conductas temerarias, así como inestabilidad afectiva, reactividad en el estado de ánimo, sentimiento de vacío, falta de control de la ira y en ocasiones pueden presentar episodios de psicosis.
A pesar de que la sintomatología puede confundirse con la del trastorno bipolar, la principal diferencia es que éste se caracteriza por alteraciones emocionales episódicas, mientras que en el Trastorno Límite de la Personalidad, las variaciones se presentan desde que se forma la personalidad y de manera estable a lo largo del tiempo.
En cuanto al origen de éste, señaló que es multifactorial, ya que puede tener un origen genético, psicológico, social o biopsicosocial y la forma más eficiente de identificarlo es a nivel clínico, es decir en una consulta con un psiquiatra.
Para el tratamiento, es fundamental la psicoterapia y la participación de la familia, además de psicoeducación, rehabilitación y en algunos casos el uso de medicamentos.
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