
Las malas películas también ayudan a reflexionar. Traté de desconectarme viendo una chick flick, que en la jerga cinematográfica son comedias románticas y algunos incluso las definen como “cintas que están diseñadas para atraer específicamente a las mujeres”. Porque, como el estereotipo marca, a las mujeres nos gusta todo lo que tiene que ver con el amor idealizado, el melodrama y la cursilería. Son protagonizadas principalmente por mujeres y casi siempre los afiches son color rosa, aparece una pareja o un grupo de chicas.
Vi La propuesta de Año Bisiesto (Lap Year, 2010). La premisa es muy sencilla, una mujer estadunidense quiere casarse con su novio. Él no se lo ha pedido y llevan 4 años de relación. Hay una tradición en Irlanda que dicta que la mujer puede pedirle matrimonio al hombre cada año bisiesto. Su novio está en Dublín por un Congreso de Cardiología, así que toma un avión y se va a la ciudad para hacerle la propuesta. Hay una tormenta y no puede llegar a Dublín, arriba a un pueblo donde conoce a un irlandés guapísimo que atiende el bar, la hostería y también es taxista. Así que pide que la lleve a Dublín. Y obviamente, ya se sabe en qué termina todo.
Mientras veía ese cliché de película, no podía dejar de pensar en que Anna (la protagonista) tuvo que viajar a otro país, arriesgarse y pasar peripecias, todo por salirse de la norma que establece: el hombre es quien debe proponer matrimonio. Es parte de su castigo por violar las reglas y ser un personaje activo y no pasivo, como casi siempre son las mujeres representadas en las pantallas.
Hubiera sido más sencillo esperar a que el novio regresara, hablar con él y proponérselo. Pero entonces, no sería una historia romántica de adversidades, ni al aparecer un buen material para un filme. No hubiera encontrado realmente al amor de su vida, que conoció durante tres días. Con el que ni siquiera tuvo sexo y un beso fue suficiente para tirar una relación de 4 años. Sí, la película es malísima, pero es un claro ejemplo del cine hollywoodense que se exhibe en las salas cinematográficas de todo el mundo.
Se reproducen estereotipos femeninos. La loca por las bodas tiene un libro desde que era pequeña con las flores, la música, el vestido, el lugar, sólo le falta conseguir un marido u obligar al actual novio a casarse. Es mejor si es rubia y le gusta vestirse de rosa.
La solterona es cínica, divertida, sarcástica, inteligente, exitosa en el ámbito profesional, pero sueña —a veces, en secreto— con casarse y formar una familia. Porque “ninguna mujer puede estar completa, sin amor e hijos”. Casi nunca es la protagonista, es la amiga o enemiga de la rubia perfecta. Y gracias a ella se ven las consecuencias de ser una mujer independiente, le cuesta más trabajo encontrar el amor.
Estereotipos masculinos. Galán, caballero y exitoso. Prefiere estar con sus amigos y ver deportes que organizar la boda. Antes era mujeriego, pero encontró el amor, se redime y se vuelve monógamo.
No todas las comedias románticas son malísimas, hay algunas que destacan por ser subversivas y tratan de romper con esos estereotipos. Pero la gran mayoría transmite la idea de que la mujer sólo puede construir una vida feliz a través del matrimonio. Mientras que los hombres tienen otros elementos, por ejemplo, su éxito profesional no es barrera para encontrar el amor. Su amistad no se basa en la envidia. Ni toda su vida gira en torno a su boda.
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