Escenario

Cine documental en México: Panorama actual de esplendor y nueva búsqueda

Segunda Parte. Cineastas como Tatiana Huezo, Everardo González, Juan Carlos Rulfo y Lorenzo Hagerman comparten su visión sobre la cinematografía actual del género que está entre la celebración y las carencias de exhibición

El escritor chileno Roberto Bolaño
El escritor chileno Roberto Bolaño El escritor chileno Roberto Bolaño (La Crónica de Hoy)

El cine documental indaga la realidad, plantea discursos sociales, representa historias particulares y colectivas, se constituye en archivo y memoria de las culturas pero tiene infinitas formas de hacerlo. El amplio abanico de filmes documentales en la actualidad mexicana permite una indagación histórica de las cualidades de lo filmado y sus perspectivas futuras.

Como ya lo mencionamos en la primera parte de este especial, fue con la cinta Del olvido al no me acuerdo (1999), de Juan Carlos Rulfo, el cual se dio inicio a una era privilegiada en cuestión de calidad en cuanto al cine documental en México. El género, junto con toda la generación del nuevo cine mexicano en lo que va del siglo XXI, tuvo que sortear las carencias económicas de los primeros años pero con el tiempo ha alcanzado a tener un potencial que destaca en todo el mundo.

“De un tiempo para acá siento que hay una especie de banda que ha estado haciendo sus proyectos muy personales pero con una gran proyección de exploración de la realidad que hace ver cosas que antes no veíamos. El cine de ficción no lo está explorando así, está muy desnutrido e insípido frente a esas propuestas”, expresó Juan Carlos Rulfo en entrevista.

A partir del 2010, la producción de documentales ha crecido considerablemente. Ese año se llegaron a realizar un total de 39 filmes, para el 2011, se alcanzó la cifra de 38, luego en 2012 de 34; en el 2013 de 30 y luego un repunte en el 2014 que llegó a 45, en el 2015 de 50 y el record histórico llegó en el 2016 con 66 filmes de los 162 filmes que se produjeron en total.

“Es un momento muy luminoso para el cine documental. Yo me fui de México a estudiar un posgrado de documental hace algunos años. Hace casi 15 años cuando me fui, ya trabajaba en la industria y se hacían 8 películas al año, financiadas por el estado, sin contar unas más pequeñas de corte independiente como las de nosotros. Yo creo que gracias a esas carencias aprendimos a hacer cine con nada y una forma de producción que es una herencia de los pocos financiamientos”, destacó la cineasta Tatiana Huezo, en entrevista con Crónica, quien es la reciente ganadora del Ariel en la categoría documental, por Tempestad y que además se convirtió en la primera mujer en ganar el premio de Mejor Dirección.

“Pertenezco a una camada que le dio empuje a un montón de gente (…) Fue una generación que coincidió con la revaloración del documental en México gracias al video, eso nos dio mucha libertad, además que había una crisis de contenidos en el cine de ficción con la llamada comedia condesara,  y nosotros lo aprovechamos”, añadió en su momento Everardo González, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), cuya ópera prima, La Canción del Pulque, de 2003, ganadora del Ariel.

Después de este filme Everardo se convirtió en el más destacado documentalista mexicano de la generación con trabajos excepcionales como Los ladrones viejos (2007), Cuates de Australia (2011), El Paso (2016) y recientemente con su dolorosa pero necesaria cinta testimonial La libertad del diablo (2017). Con tal autoridad, el realizador habla de la carencia de espacios para la exhibición del cine documental.

“Hemos visto sobre todo en los últimos años que el documental se convirtió en un gran vocero ideológico; cuando la empresa privada es afín a ese discurso la película va a tener más posibilidades: léanse los casos de Presunto culpable, el mismo De Panzazo o Hecho en México, producido por Televisa, los demás no existen en las salas”, criticó el director.

“Hay muchos cineastas que están generando obras, películas y contenidos ricos a todos los niveles, ya sea narrativo y estético, hay una diversidad de voces y una diversidad de público que espero que no se detenga. Todo el tiempo el cine está en riesgo de callarlo, cortar los financiamientos y espacios. La cultura siempre ha sido uno de los ámbitos más lastimados”, apuntó Tatiana Huezo.

En México hay dos festivales que se han vuelto una de las principales plataformas de exhibición del género documental, por un lado el Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México (DocsDF) y por el otro Ambulante Gira de Documentales, iniciado por Gael García Bernal, Diego Luna y Pablo Cruz en el 2005.

“Tanto el volumen de las producciones comerciales que se llevan a cabo anualmente, como la calidad de las mismas, gozan de una extraordinaria salud, y de este modo el espectador empieza a voltear la cara hacia este género que generalmente mucha gente asocia a programas de naturaleza, de historia, etc.”, dijo en una entrevista Inti Cordera, Director Ejecutivo de DocsDF.

Por su parte, Elena Fortes, quien fue Directora General de Ambulante, celebró las distintas perspectivas que hay sobre el género: “Ante toda la controversia que hay de la proliferación de la manipulación, sobre todo en los medios del mainstream, el documental ha jugado un papel muy importante porque ofrece diferentes puntos de vista o distintas perspectivas, en algunos casos imágenes que no encontramos en ningún otro lado”, dijo.

Por su parte, Claudia Curie, coordinadora junto a Abel Muñoz (director editorial de la Revista Icónica) del libro Reflexiones sobre cine mexicano contemporáneo documental, comentó sobre el impacto que han llegado a generar las cintas mexicanas de los últimos años, “el cine documental genera experiencias concretas y situaciones palpables sobre muy diversos temas. Los autores y su estilo propio son quienes han diversificado y dado fuerza al género, hoy atendido por un público muy nutrido que cada vez más lo sigue e incluso lo toma como parte de su propia voz”, dijo.

En este contexto, vale la pena mencionar que el escritor Ricardo Poetry, en su artículo La ética en el documental mexicano, expresó hizo un listado de cuatro dilemas éticos que tiene el cine documental mexicano en la actualidad que muchos realizadores han sabido sortear con resultados impecables:

El primero es el riesgo de que este género se convierta en un “vocero ideológico” de intereses dominantes; el segundo es que los directores tienen la obligación ética de hacer manifiesta esta visión y, de acuerdo con ella, poner de relieve contradicciones, problemáticas y contrastes; el tercero el respeto a las personas que aparecen en un documental sin vulnerar la libertad de expresión; y el cuarto la necesidad de contextualizar de manera amplia las interacciones sociales que enmarcan una realidad determinada, con una mirada crítica e independiente, sin importar cuáles sean sus fuentes de apoyo o financiamiento.

Los cineastas Hatuey Viveros y Lorenzo Hagerman estrenaron este fin de se mana sus más recientes filmes, el primero Café, una cinta hablada en náhuatl en torno al duelo de una familia de la sierra poblana y el segundo Aquí sigo, que es una carta de amor a la longevidad. Ambos cineastas también compartieron con Crónica su percepción sobre el cine documental actual.

Viveros apuntó las ventajas que tiene el documental sobre la ficción, “me parece que el documental es como un sistema más manejable según posibilidades, mis recursos y mi personalidad. En la ficción trabaja mucha gente y para que una idea se ejecute, se necesita mucha gente y tiene como un proceso. Siento que es más burocrática la ficción desde cómo pasa todo desde la idea a la pantalla”, dijo.

“El cine de ficción tiene un mecanismo que ya funciona per sé, pero que tienden a caer en resultados muy pobres en términos de verosimilitud, con sus honrosas excepciones. No todo el documental es maravilloso, sino que todos van encontrando su lenguaje. Como en la literatura, en la ficción está la novela y el cuento, mientras que en el documental cabe el ensayo, la prosa poética y otras cosas. Creo que el documental permite mayor profundidad de exploración personal”, destacó.

Finalmente, Lorenzo Hagerman explicó que espera que para que el buen momento del cine documental se pueda ver reflejado en la conexión con a audiencia, es necesario tener aliados como la televisión: “Para que un documental llegue a salas de cine requiere un esfuerzo tremendo. Existen incentivos fiscales, pero se necesitan más ventanas, no podemos estar sin los escalones intermedios entre salidas a salas de cine o quedarte en YouTube”, expresó.

“Una de las grandes deudas es el no tener una televisión pública nacional lo suficientemente fuerte, tenemos una por cada estado pero todas muy pequeñas o muy locales. La televisión pública sería el universo natural del documental, porque lo es en muchos países del mundo como en Europa, que coproducen y los fondos del estado para el desarrollo  de espacios, sería su espacio natural. Si ya hay televisoras con fondos públicos y necesitan contenidos, ahí hay algo que no funciona en el sistema de exhibición”, concluyó.

Everardo González

Tatiana Huezo

Juan Carlos Rulfo

Eugenio Polgovsky (falleció el pasado 11 de agosto)

Natalia Bruschtein

Nicolás Echevarría

Jacaranda Correa

Lucía Gaja

Alejandra Sánchez Orozco

Mercedes Moncada

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