
Académicos de la Universidad Iberoamericana diseñaron un módulo sanitario “integral y productivo”. Cuenta con un sanitario seco, área para baño, capta agua de lluvia, recicla las aguas grises, consta de un huerto productivo y elabora composta para fertilizar la tierra.
De acuerdo con sus diseñadores, el prototipo permite todos los usos de un módulo sanitario, además de tener un elevado ahorro de agua, de entre 10 mil y 15 mil litros al año, lo que en promedio gasta una persona por descargar el inodoro.
Los prototipos de dos tipos diferentes del módulo serán instalados en Oaxaca este verano en comunidades rurales a las cuales los estudiantes viajaron para armar los sanitarios junto con la comunidad, como parte del servicio social de los estudiantes de la Licenciatura de Arquitectura.
El primero de los módulos servirá para impartir a la comunidad talleres sobre su funcionamiento adecuado y el manejo sustentable del agua; para ello será colocado en el Instituto Tonantzin Tlalli (en Ejutla de Crespo), que es el centro ecológico del Grupo para Promover la Educación y el Desarrollo Sustentable (Grupedsac), asociación civil que tiene un vínculo de colaboración con el Departamento de Arquitectura de la Ibero.
El segundo prototipo del módulo sanitario se va a levantar en Chepeginio, para el uso de las familias que viven en extrema pobreza en ese pueblo del municipio de Coatecas Altas. Su construcción se efectuará en conjunto con la comunidad, la cual determinará las modificaciones pertinentes al módulo para su completa integración al sitio y los patrones culturales de los pobladores.
El módulo también capta el agua pluvial, que almacena en una especie de aljibe (pozo de agua), de donde se obtiene el líquido para la limpieza corporal. Las aguas grises (residuales de la ducha y lavado de manos) son tratadas con piedras y grava, para reusarse en el riego de un huerto productivo a pequeña escala, colocado en la base del módulo, a ras de piso.
En la edificación de los dos módulos también participarán los habitantes de ambas comunidades, quienes serán capacitados en su construcción y funcionamiento, para que en el futuro ellos mismos puedan producir sus propios módulos. Para tal efecto, los estudiantes universitarios editaron manuales constructivos bastante específicos, en los que describen gráficamente todos los pasos del armado y las diferentes variantes que éstos pueden tener.
Los prototipos de los dos módulos fueron construidos con materias primas de la región oaxaqueña, como carrizo y madera; pero también se pueden usar materiales residuales, reciclados o sobreciclados. De esta manera realmente se posibilita a la gente replicar los sanitarios, al no tener que depender de insumos industrializados que deben adquirirse en la ciudad, lo cual a veces es imposible para ellos, debido a los costos de traslado y del propio material. Incluso dichos materiales industrializados no responden a las técnicas locales constructivas de estas comunidades rurales.
Ambos módulos están diseñados para funcionar y mantenerse en perfectas condiciones hasta por 20 años –con un óptimo mantenimiento– en ambientes de clima cálido-seco. Además al tener ciertos elementos intercambiables, su estructura puede adecuarse a diferentes regiones del país.
El curso busca detonar en los alumnos un sentido de responsabilidad social, al utilizar a la arquitectura como un instrumento de cambio, mediante la realización de proyectos de pequeña escala a tamaño real, insertos en alguna comunidad o lugar desfavorecido económica y socialmente.
El taller impulsa proyectos que buscan la regeneración del medio ambiente y del tejido social, por medio de un vínculo entre los saberes locales de las comunidades y el conocimiento técnico de los profesionistas, conocimientos que se integran y están en constante retroalimentación.
Los estudiantes de la Ibero fueron coordinados por los maestros Jesica Amescua Carrera y Juan Casillas Pintor, profesores del Departamento Arquitectura de la Ibero
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