
Sí, Hermila Galindo ya era una feminista convencida cuando entró al círculo cercano al Primer Jefe, don Venustiano Carranza. Se sabe que en 1915, cuando se encontraban en el puerto de Veracruz, dio una conferencia: “La reivindicación de la mujer mexicana”. Con el apoyo de Carranza, y con recursos del constitucionalismo, Hermila inició una gira por las ciudades más importantes del país, para hablar sobre el tema. La estrategia consistía en hacer esta presentación, conocer a los liderazgos femeninos de la población, especialmente a las profesoras, y promover la creación de clubes feministas.
¿Qué decía Hermila en aquellas conferencias? Uno de sus conceptos esenciales era “La Mujer Fuerte”, y aspiraba a “despertar a la mujer para que sea un elemento útil a su patria, a su pueblo y a ella misma”. Claro que no despegaba su discurso del movimiento constitucionalista, porque también proclamaba que esa nueva utilidad de las mujeres mexicanas serviría como ejemplo, para el mundo entero, de “la consagración al culto de la civilización y los derechos del hombre, proclamados y sostenidos por la más noble y más justa de las revoluciones en México”.
En ese largo viaje, Galindo no sólo habló de feminismo: dio charlas acerca de la revolución constitucionalista, acerca de la personalidad de Venustiano Carranza, y también habló de sindicalismo.
El primer punto de su gira fue Yucatán. Se sabe que estuvo en ocho poblaciones, incluyendo Mérida, y al menos en tres de esos lugares se fundaron asociaciones feministas. Después proseguiría su viaje por Campeche y por Tabasco. En algunas ocasiones fue criticada, porque su militancia constitucionalista incomodaba a algunas personas. Pero Hermila siguió adelante.
En septiembre de 1915 estaba de regreso en la ciudad de México, para dar a conocer el primer número de la revista que dirigió, “La Mujer Moderna”, que llegó a ser bastante conocida en los círculos del feminismo de aquellos años. Con la publicación, escribió, deseaba elevar el espíritu de las mujeres del país, “a la altura de su deber y su derecho, para que no permanezca más tiempo impasible ante la solución de los más trascendentales problemas sociales y políticos, que afectan tanto al hombre como a la mujer, que es su compañero e igual”.
Si hacemos caso a la correspondencia que “La Mujer Moderna” comenzó a recibir, muy pronto empezó a ser solicitada en diversos puntos del país: Tabasco, Yucatán, Oaxaca, Veracruz y varios estados más.
Era noviembre de 1915 cuando Hermila Galindo puso el punto final a una ponencia con la que deseaba participar en un congreso feminista que se desarrollaría en Yucatán, auspiciado por el gobernado Salvador Alvarado. Planeado originalmente para desarrollarse del 17 al 23 de diciembre de 1915, el Primer Congreso Feminista terminó por desarrollarse en enero de 1916.
No sabemos si Hermila Galindo vislumbraba la fuerte polémica que iba a desatar con ese trabajo, que tituló “La mujer en el porvenir”.
La ponencia contenía ideas que resultaban completamente radicales aún para algunas de sus correligionarias, porque Hermila era partidaria de la vida en pareja sin matrimonio de por medio, y porque no vacilaba en decir que la maternidad era una elección de las mujeres.
De por sí, algunas de las rondas de discusión de aquel primer Congreso estuvieron llenas de polémicas. Como el encuentro estaba auspiciado por el gobierno de Salvador Alvarado, eran 700 las asistentes al Teatro Peón Contreras de Mérida, y muchas de ellas eran profesoras. Uno de los grandes debates se centró en la pertinencia de que las jovencitas recibieran educación sexual. En su texto, Galindo criticaba a las madres de familia que, por no “abrir los ojos a sus hijas”, ni siquiera les hablaban de la menstruación o de “cuidados higiénicos”. Su ponencia atacaba, directamente, al modelo femenino, frágil e impresionable, que tan romántico le había parecido a los mexicanos de los últimos años del siglo XIX: “Las madres que tal hacen contribuyen a la degeneración de la raza, porque esa mujer linfática, nerviosa y tímida, no puede dar hijos vigorosos a la Patria”.
Era inevitable que el texto de Hermila causara molestia en un encuentro donde, al mismo tiempo que se discutían ideas muy de avanzada, había quienes criticaran el que las mujeres hicieran estudios, porque eso “impedía los casamientos”.
Incluso, hubo intentos para bloquear la lectura de la ponencia de Hermila, porque “La Mujer en el Porvenir” también reclamaba que se dejara de ver a la mujer como un “ser asexuado”, y a la maternidad como un destino ineludible. Planteó que el “amor libre” fuera de la institución matrimonial debería considerarse como una opción socialmente aceptable. Por afirmaciones como estas, además de sus elogios a la nueva ley de divorcio promulgada por Venustiano Carranza, no faltaron, entre las propias congresistas, quienes calificaran la ponencia como “inmoral”.
Críticas y ataques no le faltaron en aquella aventura política. Se dijo que, cuando mucho, votarían por ella “una veintena de hombres”, pero que, eso sí, sería seguida por “una romería de viejas”. Ella respondía citando a numerosas mujeres ilustres por su trabajo intelectual o político, y ofreciendo que, si fuese electa, promovería cambios a las leyes para mejorar los horarios de trabajo de las mujeres y la posibilidad de que pudieran heredar y administrar bienes sin la “tutela” de un varón.
Cuando Venustiano Carranza cayó asesinado, en mayo de 1920, Hermila ya había sido, incluso, representante diplomática del gobierno del otrora Primer Jefe. La llegada de los generales sonorenses a la presidencia la alejó del primer círculo del poder, pero se mantuvo en el activismo feminista hasta que se casó —paradoja— y se retiró a la vida privada. Pero había dejado huella en la historias de las mujeres mexicanas. Murió en 1954, un año después de que, por fin, en este país, las mujeres pudieron votar.
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