
Al pie de una tumba del Panteón San Efrén, en Ecatepec, Estado de México, Mayra González compartió a Crónica, cómo por amor y su sólida hermandad tuvo que aprender a investigar, hacerse de contactos, y a entrelazar casos, hasta realizar el lamentable hallazgo de la osamenta de Gloria Sintia Saldaña González, su hermana menor, quien despareció el 20 de agosto de 2016, en la región de Xicotepec, Puebla.
Sintia, de 40 años, desapareció junto con su camioneta Ford Escape 2001, sin dejar rastro y fue hasta un año y medio después que fueron encontrados los restos de su cuerpo. Todo indica que, si las autoridades hubieran emprendido la búsqueda expedita de Sintia, muy probablemente ella aún se encontraría viva, pero no fue así.
Si Mayra, su hermana, no hubiese emprendido por su cuenta la investigación, Gloria Sintia se encontraría hasta ahora en calidad de desaparecida.
El día 21 de agosto, a un día de su ausencia, Mayra fue enterada de la desaparición de su hermana, después de que Luis Hernández González, esposo de Gloria Sintia, preguntara a su hermana si se encontraba con ella en la Ciudad de México. Asímismo, amigas cercanas a Sintia se intentaron comunicar con ambas.
El marido de Sintia presuntamente se encontraba en Mérida, Yucatán, cuando ocurrió la desaparición.
Griselda, la amiga que ayudaba a Sintia en el cuidado de sus perros y quien tenía acceso a su casa, aseguró que la hermana de Mayra daba indicios de que volvería, ya que solía mantener todo en su lugar, y en aquella ocasión, dejó un par de sandalias sobre un sillón, no llevaba maletas consigo, y no habló sobre pasar días fuera de Xicotepec.
La amiga de Sintia, en una llamada telefónica le confesó a Mayra que temía por la vida de su hermana, ya que había escuchado que Sintia saldría con un desconocido, de quien sólo sabía que se llamaba Luis N. y había escuchado que era chofer de pasajeros de la línea ATHA ruta Xicotepec-Puebla y quien más tarde se cambió para trabajar en los autobuses ADO. Otro de los datos que conocía es que vivía en Venta Grande, poblado del mismo municipio.
Según el testimonio de Griselda, su hermana iría junto con el chofer a la feria de Tulancingo a un concierto de la cantante Gloria Trevi. Una falla en el teléfono de Mayra hizo que el esposo de Sintia escuchara la conversación telefónica.
A pesar de los reclamos de la posible infidelidad de Sintia, a su hermana le extraña que su cuñado no hiciera ni lo mínimo por encontrar a su mujer —inclusive tuvieron que obligarlo a rendir declaración.
Algo muy extraño en el caso de mi hermana, agrega, es que él antes la protegía mucho, pero cuando desapareció, nunca la buscó. No quiso reclamar la camioneta como robada y su hermano cambió las chapas de la casa antes de que la policía fuera a inspeccionar.
Mayra inclusive señala que la casa no se encontraba como Griselda señaló.
Un día después de saber la noticia, Mayra y Reynaldo, su marido, se dirigieron a Xicotepec, y junto con Griselda emprendieron la búsqueda de Sintia. Pensando en un posible accidente buscaron en hospitales y con policías de caminos. No tuvieron éxito. En el trayecto, Griselda recibió la notificación sobre el hallazgo del cuerpo de una mujer.
Al llegar a Semefo, Mayra entró en un grave ataque de nerviosismo cuando le mostraron fotos de la mujer que había sido encontrada, por lo que Reynaldo decidió entrar a identificar el cadáver. El cuerpo que yacía sobre la plancha metálica era una mujer que había perdido la vida tras ser degollada, pero no se trataba de Sintia.
—Si hubiéramos encontrado el cuerpo de mi hermana habría sido muy fácil identificarla porque en el cuello tenía un tatuaje en el lado derecho con la forma de un atrapasueños, en el hombro del mismo lado un colibrí, y en el coxis una mariposa.
Luego de saber algunos de los datos de Luis N. se dirigieron al pueblo de Venta Grande, una pequeña región donde fueron guiados por los pobladores hasta la casa del chofer. Después de aquel día Mayra fue consciente de que los pobladores intentaban advertirles algo:
—Nos guiaron y dimos con su casa, pero cada que nos daban una indicación, la gente nos decía que no querían problemas. Tengan cuidado—, le repitieron varias veces.
Al llegar a la casa del chofer fueron recibidos por la madre, la tía y el hermano de Luis N que llegó posteriormente.
El ambiente se tornaba tenso a cada minuto. Con cada pregunta la familia negaba, y en un momento, Mayra se percató que el hermano del chofer se encontraba tomándole fotografías con su celular. Al cuestionarle, el hermano le dijo que era para que Luis N. supiera quien la estaba buscando, por lo que Mayra pidió que se lo comunicaran.
Luis N. negó todo el tiempo conocer a Sintia, pero concluyó en que, sí conocía a Gloria, y que el único trato que tenía con ella era porque iba a venderle un celular.
Cada vez se sentían más inseguros en un entorno que se tornó en amenazas, por lo que Mayra, su esposo y Griselda, tomaron la camioneta y salieron de ahí, pero no iban solos, a cierta distancia la familia de Luis N. comenzó a perseguirlos mientras les tomaban fotografías.
—No sabíamos si traían armas o la razón por la que nos perseguían. Nuestra camioneta se detuvo por una falla, pero pudimos volverla a arrancar y dimos vuelta de inmediato hacía otra carretera…
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