Escenario

Juego del terror: El espectáculo sangriento y la crítica al morbo

(La Crónica de Hoy)

Hace poco más de una década, cuando James Wan aún era un desconocido, el cineasta de origen malayo estudiaba Audiovisuales en el Melbourne Institute of Technology, en Australia. Fue ahí donde filmó junto a su colega Leigh Whannell un cortometraje que se llamó Saw (2003), y que fue el que le abrió las puertas del cine a nivel mundial, pues con él le dieron la vuelta al mundo para convertirla en un largometraje que comenzaría a poner de moda un estilo de terror.

Más allá del caso de Wan, el efecto provocado por el éxito del cortometraje fue importante en la cinematografía australiana porque con él llegaron una serie de filmes de calidad que se han colocado a buen nivel internacional desde Wolf creek (2005), de Greg McLean, hasta el caso del fenómeno mundial de The Babadook (2014), de Jennifer Kent. A este grupo se suma una muy interesante propuesta llamada Scare Campaign, dirigida por los hermanos Cameron y Colin Cairnes, que llega este fin de semana a México con el mal y simplón título en español de Juego del terror.

Y es que Australia se ha convertido en un lugar en el cual los realizadores pueden explotar diferentes tipos de ideas sin tanta presión comercial. La historia de esta cinta se basa en un programa de televisión de bromas llamado Scare Campaign, el cual había sido un fenómeno del entretenimiento porque asustaba a víctimas a la vieja escuela y los grababa en cámaras ocultas. Pero las nuevas tecnologías han puesto en jaque a la televisión convencional con el internet, pues los productores descubren que ha surgido una serie vía streaming que hace que su programa parezca anticuado. El equipo creativo de Scare Campaign tendrá que ingeniárselas para competir con las nuevas formas de entretenimiento.

Bajo esta premisa es que se desarrolla Juego de terror. Una película más oscura y madura en su forma y trasfondo de lo que los hermanos Cairnes nos habían presentado hace cuatro años con su ópera prima 100 Bloody Acres, celebrada entre los amantes del gore. Una de las cosas más interesantes es la flexibilidad de su argumento para poder desenvolverse primero en el terror puro con el manejo de un humor negro que se maneja muy bien con un falso suspenso, para luego convertirse en un interesante survival en el cual nos presentan una serie de escenas bastante sangrientas.

La película va aumentando de nivel emocional con el pasar del tiempo y después de un primer acto, que se vuelve una burla al cine de terror convencional, un segundo acto, que se burla de sí mismo, hay una tercera parte, que es el cierre del filme, que se convierte en la pirotecnia de vísceras y violencia extrema, que cobran un mayor impacto gracias a los giros de tuerca que tiene el guion de los cineastas.

Es una de las gratas sorpresas del año. Nuevamente de Australia. Lo más emocionante de esta película es que además de ser un espectáculo de terror también tiene un trasfondo crítico en torno al morbo de las audiencias, sobre el voyerismo enfermo y los niveles a los que puede llegar la ambición por la fama y el protagonismo. Una película altamente recomendable.

Director: David Leitch (Estados Unidos, 2017)

Otra agradable sorpresa de la cartelera. Cuando se dieron a conocer los primeros avances habíamos tenido la duda de qué tan similar sería a otros personajes femeninos de acción, especialmente comparado con el personaje de Lucy (2014). La sorpresa fue que el filme tiene una mayor referencia en su forma y personaje al de otro filme de Luc Besson que es aquel emblemático personaje de Nikita (1990), desde la parte argumental al estilo. Atómica es una crónica de un caso de espionaje. Nos ubica en un contexto realista entorno a la caída del muro de Berlín a finales de los años 80, cuando un agente encubierto aparece muerto porque trataba de hacer llegar a Occidente una lista con los nombres de otros agentes que trabajan para Berlín oriental. Ahí aparece la espía Lorraine Broughton (Charlize Theron), quien tiene la misión de encontrar la dichosa lista, enfrentándose a varios asesinos, espías y una encrucijada de poder. David Leitch, quien fue codirector de Otro día para matar (2014), nos ofrece un sorprendente thriller de acción en el cual explota lo mejor de Charlize Theron que pudimos ver en su emblemático personaje de Furiosa, en Mad Max, pero también con un excelente manejo de giros argumentales y técnicos como un extraordinario plano secuencia. Sin duda, una gran opción de la cartelera.

Director: Sarik Andreasyan (Rusia, 2017)

El tema de las expectativas y lo que pueden llegar a vender los tráilers y avances de películas es un arma de doble filo. En el caso de Guardianes con un resultado deplorable. La película llegó con el estandarte de ser la competencia rusa de filmes como Los Vengadores y La Liga de la Justicia, sin embargo es decoroso decir que no tiene ni siquiera de competir con Los Power Rangers… de los años 90… Una organización de nombre Patriot crea un escuadrón de seres superpoderosos durante la guerra fría. Estos héroes, procedentes de diversas partes de la república soviética, se ven obligados a esconderse durante años, hasta que un buen día se ven obligados a volver a la acción. El motivo: detener a su creador. La forma: de lo más ridículo posible. Es una película que no tiene siquiera una noción clara sobre lo que podría ser importante de su propia historia, y toma (de manera pésima), elementos de muchas películas, cómics y series estadunidenses para revolverlos en una película que no tiene ni siquiera la más mínima preocupación por ser veraz o tomarse en serio. Actuaciones forzadas, que incluso los niños se burlarían de ellas; diálogos de libro de autoayuda; nada sale bien en esta película. Casi me hace pensar que Los Vengadores es una película de arte.

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