Cultura

“La música que habitaba el interior de Beethoven nunca conoció el silencio”

Fue un innovador y antes de dejar de percibir los sonidos del mundo, creó toda una revolución que cambió radicalmente la forma de componer, señala Guillermo Cuevas Mora

Estatua de Beethoven en Viena
Estatua de Beethoven en Viena Estatua de Beethoven en Viena (La Crónica de Hoy)

A pesar de las influencias y los mecenas que tuvo Ludwig van Beethoven (Alemania, 1770- Austria, 1827) su genio era imposible de ignorar a tal grado que la Revolución Francesa tuvo otra revolución a la par: la beethoveniana. Crónica presenta una entrevista con Guillermo Cuevas Mora, músico y maestro de la Universidad Veracruzana, con motivo de los 250 años del nacimiento del compositor alemán nacido en Bonn.

El especialista que a inicios de este año dedicó su ciclo Música y Literatura a Beethoven, despeja dudas sobre la biografía del compositor que a sus 17 años viajó a Viena donde tuvo un breve encuentro con Mozart, sin embargo, la muerte de su madre y la depresión de su padre hicieron que el músico regresara a Alemania para hacerse cargo de sus hermanos.

— ¿Cómo influyó Mozart en Beethoven?

— Si entendemos la historia de la música como un desarrollo coherente de esas cualidades que llamamos estilos, y que por supuesto permean durante todo un período y dentro de grupos sociales determinados, es claro que el éxito, o mejor dicho, que el ejemplo de Mozart, fue una influencia muy poderosa en la vida de Beethoven.

“Pero si atendemos a los testimonios, no carentes de especulación, y los datos que se tienen sobre su infancia, queda claro que el ejemplo de Mozart, como niño y adolescente prodigioso, debió influir mucho más en los deseos del padre de Beethoven por exponer al público el innegable talento musical de su hijo, con la idea de alcanzar un prestigio que pronto lo llevara a mejorar una situación familiar siempre amenazada por carencias materiales”, responde.

En las semblanzas de Beethoven aparecen nombres de mecenas que impulsaron los viajes del genio de Bonn a Viena.

“En la perspectiva que nos permiten los dos siglos y medio transcurridos desde el nacimiento de Beethoven, podríamos afirmar que tal vez el mecenas (o promotor, diríamos hoy) que mejor alentó su carrera durante sus años juveniles fue el conde Fernando Waldstein, quien, gracias a su gran afición por la música y sus nada despreciables conocimientos, supo intuir el genio de Beethoven mejor que sus contemporáneos”, explica Cuevas Mora.

Sin embargo, ese genio fue poco a poco reconocido por un público cada vez más numeroso, que lo mantiene siempre en primer plano. “Sencillamente, se trataba de un genio no era imposible ignorar”, añade.

— La Revolución Francesa ¿cambió el trabajo de Beethoven?

— La Revolución francesa y la Revolución beethoveniana aportan significados llenos de coincidencias en cuanto aparecen como acontecimientos que modificaron radicalmente sus respectivos campos de acción.

“Hay que tener presente que los años transcurridos entre la toma de la Bastilla y la coronación de Napoleón Bonaparte como emperador, es decir, entre 1789 y 1804, son en los que Beethoven pasa de la asimilación de los estilos de Haydn y Mozart a la declaración de su propia independencia como creador, y que siempre manifestó su coincidencia con los ideales revolucionarios”, destaca.

— ¿Por qué la situación política, como la derrota de Napoleón Bonaparte, significó un reconocimiento de la obra de Beethoven?

— Hoy resulta evidente que el reconocimiento de Beethoven nunca iba a depender de los triunfos o las derrotas de Napoleón, o de cualquier otro emperador, rey, santo papa o presidente de cualquier república.

Pero tomando en consideración muchos de los acontecimientos que ocupaban la vida diaria en la Viena de los primeros años de la segunda década del siglo XIX, “un reconocimiento”, en este caso inmediato y muy comentado, de una obra particular de Beethoven se dio con el estreno, en diciembre de 1813, de la pieza orquestal llamada Victoria de Wellington o La batalla de Vitoria”, menciona el investigador.

Cuevas Mora detalla que la obra fue escrita por sugerencia del inventor del metrónomo, Johann Nepomuk Maelzel, para celebrar la victoria que tropas británicas, españolas y portuguesas al mando de Sir Arthur Wellesley (futuro duque de Wellington) obtuvieron sobre los ejércitos de Bonaparte en las cercanías de la ciudad de Vitoria en el país vasco.

Esta composición, agrega, ha sido calificada por el musicólogo Carl Dahlhaus como “la parodia final y el punto más bajo del estilo heroico de Beethoven” y fue recibida por el público vienés con gran aprobación e interminables aplausos.

“Pero su autor sabía que no pasaba de ser una especie de broma musical, especialmente condimentada con marchas, tambores e imitación de disparos para complacencia y regocijo de la mayoría de los oyentes”, explica.

Un pasaje muy conocido de la vida de Beethoven es la sordera que padeció, afectación que no detuvo su carrera.

“La sordera de un músico, y más todavía, de uno de la magnitud de Beethoven, siempre se ha visto como una de las invenciones narrativas del destino más crueles de que tengamos noticia, pero no siempre se manifestó en obras que proyectaran solamente ese dolor, esa desesperación o esa tristeza”, señala Cuevas Mora.

Baste recordar que obras como la “optimista” la Segunda sinfonía y la “Heroica” Tercera fueron compuestas en una época cuando Beethoven consideró seriamente la idea del suicidio, añade.

“Y si bien encontramos en muchos momentos de su música pasajes arrebatados, turbulentos, llenos de inquietud o enmarcados por el misterio, siempre encuentran el equilibrio en muchos otros donde domina la esperanza, la dulzura, el misticismo y, desde luego, la alegría. Beethoven era ya un innovador antes que dejar de percibir los sonidos del mundo, pero la música que habitaba en su interior nunca conoció el silencio”, afirma.

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