Cultura

Queremos el futuro, pero olvidamos habitar el presente: Yolanda Segura

LIBRO. Las mujeres tenemos que ser felices por obligación y la obligación nada tiene que ver con una felicidad para nosotras, añade la escritora/ Presenta su reciente libro de poesía

Mujer sentada en un sofá rosa en una biblioteca
Mujer sentada en un sofá rosa en una biblioteca Mujer sentada en un sofá rosa en una biblioteca (La Crónica de Hoy)

“Pensamos social y colectivamente demasiado en el futuro y de pronto trabajamos por conseguir el futuro que queremos, pero no el presente que habitamos”, comenta Yolanda Segura (Querétaro, 1989) a propósito de su poema fragmentado Serie de circunstancias posibles en torno a una mujer mexicana de clase trabajadora, editado por Almadía.

En el libro, la autora narra la vida de Eloísa, una mujer de clase media que trabaja toda su vida para tener dinero y por tanto un futuro, esto es, busca una estabilidad económica para poder formar una familia, comprar un departamento y vivir con alimentos de la canasta básica.

La protagonista del poema largo sabe que el futuro es sinónimo de esperanza y esperanza es sinónimo de alegría, sentimiento que se liga a nuevas vidas, a hijos.

¿Ese pensamiento de alegría es resignación?, se le pregunta a Yolanda Segura. “Es al mismo tiempo una resignación y una luz al fondo del túnel, tiene que ver con este mandato de felicidad: las mujeres tenemos que ser felices por obligación y la obligación no tiene que ver con una felicidad para nosotras, no como una felicidad intrínseca sino con la felicidad que implica no darle problemas a nadie”, responde.

Uno de los ejes de este libro es cómo el dinero traza el futuro, a lo que la autora expresa que el poder adquisitivo no sólo determina cuánto dinero puedes tener y cuánto dinero puedes producir trabajando, sino que también influye en las aspiraciones.

“El dinero te enseña qué cosas desear y qué cosas resultan inalcanzables pero al mismo tiempo se convierten en un motor vital que desafortunadamente está mezclado con el sistema capitalista”, afirma la Premio Nacional de Poesía Carmen Alardín 2018.

La autora piensa también en el trabajo de cuidados no remunerado que hacen las mujeres. “Eso es una parte indispensable y necesaria para el sostenimiento de las sociedades y es algo que no se reconoce como trabajo ni se considera así, parece que es algo que se hace por amor y sustentado en esas convicciones realicé este libro y la historia de Eloísa”.

Yolanda Segura incluye los precios de la canasta básica de 1976 a 2004 así como su comparativo con un salario mínimo, donde la despensa de la protagonista cada vez se reduce y no hay dinero que sobre para invertirlo en esparcimiento.

“La idea de poner esas estadísticas está enlazada a la conciencia de cómo la precarización es innegable y ha sido constante a lo largo de las últimas décadas en México. En algún momento adquirir los alimentos básicos nos dejaba margen para hacer otras cosas, para dedicar al ocio, al tiempo libre, para comprar libros, etcétera; pero esa posibilidad para la clase media disminuyó”, señala.

Ese deterioro del poder adquisitivo también implica un deterioro en la calidad de vida y una imposibilidad de elección, añade la autora.

“Pienso en los casos de mujeres que no tuvieron la posibilidad de salir a trabajar y obtener un empleo remunerado, entonces no se pueden separar del marido que las golpea y maltrata porque no tienen independencia económica. Ese tipo de cuestiones me parecía importante así como el hecho de pensar en términos de qué significa que un kilo de arroz costara tanto y qué significa que ese mismo kilo cueste cuatro veces más 20 años después”.

¿Por qué la crítica a instituciones como Infonavit?, se le cuestiona. “Porque es el transcurso político del PRI, de la ideología de las grandes instituciones y del bienestar social. Es decir, palabras con las que muchos presidentes se han llenado la boca pero no tienen un impacto real en la vida de los trabajadores, es un impacto que se ha ido debilitando”, indica.

Lo pienso también con la fuerza de los sindicatos, agrega Segura, con la campaña de desprestigio que se ha hecho hacia esa figura que, al final, implicaba ciertos mecanismos de protección ante un sistema capitalista mercantilista.

“Hoy, con la implantación del neoliberalismo es como si todas esas instituciones quedaran ahí y parecieran que funcionan, sin embargo, se volvieron inaccesibles y una especie de fantasmas porque prometían un progreso y una modernidad que no llegó y que antes de llegar nos precarizó mucho más sobretodo a las mujeres y al contexto que habitamos”, destaca.

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