
“Lo último que tuve noticia es que el mural se vendió a un coleccionista particular, no hay manera de saber quién, pero sí fue adquirido y, al parecer, no salió del país”, comenta la investigadora Dafne Cruz Porchini sobre el mural Una tarde de domingo en Xochimilco, del artista mexicano Miguel Covarrubias (1904-1957), que hasta principios de 2000 se encontraba en el Hotel Ritz del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Una tarde de domingo en Xochimilco, de 2.5 por 6 metros y hecho entre 1936 y 1937, es de las pocas obras de gran formato que Covarrubias hizo en México, ya que los murales más conocidos se encuentran en Estados Unidos, donde el artista vivió gran parte de su vida.
De acuerdo con Cruz Porchini, investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, en la Universidad de las Américas, Puebla, se encuentra el contrato firmado por Covarrubias y el ingeniero Francisco Martínez Negrete donde se detalla que el mural sería la decoración del “muro respaldo de la barra en la cantina del hotel”, ubicado en la calle de Madero.
Además, se explica que la paga a Covarrubias fue de mil 300 pesos, que el mural debía estar listo el 31 de octubre de 1936 y que “el asunto motivo de esta decoración está definido entre ambas partes, afirmando que el señor Covarrubias tiene entera libertad para llevar a cabo esta decoración”.
En palabras de Cruz Porchini, la escena representa un idílico paseo en Xochimilco ya que se observan cuatro parejas en una trajinera, entre estos personajes, hay un hombre con sombrero que es la variación del cuadro El hueso o El maestro rural, (hoy resguardado en el Museo Nacional de Arte), quien está acompañado por una mujer que observa de reojo.
“Es un mural de tipo decorativo que describe un tipo de vida cotidiana que no se había visto en la larga producción de Covarrubias, por eso la reconstrucción y hablar del mural me parece importante pese a que no sepamos su destino. Es importante mencionarlo, dar a conocer que existió y que por mucho tiempo estuvo en ese restaurante”, expresa.
Miguel Covarrubias es un artista que no cuenta con la categoría de patrimonio de la nación, por tanto, sus obras pueden ser vendidas, salir del país y más si éstas se encuentran en manos de particulares.
“Tuve la fortuna de ver el mural mucho tiempo, de hecho se colocó en el Vips una réplica. Lamentablemente era parte de un particular. Es una historia bastante triste porque el mural es muy importante, tiene como diálogo otras cuestiones que hizo Covarrubias a lo largo de su producción artística”, destaca la investigadora.
Cruz Porchini considera que siempre es pertinente hablar del patrimonio y saber dónde se encontraba.
“Me parece interesante el trayecto del mural porque tenemos pocos testimonios visibles de Covarrubias, sabemos que existen grandes murales que hizo para San Francisco en 1939”, indica.
“Covarrubias fue un caricaturista y hace una cierta sátira al hablar de las relaciones México-Estados Unidos. Finalmente todos los turistas norteamericanos que llegaron en los años 20 y 30 del siglo pasado fue por la idea del México idílico. Los personajes del mural están en Xochimilco. Me parece interesante ese juego que hace Covarrubias tomando en cuenta que vivió mucho tiempo en Estados Unidos”, destaca.
La investigadora explica que el artista usó estrategias visuales de las caricaturas, “acentuó más a los personajes, hay una sátira de los personajes, por ejemplo, el burócrata (que extrae de El hueso) y la rubia. Covarrubias nos quiere dar un mensaje de esta ambigüedad en las relaciones entre México y Estados Unidos”, enfatiza.
Cuando el mural se vendió estaba restaurado, narra Cruz Porchini. “Cuando estaba exhibido en el propio Vips estaba restaurado, en buen estado aunque no eran las mejores condiciones para tener una pintura. El Cencropam lo había intervenido”.
El mural Una tarde de domingo en Xochimilco también obliga una reflexión sobre el muralismo privado.
“Siempre pensamos en el muralismo patrocinado por el estado mexicano, los grandes murales que vemos en Palacio Nacional, San Ildefonso o el edificio de la Secretaría de Educación Pública, pero se ha estudiado en menor medida el muralismo privado que existió”.
Miguel Covarrubias como muralista recibió comisiones en Estados Unidos y para el Hotel del Prado (Ciudad de México), ambos en los años 40 y 50 del siglo XX.
“Es interesante el muralismo más allá de poner en los muros un discurso estatal, los murales también se pensaban con un fin decorativo, tal vez más lúdico, cotidiano, no tanto un tema político. Eso fue lo que persiguió el muralismo privado”, indica.
Otra obra de Miguel Covarrubias de la que se desconoce su paradero es Dunas, pieza que fue robada el 18 de agosto de 2016, del Centro Cultural Jardín Borda, ubicado en Cuernavaca, Morelos, durante la muestra Adolfo Best Maugard. La espiral del arte, organizada por el INB
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