
En el mundo del arte existe una “invisible” relación entre tomar riesgos, tener tanto conciencia de la historia del arte como incidencia en ella y generar simultáneamente tanto un mercado como una visibilidad e inserción institucional.
Sin embargo, en el ecosistema del arte la mayoría de sus partícipes no quieren tomar riesgos, ya que evitan problemas y obstáculos que pongan en riesgo la estabilidad e inmediatez de su mercado, así como el conservar su posición de poder y reputación; postura conservadora que entra en conflicto con la perenne necesidad de cambio, actualización y renovación del arte; riesgo obligado que fundamenta el valor epistemológico del arte y su pertinencia cultural, sociopolítica y potencial económico de inversión.
Esta pugna ha generado dos realidades en el ecosistema del arte apenas separadas por una imperceptible línea virtual: Por un lado, unos pocos que toman riesgos al producir o promover arte franco y sin tapujos, sexualmente explícito, estéticamente “oscuro e inquietante”, difícil de vender por frágil o por sus materiales impermanentes, políticamente comprometido o incorrecto así como discursiva e intelectualmente demandante y complejo; y por el otro, una mayoría que para su sobrevivencia inmediata producen o promueven arte objetual decorativo, sin conciencia histórico artística ni innovaciones estético-formales, de colores bonitos, inocuo, neutro, abstracto y sin la más mínima señal de perturbación social, psicológica o política.
Ejemplo de esta divergencia sería el arte objetual decorativo de Bosco Sodi o Aldo Chaparro en oposición a la Caja Vacía de Zapatos, 1993, o las Tapas de Yogurt, 1994, de Gabriel Orozco además del arte con restos humanos de Teresa Margolles. Estas dos realidades del arte tienen lugar en un complejo entramado institucional, historiográfico y de mercado que ha gozado de cierta estable prosperidad; comodidad burguesa cuya zona de confort comienza a ser sacudida por el brutal y darwiniano acceso a la información del Internet y la Era de la Información.
@artgenetic
Copyright © 2022 La Crónica de Hoy .