Escenario

Cine sudafricano se abre paso hacia Latinoamérica gracias al streaming

Un aluvión de pequeñas productoras independientes y jóvenes cineastas locales está emergiendo en Sudáfrica con el objetivo de cruzar el Océano Atlántico

La directora del Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT), Mané Cisneros.(EFE)

La directora del Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT), Mané Cisneros.(EFE)

Un aluvión de pequeñas productoras independientes y jóvenes cineastas locales está emergiendo en Sudáfrica con el objetivo de cruzar el Océano Atlántico y llevar sus películas hasta Latinoamérica a través de las plataformas digitales de vídeo bajo demanda.

Servicios como Disney+, la sudafricana Showmax, pero sobre todo Netflix, abren ahora la posibilidad de expandir las historias africanas hacia países latinos. Entre otros motivos, por las similitudes en parte de las sociedades que conforman Sudáfrica y los países de Latinoamérica.

“Tenemos muchas cosas en común: sufrimos enormes contrastes entre ricos y pobres, nuestras leyes funcionan mal contra el crimen organizado, ambos tenemos telenovelas y amamos la vida profundamente”, afirmó a EFE la cineasta y productora sudafricana Vlokkie Gordon, autora de películas que se prodigaron en los mercados internacionales, como ‘La última casa a la izquierda’ (2009) o ‘Mandela: del mito al hombre’ (2013).

LAS PLATAFORMAS, PUENTE ENTRE SUDÁFRICA Y LATINOAMÉRICA

Aunque Netflix no aterrizó en el continente africano hasta el año 2016, está realizando importantes esfuerzos para que las historias que rezuman las calles de urbes sudafricanas como Ciudad del Cabo o Johannesburgo puedan ser adaptadas y visualizadas globalmente en plataformas de ‘streaming’.

Bajo esta estrategia, la distribuidora norteamericana está priorizando su consolidación en países donde se habla inglés, como Sudáfrica. Allí firmó en marzo un acuerdo con la Fundación Nacional del Cine y el Vídeo (NFVF, por sus siglas en inglés) para invertir casi un millón de dólares en la producción de cuatro películas documentales y dos de ficción dirigidas por cineastas emergentes.

Netflix es la plataforma que acumula el mayor número de suscriptores en África, con dos millones de clientes. Asimismo, ya ha abierto una oficina en Nairobi (Kenia) y espera triplicar su número de suscriptores en África para 2025, según un informe de la consultora londinense Digital TV Research.

El reciente éxito de creaciones sudafricanas como la serie ‘Blood & Water’ (2020), ‘Lo que el pulpo me enseñó’ (2020) y ‘Yo soy todas ellas’ (2021), avala su apuesta por la industria cinematográfica de este país.

Además, Netflix también está abogando por la contratación de icónicos actores de raza negra para sus producciones estelares, como es el caso de Omar Sy en la serie ‘Lupin’ (2021), en un intento de que estas grandes estrellas allanen el terreno a otros intérpretes incipientes provenientes del continente africano. Un proceso que viene acompañado de la progresiva adquisición de títulos de Nollywood (industria nigeriana de cine y la más consolidada del continente) por parte de Netflix.

EQUILIBRIO ENTRE LO LOCAL Y LO COMERCIAL

Dumi Gumbi, director ejecutivo de la productora sudafricana The Ergo Company, explicó a EFE que el impacto de las plataformas digitales ha sido “enorme”, ya que permitió “llegar a una audiencia global, en un sector en crecimiento que permite desarrollarse a cineastas locales”.

La industria del cine en Sudáfrica produce hoy veinte largometrajes al año y, con un importante margen de crecimiento, está virando hacia el cine de terror, las comedias románticas y los musicales. Una adaptación de sus temáticas que, en muchos casos, puede ser entendida como una pérdida de originalidad de los temas que inspiran los filmes sudafricanos.

Por eso, la productora Vlokkie Gordon aboga por un “equilibrio sensato” entre las historias de contextos muy concretos que “llegarían a un público escaso” y lo “excesivamente comercial”, que provocaría una pérdida de autenticidad en las historias.

Para expertos en cine africano como la cubana Eloísa López, organizadora del Miami Film Festival, aún queda mucho por trabajar en el arraigo de esta industria en Latinoamérica porque, lejos de las plataformas, “apenas un par de películas llegan a los grandes festivales cinematográficos de la región”.

Asimismo, López criticó los “estereotipos” de los espectadores no africanos -incluidos los latinoamericanos- ante las producciones sudafricanas, pues “esperan siempre un contenido reivindicativo, de lucha político-social”, algo que no exigen a películas del resto del mundo.

Una visión estereotipada que sufrió el laureado director sudafricano Charl-Johan Lingenfelder quien, entre otras películas, codirgió ‘Kanarie’, una cinta traducida a más de diez idiomas, con gran acogida en su versión en castellano y reconocida en el Festival Internacional de Cine de Costa Rica en 2019.

“Soy blanco, mi hogar es África y mis historias no tratan de tribus, leones o elefantes. Me crié en ciudades, como tanta otra gente, haciendo lo mismo que el resto del mundo. Es hora de que la gente se dé cuenta de que África tiene mucho más que ofrecer”, reprobó Lingenfelder.

Ahora, ambos mercados se acercan más que nunca gracias a la exposición de las plataformas digitales y algunos como Lingenfelder ya piensan en un desarrollo conjunto.