Escenario

José Sacristán ante su Goya de Honor 2022: “Retirada no, antes monja”

ENTREVISTA. Ha desarrollado también una parte de su carrera en Argentina, donde se hizo popular en 1978 con Solos en la madrugada y Un lugar en el mundo (1992), de Adolfo Aristarain

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Desde que rodó El muerto y ser feliz con Javier Rebollo, Sacristán comenzó a ser reivindicado por una nueva generación de cineastas.

Desde que rodó El muerto y ser feliz con Javier Rebollo, Sacristán comenzó a ser reivindicado por una nueva generación de cineastas.

EFE/ Kiko Huesca

Desde que en 2012 recibió su primer Goya por El muerto y ser feliz, el actor español José Sacristán lleva viviendo una década de premios, homenajes y renacimiento profesional que culminará el 12 de febrero con la recogida del Goya de Honor 2022. A sus 84 años y en plena forma, piensa en todo menos en retirarse.

“Retirada no, antes monja”, dijo, entre burlón y rotundo, en un encuentro con periodistas en la sede de la Academia de Cine en Madrid que recibirá en Valencia (España) de la institución que él mismo contribuyó a fundar a mediados de los años 80.

Exhibiendo su habitual lucidez y una memoria prodigiosa al evocar fechas, títulos, nombres y todo lujo de detalles de sus recuerdos, Sacristán se declaró contento y feliz. “No hay nada mejor que un reconocimiento así te pille trabajando, la continuidad en el trabajo es la mayor medida del éxito en un país como este”.

Inmerso en los últimos tres años en la gira teatral de Señora de rojo sobre fondo gris, el protagonista de películas como Un hombre llamado Flor de Otoño, El diputado, El viaje a ninguna parte o ¡Vente a Alemania, Pepe! recogió hace apenas cuatro meses el Premio Nacional de Cinematografía de España en reconocimiento a su carrera.

Tal y como recordó hoy el presidente de la Academia española de Cine, Mariano Barroso, el Goya honorífico lo merece “por ser un modelo de entrega, de pasión, de ética y de profesionalidad (...), por ser el rostro y la voz del cine español de las últimas seis décadas y por representarnos de modo único en tantos títulos que forman parte de nuestra memoria”.

Desde que rodó El muerto y ser feliz con Javier Rebollo, Sacristán comenzó a ser reivindicado por una nueva generación de cineastas y llegaron Magical girl, con Carlos Vermut; Murieron por encima de sus posibilidades, con Isaki Lacuesta, o Toro con Kike Maíllo, entre otras.

“Pobre de aquel que entienda que lo sabe todo, esto es un aprendizaje permanente, hay quien se ha muerto de viejo haciéndolo igual de mal que el primer día”, reflexionó el actor, satisfecho y agradecido por la posibilidad de ese intercambio generacional, “aunque a veces te cabrees”.

Antes incluso de que le preguntaran por ello, Sacristán se refirió a las películas de su primera etapa, en la época del destape, para reivindicar a directores como Sáenz de Heredia, Mariano Ozores o Pedro Masó.

“Cuando vuelvo la vista atrás me reconozco en el camino recorrido, alguno puede opinar que si una película era una cosa u otra, pero todas forman parte de mi vida y estuvieron ahí para ayudarme a vivir y a alimentar la ilusión de ser actor, y a esos nombres no consiento que les toquen un pelo, es gente que confió en mí en mis principios”, declaró.

Unos principios que no fueron fáciles habiendo nacido en Chinchón, una pequeña localidad de la región de Madrid, en plena guerra española en el seno de una familia sin recursos y con un padre en la cárcel. “Querer aspirar a ser Tyrone Power en el entorno en que yo vivía era una cosa bastante loca”, admitió.

El anuncio publicitario de la 36 edición de los Goya, estrenado por la Academia de Cine y en el que aparece Sacristán vendiendo el cine español puerta a puerta, es un guiño precisamente a esos comienzos profesionales, cuando compaginó la actuación con el trabajo de vendedor de libros a domicilio.

Sobre cómo ha cambiado España en todos estos años, el actor concede que “peor no estamos” al recordar un país en el que “abrías el grifo y lo normal es que no saliera agua”, pero lamentó que “no se consigan alcanzar unas cotas de civismo y sentido común”.

José Sacristán ha desarrollado también una parte de su carrera profesional en Argentina, donde se hizo popular en 1978 a raíz de Solos en la madrugada y allí protagonizó un título de gran relevancia como Un lugar en el mundo (1992), de Adolfo Aristarain.