
Light falls vertical, dirigido por la cineasta griega Efthymia Zymvragaki, es un documental que expone la cruda realidad de la violencia de género. A través de dos historias entrelazadas, el filme nos sumerge en un viaje emocional y nos invita a reflexionar sobre un tema no sólo urgente sino doloroso.
La película se centra en Ernesto, un hombre que se enfrenta a su pasado y reconoce su papel como victimario. A medida que nos adentramos en su historia, Ernesto revela cómo abusó de su propi a familia, al tiempo que explora las raíces de esa violencia, heredada de su padre. Esta narrativa honesta desentraña las complejidades y consecuencias de la violencia de género, arrojando luz sobre un ciclo destructivo que se perpetúa de generación en generación.
“Cuando recibí el mensaje de Ernesto…fue una experiencia impactante y reveladora. Nunca antes había conocido a un hombre capaz de hablar mal de sí mismo, especialmente en el contexto de la violencia. Su mensaje fue claro y directo, lo cual me sorprendió profundamente. En ese momento, comprendí que su acto de reconocimiento era un acto de coraje, honestidad y desesperación. Para mí, significó un gran alivio saber que alguien podía aceptar y reconocer la existencia de la violencia que había experimentado”, dijo Zymvragaki en entrevista con Crónica Escenario.
“En nuestra sociedad, es difícil que alguien se declare abiertamente como maltratador. La mayoría de las veces, se esconden o niegan lo que están haciendo. Por eso, valoré enormemente la valentía de Ernesto al enfrentar su propia realidad. Su reconocimiento no solo fue un acto personal, sino que también tuvo un impacto en mí y en la forma en que percibo y abordo la violencia de género”, agregó.
Pero Light falls vertical no se limita a la perspectiva de Ernesto. La cineasta también comparte su experiencia personal de violencia en el hogar durante la infancia, abrir su corazón y compartir una historia tan íntima, añade profundidad y autenticidad a la película. A través de esta dualidad de historias, Zymvragaki nos muestra la complejidad y la universalidad de la violencia de género, misma que se anuncia casi al inicio del documental con la frase “haber nacido niña sin el riesgo de ser mujer”.
“No es una crueldad extrema la que me pasó. Hay traumas mucho mayores, seguramente, pero creo que el valor que tiene es eso lo que nos representa a muchas. Existen muchas personas como mi padre, que no son capaces de expresar sus sentimientos de forma abierta. Al decir esto, no descubro algo nuevo con esta película, sino que confirmo lo que siempre ha estado presente, aunque ahora lo comprendo a profundidad, veo cómo perdió la oportunidad de tener una relación significativa con su hija debido a esto. Es triste darse cuenta de cómo pasé tiempo con él, sentados juntos durante horas, escuchando la lluvia cada quien en lo suyo. Es todo lo que tenemos después de toda una vida” compartió.
“No tengo una foto con mi padre en la que él diga: ‘Quiero estar en la misma imagen que tú, mostrándote que estás a mi lado. Eres parte de mí, y te reconozco como tal’. Esa foto y ese reconocimiento no existen. En su lugar, hay silencio, prohibiciones y expectativas que dictan cómo se espera que una mujer cumpla su papel y sea aceptada en la sociedad. En cierto sentido, me pregunto si mi padre también fue condicionado a pensar de esta manera. No lo planteo para justificar su comportamiento”, agregó.
Paradójicamente, el documental se desarrolla en una isla que muestra paisajes impresionantes y una belleza natural aparentemente inalterable. Esta elección de escenario sirve como contraste con la oscuridad y el sufrimiento que ocurren detrás de las puertas cerradas de los hogares. La narración visualmente impactante de Zymvragaki, acompañada de una tranquila voz que narra la historia crean una atmósfera envolvente potencia el mensaje de la película.
“Es importante entender esos paisajes como movimientos subterráneos de emociones. Esa es su función. Es una manera de dejar espacio para que todo lo que la voz cuenta se convierta en imágenes en nuestra mente. Para mí, esto era aún más crucial, ya que el paisaje en sí mismo era muy vívido. Proviniendo de una isla, comprendía el significado de la transmisión generacional y cómo el paisaje podía ser un lugar simbólico donde depositamos todas nuestras carencias y descubrimos que a lo largo de muchas generaciones se han ido acumulando”, explico.
“Además, esta experiencia conjunta me hizo reflexionar sobre la importancia de distinguir entre una pelea común y la violencia de género. A menudo, nos encontramos debatiendo con personas cercanas que minimizan la gravedad de esta problemática social. La violencia de género no se trata de simples discusiones, sino de un fenómeno mucho más profundo y peligroso, con consecuencias devastadoras. Es fundamental que como sociedad comprendamos su complejidad y trabajemos juntos para romper el ciclo. Debemos reconocerla, abordarla y apoyar a quien lo necesite”, añadió.
Dejando un poco de lado la parte visual…la banda sonora del documental, crea la atmósfera emocional de la película, la música se entrelaza con las imágenes y el relato, agregando capas que evocan las emociones más íntimas de los personajes y las temas que se exponen.
Desde el inicio de la película, la música establece un tono introspectivo y melancólico que refleja la complejidad de las historias. Utilizando una combinación de instrumentos acústicos y electrónicos, la banda sonora crea paisajes sutiles pero poderosos, que capturan la sensación de tensión, desesperación y redención que impregna la narrativa.
En momentos de introspección y autorreflexión, la música se vuelve más minimalista, dejando espacio para que las emociones se desarrollen sin obstrucciones. Se utilizan instrumentos solistas, como el piano o el violín, para transmitir la fragilidad y la vulnerabilidad de los personajes, mientras que los arreglos orquestales más expansivos y emotivos intensifican los momentos de mayor impacto emocional.
“Su contribución fue fundamental para explorar las carencias y los paisajes emocionales de la película. Al rodar las escenas de las vistas naturales, nos dimos cuenta de que los sonidos provenientes de lo más profundo, casi como si vinieran del centro de la tierra, eran una representación visceral de una naturaleza humana cruda pero lúcida. Estos sonidos nos llevaron a un terreno interior, buscando explorar los aspectos más profundos de la experiencia humana”, reveló.
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