En un contexto global marcado por la polarización, el descrédito de la política y el uso del poder como instrumento de enriquecimiento o control, Julio Castillo presenta 27 reglas del líder humanista, un libro que busca replantear de fondo la idea de liderazgo. Lejos de manuales sobre cómo acumular poder, la obra propone un modelo sustentado en la autoridad moral, la verdad y el servicio a las personas.

Castillo explica que la motivación para escribir el libro surgió hace años, cuando leyó Las 48 leyes del poder de Robert Greene y, en paralelo, comenzó a estudiar filosofía y ciencia política. Ese cruce lo llevó a cuestionar el modelo de liderazgo que se exalta actualmente. “No es el liderazgo que necesitamos”, afirma. En contraste, señala que tras el fin de la Segunda Guerra Mundial emergió una generación de líderes que entendieron que el poder debía ser servicio y no un medio de impunidad o enriquecimiento personal.
Para el autor, figuras como los impulsores de la Unión Europea encarnaron esa visión al sentarse a dialogar después de siglos de guerra y decidir cambiar el destino de millones de personas a través de la cooperación y la reconciliación. Desde esa premisa, 27 reglas del líder humanista no habla de poder, sino de autoridad: de la capacidad de construir prestigio, confianza y una voz legítima al servicio de la sociedad.
¿Qué es un líder humanista?
Castillo define al líder humanista como aquella persona que coloca al individuo en el centro de toda actividad política, filosófica y moral. A diferencia de modelos que priorizan al Estado, la masa o el colectivo abstracto, el liderazgo humanista se enfoca en el desarrollo y el destino concreto de cada persona.
Entre sus referentes menciona a figuras como Konrad Adenauer, Helmut Kohl, Lech Wałęsa, Juan Pablo II y Nelson Mandela, líderes que, en distintos contextos históricos, optaron por la reconciliación antes que la venganza. En el caso de México, también señala a Vicente Fox como un ejemplo de esa lógica al priorizar la transición democrática y no el ajuste de cuentas tras años de persecución política.
Sobre la situación actual del país, Castillo reconoce que existen líderes humanistas en gobiernos locales y municipales, aunque considera que no ocupan los grandes espacios de poder. A nivel nacional —sostiene— es imposible ejercer un liderazgo humanista cuando la verdad se subordina a la lealtad política. “La verdad tiene que estar por encima. No puedes tener principios negociables”, afirma.
Liderazgo, verdad y crisis global
Castillo amplía su diagnóstico al panorama internacional y señala que el problema no es exclusivo de México. A su juicio, el mundo atraviesa una etapa marcada por liderazgos que privilegian el discurso, la polarización y la lealtad ciega sobre la realidad. Esta dinámica, advierte, erosiona la posibilidad de un liderazgo virtuoso y convierte al poder en una herramienta de egoísmo.
Frente a la pregunta de si los líderes nacen o se hacen, el autor es tajante: cualquier persona puede ser líder. Sin embargo, subraya que el liderazgo no se construye desde el cargo, sino desde el entorno cotidiano. “Desde una mesa de café, desde un grupo de amigos”, dice, ahí donde se distingue quién influye positivamente y quién ejerce liderazgos negativos basados en la fuerza, el acoso o la intimidación.
Ese tipo de liderazgos, advierte, son los que han permitido la normalización de la violencia y la cercanía entre poder político y crimen organizado. La verdadera prueba del liderazgo, añade, aparece cuando una persona accede a espacios de poder y enfrenta la tentación de la corrupción. “Son honestos hasta que pueden robar”, resume.
Un libro construido desde la filosofía y la historia
El índice de 27 reglas del líder humanista inicia con una definición amplia del humanismo a lo largo de la historia, desde la Antigua Grecia hasta la actualidad, con el objetivo de evitar confusiones conceptuales. Posteriormente, Castillo desarrolla una distinción central en su planteamiento: la diferencia entre poder y autoridad.
Mientras el poder se funda en la capacidad de obligar —por la fuerza, las armas o incluso los votos—, la autoridad se construye como un prestigio sostenido en el tiempo que convierte a una persona en una voz confiable y legítima. A partir de ahí se despliegan las 27 reglas, cada una presentada con una estructura similar: el principio, su explicación filosófica y ejemplos históricos tanto positivos como negativos.
El autor aclara que no divide a los líderes entre derecha e izquierda, sino desde una perspectiva axiológica, es decir, basada en valores. En ese sentido, menciona a José Mujica como un líder humanista por su congruencia personal, más allá de las diferencias ideológicas. “Que un expresidente diga que no se enriqueció no debería ser admirable, pero hoy lo es”, reflexiona.
Redes sociales, fragmentación y juventud
Sobre el impacto de las redes sociales en el liderazgo, Castillo considera que estas no han generado la crisis actual, pero sí han fragmentado los temas públicos. A diferencia de décadas anteriores, cuando unos pocos medios marcaban la agenda nacional, hoy cada grupo social prioriza causas distintas, lo que vuelve más complejo un liderazgo integrador.
Aun así, insiste en que lo indispensable no es unificarse en un solo tema, sino formar líderes íntegros capaces de entender el poder de la política como una herramienta para cambiar la historia.
El libro está especialmente dirigido a los jóvenes, a quienes Castillo considera una generación que no vivió las luchas que consolidaron la democracia, pero sí experimenta sus retrocesos. En ese contexto, defiende las recientes manifestaciones juveniles, incluso aquellas sin un liderazgo centralizado, como movimientos auténticos que deben tomarse en serio.
Para el autor, la juventud tiene razones legítimas para protestar: precariedad económica, violencia cotidiana y un futuro más incierto que el de generaciones anteriores. Su mensaje final es claro: la juventud debe ser subversiva, rebelarse, reivindicar la verdad y el bien común. “No más narcopartidos, no más narco gobiernos”, concluye.