A los 33 años, Verónica ha vivido prácticamente toda su vida acompañada por una enfermedad renal crónica. Desde la infancia comenzó con el padecimiento y, con el paso de los años, ha enfrentado diálisis, hemodiálisis y tres trasplantes de riñón, un procedimiento poco frecuente que da cuenta tanto de la complejidad de su caso como de la capacidad médica con la que cuenta el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Jalisco.

El tercer trasplante renal de Verónica se realizó el pasado 15 de junio en el Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional de Occidente (CMNO), donde recibió el riñón de su hermano. Antes de este procedimiento, había recibido un primer órgano de su padre y un segundo de un donador fallecido.
El caso es considerado particularmente complejo debido a los riesgos médicos, inmunológicos y quirúrgicos que implica intervenir por tercera ocasión a una misma persona. De acuerdo con especialistas del IMSS, los pacientes que han recibido trasplantes previos pueden presentar mayores dificultades inmunológicas, debido a que pueden desarrollar anticuerpos que dificulten la compatibilidad con un nuevo órgano.
En el caso de Verónica, sin embargo, existió un factor que favoreció el procedimiento: ella y su hermano comparten información genética idéntica, lo que permitió realizar el trasplante con un menor riesgo de rechazo.
Su historia comenzó desde la infancia, cuando fue diagnosticada con enfermedad renal crónica. Su primer trasplante fue realizado con un riñón donado por su padre; sin embargo, con el tiempo se presentaron complicaciones que provocaron la pérdida de la función del injerto. Entre las posibles complicaciones de un trasplante se encuentran el rechazo, las infecciones y la toxicidad asociada a los medicamentos inmunosupresores.
Después de perder ese primer riñón trasplantado, Verónica regresó a diálisis, tratamiento que mantuvo desde 2012. Diez años después, en 2022, recibió un segundo órgano, esta vez proveniente de un donador fallecido. No obstante, una complicación quirúrgica y una infección provocaron que el injerto tuviera una funcionalidad de apenas un mes y tuviera que ser retirado.
La paciente volvió entonces a la hemodiálisis y permaneció en espera de una nueva oportunidad hasta que su hermano decidió convertirse en su donador.
“Es como una esperanza, una lucecita más”, explicó Verónica al recordar lo que significa para ella haber llegado nuevamente a un trasplante. Para la paciente, la posibilidad de recibir un órgano representa también la oportunidad de retomar una vida más cercana a la normalidad después de los años de tratamientos y cuidados que ha enfrentado.
Un tercer trasplante, algo poco frecuente
Aunque los trasplantes renales forman parte de la actividad habitual del Centro Médico Nacional de Occidente, realizar un segundo o tercer procedimiento en una misma persona no es algo común.

El hospital cuenta con el programa de trasplante renal con mayor productividad en México. Desde que inició el programa, se han realizado 7 mil 55 trasplantes de riñón, mientras que actualmente se realizan alrededor de 300 procedimientos renales al año.
En 2025 se llevaron a cabo 265 trasplantes de riñón. De acuerdo con los especialistas, aproximadamente 20 a 25 de estos procedimientos corresponden cada año a segundos trasplantes.
Los terceros trasplantes son todavía menos frecuentes. Los médicos señalaron que no recuerdan haber realizado otro procedimiento de este tipo en los últimos ocho años, aunque explicaron que sí existen pacientes que pueden llegar a requerir más de tres trasplantes si las condiciones inmunológicas y quirúrgicas lo permiten.
De hecho, en el hospital existe un paciente que ha recibido cuatro injertos renales debido a una enfermedad renal que comenzó desde una edad muy temprana.
El caso de Verónica, por ello, no sólo representa un reto quirúrgico. También es un ejemplo de lo que implica mantener durante años un programa de trasplantes capaz de atender pacientes con condiciones cada vez más complejas.
Un programa con más de siete mil trasplantes renales
El Centro Médico Nacional de Occidente cuenta actualmente con cuatro programas de trasplantes: renal, córnea, hígado y células hematopoyéticas.

El programa renal es el de mayor productividad. En 2025 se realizaron 265 trasplantes de riñón y, de acuerdo con las cifras históricas proporcionadas por el hospital, se han realizado 7 mil 55 trasplantes renales desde el inicio del programa.
El segundo programa con mayor actividad es el de córnea, con 286 procedimientos realizados durante 2025. El programa de hígado registró 16 trasplantes el año pasado y, para agosto de 2026, ya acumulaba 15. En cuanto a células hematopoyéticas, durante 2025 se realizaron 27 trasplantes y este año ya sumaban 21.
Además, el hospital ha realizado procedimientos combinados de alta complejidad. Cinco pacientes han recibido trasplantes simultáneos de hígado y riñón, mientras que otros cinco han recibido trasplantes combinados de páncreas y riñón.
En el histórico de la unidad también se contabilizan 2 mil 403 córneas, 181 hígados, 94 trasplantes de células hematopoyéticas y 24 trasplantes de corazón, aunque este último programa actualmente no se encuentra activo.
Para los especialistas, estos resultados son producto de un programa con décadas de experiencia, personal altamente capacitado y recursos tecnológicos que permiten realizar estudios de compatibilidad, vigilar infecciones y controlar los efectos secundarios de los medicamentos utilizados después del trasplante.
El hospital también funciona como un centro de formación de especialistas en áreas relacionadas con los trasplantes, además de recibir médicos ya formados que acuden a cursos de capacitación para prepararse en la atención de pacientes trasplantados y en procedimientos quirúrgicos complejos.
Más allá de la cirugía: acompañamiento de por vida
El trasplante no termina cuando el paciente sale del quirófano. En el IMSS, el protocolo comienza con la evaluación del donador y el receptor, continúa con la cirugía y posteriormente con un seguimiento médico que busca garantizar que el órgano permanezca funcional.
Los pacientes trasplantados son atendidos durante el primer año en la unidad de alta especialidad. Durante ese periodo se realizan estudios periódicos y se vigila la evolución del injerto.
El hospital reporta un indicador de trasplante exitoso superior al 95 por ciento al año. Una vez cumplido ese periodo, los pacientes pueden continuar su seguimiento en el segundo nivel de atención, aunque permanecen bajo vigilancia médica y atención multidisciplinaria cuando es necesario.
En el caso de los donadores vivos, el seguimiento también es parte fundamental del proceso. Después de donar un riñón, se realizan estudios para verificar que la recuperación sea adecuada y, generalmente, entre dos y tres meses después pueden ser dados de alta de la unidad de alta especialidad para continuar su atención en segundo nivel.
Verónica asegura que tanto su padre como su hermano se encuentran bien y continúan con sus respectivos seguimientos médicos. Para ella, el acompañamiento recibido por parte del IMSS ha sido fundamental.
“Yo no tengo ninguna queja de los médicos del IMSS”, relató. Destacó que durante el proceso los especialistas le explicaron las decisiones médicas y las razones detrás de cada procedimiento de acuerdo con las características específicas de su caso.
El acceso al trasplante y la donación
En el IMSS, el proceso para llegar a un trasplante renal comienza desde los primeros niveles de atención. Cuando un paciente presenta enfermedad renal crónica avanzada, su médico puede plantear el trasplante como una alternativa terapéutica.
Si existe un posible donador vivo, tanto el receptor como la persona que pretende donar son sometidos a estudios para determinar si cumplen con las condiciones médicas y de compatibilidad necesarias. Posteriormente, el caso puede ser referido a un hospital de tercer nivel, como el Centro Médico Nacional de Occidente, donde se realiza la evaluación especializada y, en caso de ser viable, el protocolo de trasplante.
Cuando se trata de un donador fallecido, el paciente es evaluado y, si cumple con las condiciones clínicas, se incorpora a la lista de espera administrada por el Centro Nacional de Trasplantes.
Uno de los aspectos que distingue al programa del IMSS es que el procedimiento no representa un gasto directo para el derechohabiente. De acuerdo con los especialistas entrevistados, el Instituto cubre el protocolo de trasplante renal, las pruebas de compatibilidad, la cirugía, hospitalización, medicamentos de inducción inmunológica, inmunosupresores de por vida, estudios de laboratorio y la atención del equipo médico y de enfermería.
Sin embargo, para que más pacientes puedan acceder a un órgano, los especialistas consideran indispensable continuar impulsando la cultura de la donación.
El Centro Médico Nacional de Occidente mantiene campañas permanentes de difusión y sensibilización sobre la importancia de donar órganos. Los especialistas explicaron que, además de la donación de familiares vivos, existe la posibilidad de obtener órganos de personas con daño cerebral irreversible que hayan decidido donar.
El caso de Verónica muestra ambas caras de esta realidad: por un lado, la solidaridad familiar que permitió que su padre y posteriormente su hermano le donaran un riñón; por otro, la importancia de los donadores fallecidos, gracias a uno de los cuales pudo recibir su segundo trasplante.
“Hay que seguir adelante”
Para Verónica, sobrevivir a tres trasplantes también ha significado enfrentar momentos difíciles en el terreno emocional.
Reconoce que el proceso ha tenido “altas y bajas” y que no siempre ha sido sencillo. Por eso, considera fundamental que los pacientes busquen ayuda psicológica, hablen sobre lo que están viviendo y comprendan que el cuidado de su salud también depende de su participación activa.
Seguir las indicaciones médicas, mantener la dieta, acudir a las sesiones de diálisis cuando corresponda, tomar los medicamentos y acudir a las revisiones son parte de un proceso que, para un paciente trasplantado, no puede abandonarse simplemente porque se siente bien.
Su mensaje también está dirigido a las familias que tienen la posibilidad de convertirse en donadoras. Frente a los temores y tabúes que todavía existen alrededor de la donación, Verónica destaca que tanto el receptor como el donador reciben seguimiento médico para reducir riesgos y vigilar su salud.
Su historia, después de tres trasplantes y años de tratamientos, hoy tiene un nuevo capítulo: el de una mujer que recibió de su hermano una tercera oportunidad para recuperar una vida más cercana a la normalidad.