Hay películas que no envejecen, solo cambian de ritmo. “Footloose” (1984) es una de ellas: la historia de un chico rebelde que llega a un pueblo donde bailar está prohibido y decide, literalmente, sacudirlo todo. El clímax —todos bailando sin culpa— no solo es cine: es una declaración de vida. Porque bailar es eso: una pulsión, un lenguaje, una forma de estar en el mundo.
Con esa misma energía —pero con mucho más swing en los pies— llega a la ciudad la compañía barcelonesa Sabor Life is Rhythm, un ensamble donde el tap no solo se baila: se toca, se canta y se vive como una experiencia completa. Charlamos con ellos y esto fue lo que nos dejaron, entre ritmos, anécdotas y ganas de levantarse de la butaca.
—¿Su primera vez en Guadalajara?
—Como compañía, sí. Ya habíamos estado en Ajijic el año pasado, pero presentarnos aquí, en la ciudad, es la primera vez. Y la verdad, nos han recibido muy bien.
—¿Qué les ha dejado la ciudad en estos primeros días?
—Una muy buena impresión. Es una ciudad viva, con mucho movimiento, y nos han cuidado increíble. Aún nos falta explorar más… tenemos pendientes los mariachis y hasta las luchas.

—Para quien nunca ha visto tap, ¿cómo lo describen?
—Somos músicos, pero con los pies. Hacemos ritmo, melodía y percusión con el cuerpo. Es un arte que exige años de práctica, como cualquier instrumento.
—¿Cuándo empezaron ustedes?
—Desde niños. Cinco, seis años… algunos también venimos de la música, tocamos instrumentos y eso se mezcla naturalmente con el tap.
—Entonces, ¿el espectáculo va más allá del baile?
—Totalmente. La idea es recuperar esa esencia donde el bailarín también es músico. En el show hay tap, pero también hay voz, saxofón, cajón, ukelele, guitarra… cada número tiene su propia instrumentación. Es un recorrido por distintos géneros y formas de expresión.
—También compartirán algo más allá del escenario, ¿cierto?
—Sí, daremos una charla llamada "El sabor del tap" el mismo día de la función, y también clases especializadas los días previos. Nos interesa mucho compartir cómo trabajamos y cómo entendemos este arte.

—¿Qué se necesita para bailar tap?
—Que te guste la música y moverte. Pero sobre todo, pasión. Hay mucho trabajo técnico, muchos ejercicios, como en la música. Y también energía, disposición y conexión con el grupo.
—Se nota que hay química entre ustedes…
—Somos amigos desde hace muchos años. Algunos desde hace más de una década, incluso veinte. Eso se siente en el escenario, hace toda la diferencia.

—Vienen de Barcelona, una ciudad muy cultural. ¿Qué se traen de allá?
—La posibilidad de vivir la música todos los días. Hay comunidad, hay intercambio, hay mezcla de culturas. Nuestros grupos son así: franceses, italianos, mexicanos, ingleses… eso enriquece mucho el resultado.
—¿El tap sigue siendo ese arte “clásico” que muchos imaginan?
—Para nada. Claro que admiramos a los grandes como Fred Astaire o los Nicholas Brothers, pero el tap sigue evolucionando. Hoy se mezcla con hip hop, con jazz contemporáneo, con nuevas formas. Es un arte vivo.

—Entonces, ¿por qué no perdérselo?
—Porque no es solo ver baile. Es escuchar música hecha en vivo, es sentir el ritmo desde el cuerpo. Es una experiencia completa.
Y sí, como en “Footloose”, aquí también hay una invitación clara: todos a bailar. O al menos, a dejarse llevar por el ritmo.
PARA SABER
- Jueves 16 de abril | Función: 20:00 horas. Conjunto Santander de Artes Escénicas. Boletos: $100 pesos. Disponibles en taquilla y en:
https://www.conjuntosantander.com/
- Martes 14 y miércoles 15 de abril | Taller de tap (nivel avanzado/profesional) 16:00 a 19:00 horas. Sala 4, Conjunto Santander. Actividad gratuita, cupo limitado. Registro previo:
vinculacion@conjuntosantander.com
- Jueves 16 de abril | Charla “El sabor del tap”17:30 horas. Sala 4, Conjunto Santander. Entrada libre
- Más información en redes sociales de Cultura UDG y Conjunto Santander de Artes Escénicas