Comenzó el Festival Internacional de Cine en Guadalajara con todo su glamour y espectáculo. Ya pasó el desfile de figuras, estrellas y alfombra roja, pero lo verdaderamente importante es que ya empezamos a ver cine.

Dentro de esta edición se presentó Moscas, la nueva película de Fernando Eimbcke, cineasta que hace apenas dos meses obtuvo en Berlín el Premio del Jurado Ecuménico por esta obra. Eimbcke es recordado por Temporada de patos (2004), cinta con la que arrasó en el FICG de su momento y que hoy es ya un referente del cine mexicano contemporáneo. Curiosamente, también dirigió el emblemático video de Jumbo, Siento que, donde los integrantes de la banda cantan encerrados entre las puertas de un restaurante.
Moscas es una buena película, muy fiel al estilo de su director. Filmada en blanco y negro, se trata de una historia honesta, sensible y por momentos cruda. Sin duda, el niño Bastian Escobar, quien interpreta a Cristian, es el alma de la cinta. Tiene una frescura natural y una simpatía inmediata con la que resulta muy fácil conectar.
La madre de Cristian se encuentra internada en un hospital de la Ciudad de México. Sabemos desde el inicio que está enferma y que padre e hijo hacen todo lo posible por mantenerse cerca de ella. El niño no puede entrar al hospital, y vemos al padre debatirse entre la preocupación por la salud de su esposa, el dinero escaso y la responsabilidad de cuidar a su hijo de ocho años. Los vemos preparar sándwiches en la banqueta, improvisar soluciones y sostenerse como pueden, mientras descubrimos que la madre padece cáncer.
Paralelamente conocemos a Olga, una mujer que vive en un departamento frente al hospital. Lleva una vida gris, rutinaria, casi resignada. Desde el inicio la vemos lidiar con una mosca que entró a su casa, detalle aparentemente simple que funciona como símbolo de todo lo que la incomoda. Olga necesita hacerse un tratamiento en los pies y, como no le alcanza el dinero, decide rentar una habitación. El padre de Cristian toma el cuarto, aunque omite decirle que viaja acompañado de su hijo.

Con esa premisa queda trazado el camino para la convivencia entre Olga y Cristian. Y como no voy a arruinar la experiencia contando más, sólo diré esto: sucede la vida.
Cristian es un niño real, reconocible, de su tiempo: inquieto, simpático, preocupado por los videojuegos y con ganas de jugar aun en medio del caos. Su padre, en cambio, representa el esfuerzo silencioso de tantos hombres que tienen que resolverlo todo sin herramientas suficientes: hacer rendir el dinero, contener el miedo, cuidar al hijo y además lidiar con una casera complicada.
Tuvimos la oportunidad de saludar a Fernando Eimbcke antes de la gala, y quedó claro algo que a veces sucede con los artistas: la obra suele parecerse a quien la crea. Se le percibe como una persona amable, educada y generosa. Así son también sus películas: humanas, discretas, cercanas. Eimbcke observa a personajes comunes, personas atravesadas por circunstancias difíciles, y les da luz. Eso siempre se agradece.
Lo invito a ver Moscas cuando llegue a salas. Y si aún no ha visto Temporada de patos, también búsquela. Son películas valiosas, accesibles y profundamente humanas. No sería sorpresa que Moscas compita por los principales premios de este FICG 2026.
Apoye el buen cine mexicano. Vaya a verla. Hasta pronto.