
A finales de 1929 surgió el Código de Producción Cinematográfica, también conocido como el Código Hays que formalmente se comenzó a usar hasta 1934 porque no había una manera exitosa para garantizar que fuera aplicado correctamente. Se trata de una serie de reglas que creó el presidente de The Motion Picture Producers and Distributors of American (MPPDA) (ahora conocido como Motion Picture Association/MPA), William H. Hays, que buscaba conservar la moralidad en el cine para no corromper a los más jóvenes.
El editor Martin Quingley, un hombre muy conservador y el sacerdote jesuita Daniel. A Lord también estuvieron involucrados en la redacción del código. Pero fue la Administración del Código de Producción la que se encargaba de entregar (o no) el sello de aprobación que garantizaba que no existía ningún problema para su exhibición.
En un inicio las grandes productoras de Hollywood intentaron negarse a la imposición, sin embargo, como consecuencia de la vida extrema que adapto la gente en la década anterior a la creación del Código Hays, y que se traspasó a las estrellas de cine, lo que los llenó de un sinfín de rumores de fiestas clandestinas durante la Ley Secas y muertes trágicas, finalmente terminaron por seguir las normas y autorregular el contenido que proyectaban para evitar dañar aún más su imagen pública. Sin embargo, dejaron de tener miedo de las repercusiones y de tomarle tanta importancia más o menos cerca del año 1968.
Los temas que tuvieron que evitar coinciden con los que en años anteriores ya eran motivo de escandalo para mucha gente, pero que, a falta de una censura real, las producciones no le daban importancia. Los lineamientos dictaban que se debía evitar aspectos como por ejemplo la desnudez, el tráfico de armas, las relaciones interraciales y la perversión sexual. Asimismo, la intención de la MPPDA también era decir como se debían de representar alguno de estos temas en caso de que se tratara de un elemento indispensable para la película. Pongamos el uso de las armas que sólo era aceptado si no existía otra forma narrativa y la violencia o los crímenes podían formar parte de la historia siempre y cuando las imágenes no fueran explicitas. Las heridas y la sangre, incluso en cintas bélicas debían de ser mínima.
De igual manera, las escenas de pasión se convirtieron en pequeños gestos; los besos y los abrazos no podían incitar a la lujuria, igualmente sólo podían durar por unos segundos.
Otro tema al que se le prestaba mucha atención, era la religión, si la MPPDA consideraba que el contenido la ofendía, las escenas eran eliminadas. Las secuencias de partos reales tampoco pasaban la línea entre lo “correcto y lo incorrecto”.
El matrimonio debía de ser retratado bajo la idea de que la familia tradicional es una institución sagrada a la que hay que respetar, por lo que estaba prohibida cualquier justificación de las relacione fuera del matrimonio, el adulterio o la homosexualidad. La violencia o los crímenes podían formar parte de la historia siempre y cuando las imágenes no fueran explicitas y el uso de las armas sólo aplicaba cuando era indispensable.
En cuanto a la lucha del bien contra el mal, el primero siempre debía de triunfar, lo malo debía de forzosamente pasar por un castigo y no estaba prohibido representar situaciones o personajes que se movieran entre la neutralidad.
Las repercusiones para las productoras que tenían películas que no cumplían con el Código Hays y que saún así optaban por exhibirlas sin el certificado de aprobación, equivalía a una multa de 25,000 dólares. Por su parte, para quienes buscaban proyectar cintas que no contaran con el sello, se trataba de un intento prácticamente imposible debido a que los cines les cerraban las puertas.
Durante la época del Código Hays los cineastas se convirtieron en expertos para decir las cosas y llegar a las emociones sin ser explícitos; las escenas de relaciones sexuales eran cortadas antes de que pudiera pasar algo y la cámara se enfocaba en imágenes que aluden al acto como un tren entrando a un túnel. De igual modo, los diálogos eran escritos de tal manera que sólo los adultos entendieran el doble sentido de lo que las y los actores decían.
Una de las producciones más conocidas que pasó por un proceso de filmación y edición cuidadoso para poder ser estrenado, es Psycho de 1960 dirigida por Alfred Hitchcock. Con el objetivo de evitar mostrar un lenguaje explicito por medio de la desnudez o de las heridas que le provocan al personaje, la escena del asesinato en la regadera no muestra a detalle lo que sucede, en su lugar únicamente lo sugiere.
Para noviembre de 1968 se estableció un nuevo proceso de clasificación que se sigue usando hoy el día; el de la Motion Picture Association. Este grupo de reglas no busca censurar por completo una película, más bien divide en grupos a las películas con el fin de indicar cuales son apropiadas para cierto rango de edad de acuerdo a su contenido.