Cronomicón

Lo que antes funcionaba como identidad colectiva, hoy aparece como representación individual

La mutación de la oscuridad: el gótico en los tiempos del algoritmo

Día Mundial del Gótico

Cada 22 de mayo se celebra el Día Mundial del Gótico; un evento que nació en 2009 en Reino Unido junto a especiales de música en BBC Radio 6 Music y que, un año después, una publicación en MySpace del DJ Cruel Britannia ayudó a oficializar. Con el tiempo, la celebración trascendió fronteras y se replicó en México, Estados Unidos, Brasil y España mediante conciertos, reuniones y exposiciones vinculadas al universo gótico.

Ese espíritu sigue vivo, aunque de manera distinta. Comunidades digitales, playlists y moda alternativa continúan reinterpretando aquello que comenzó hace más de cuarenta años. “Lo oscuro” ya existía dentro de expresiones artísticas atravesadas por el misterio y el horror.

Desde la literatura gótica del siglo XVIII comenzaron a surgir personajes atormentados. Más adelante, el romanticismo y los relatos de horror profundizaron lo sobrenatural; escritores como Mary Shelley o Charles Baudelaire ayudaron a construir la idea de que la oscuridad no era algo negativo, sino una experiencia humana.

Con el tiempo, esa sensibilidad encontró un nuevo lenguaje en la música.

A finales de los años setenta, Reino Unido atravesaba desempleo, tensión política y desencanto juvenil. El punk había aparecido como una respuesta inmediata y agresiva frente al sistema, pero parte de esa generación comenzó a buscar otra forma de expresar el vacío emocional. Así surgió el postpunk —con un enfoque introspectivo y vanguardista— del que se desprendieron direcciones sonoras y estéticas como el synth pop, no wave y el goth rock.

Artistas como Bauhaus marcaron las bases del rock gótico con “Bela Lugosi’s Dead”, mientras Siouxsie and the Banshees llevó el dramatismo hacia terrenos más experimentales y The Cure transformó la melancolía en identidad. Esa primera etapa construyó gran parte del imaginario sonoro y visual que más tarde daría forma a una subcultura.

La subcultura surge cuando un grupo —generalmente de jóvenes— desarrolla códigos, actitudes e intereses compartidos alrededor de una identidad común. En el goth la música funcionó como punto de encuentro para personas que no se sentían representadas por las ideas impuestas socialmente.

Su imagen es reconocible: ropa negra, cuero, encaje, maquillaje dramático, cruces, peinados exagerados. Pero vestirse así nunca fue una cuestión superficial, la apariencia también comunicaba diferencia, incomodidad y una forma particular de mirar el mundo.

La fascinación por lo oscuro rompía con muchas normas relacionadas con el comportamiento y las emociones. Lo que normalmente debía ocultarse —la sensación de no encajar, la melancolía— encontró dentro de la escena una forma colectiva de expresión: se convirtió en identidad.

Para que estas comunidades existieran también necesitaban espacios físicos. Clubes como The Batcave ayudaron a consolidar la escena británica. En México, lugares como Tianguis Cultural del Chopo y distintos foros culturales permitieron que varias generaciones encontraran un sentido de pertenencia dentro de la escena oscura.

Con el tiempo, el sonido retomó elementos industriales, del metal y de la electrónica. Grupos como London After Midnight, Type O Negative o Lacrimosa —y proyectos como El Clan, Cenobita y Hocico— expandieron el estilo hacia públicos más amplios. Poco a poco, el gótico entró a la cultura popular.

Ahí la subcultura empezó a mutar. Muchos de sus símbolos dejaron de pertenecer exclusivamente al underground para integrarse a la moda, la publicidad y a las dinámicas digitales.

Dentro de las subculturas, el estilo funcionaba como un código compartido: la ropa, el maquillaje o ciertos objetos adquirían significados propios y ayudaban a crear colectividad. Sin embargo, conforme estos elementos comenzaron a circular masivamente, gran parte de ese sentido se fragmentó.

Lo oscuro y las referencias al horror aparecen constantemente dentro de redes sociales —el actual territorio de reunión— y campañas globales. Hoy lo gótico ha sido procesado como una imagen consumible, donde el algoritmo transformó símbolos de diferencia en tendencias virales.

Ahora este estilo puede aparecer como algo pasajero o siendo un filtro visual sin necesidad de pertenecer realmente a la subcultura. Bandas contemporáneas como Molchat Doma, Lebanon Hanover o Vacíos Cuerpos y French Police recuperan la esencia de la oscuridad, pero desde otro lugar.

Así el Día Mundial del Gótico sigue teniendo sentido. No porque permanezca intacto, sino porque permite observar cómo una escena nacida de la contracultura terminó absorbida por las dinámicas del consumo contemporáneo.

Lo que antes funcionaba como comunidad, hoy aparece muchas veces como representación individual. En ese sentido, el Día Mundial del Gótico también funciona como recordatorio de la historia cultural detrás de una escena que no desapareció, pero cuya permanencia cambió de significado.

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